Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces




Balanceábamos nuestras piernas fuera del balcón, chupando los restos de bombón en los dedos. Mi tía y su abuela conversaban tranquilas en las puertas de los apartamentos colindantes, aún nos quedaban unas horas de luz.

- ¿A qué jugamos hoy? – me preguntó.
- Al castillo de la princesa no se puede, ya ves la que formó tu abuela... todo porque ayer te tocó ser princesa y a mí príncipe encantador. No voy a ser siempre yo la princesa, es muy aburrido eso de estar en el castillo moviendo el pañuelo, esperando a que tú mates los dragones.
- Pudiéramos ser caballeros andantes y colocar una de tus muñecas para que haga de princesa. Claro, de todos modos tendríamos que gritar nosotros el “Auxilio, sálvenme”, porque una buena pelea tiene que tener quien grite pidiendo socorro.
- ¿Vamos a jugar al lago de los cisnes?
- ¿Y eso no es un ballet? – me miró preocupado – Lo digo, por mi abuela, ya sabes lo que piensa del ballet y los hombres.
- Tu abuela es machista.
- ¿Y eso qué es?
- Son las mujeres que no dejan desarrollarse a los hombres, desde que son niños le están poniendo muchos “no” en el camino. No hagas esto, que no es de hombres, no hagas aquello, que es cosa de niñas, no juegues a tal cosa, que te vuelves mariquita, no cocines que es cuestión de mujeres...
- Tienes razón, es muy machista. ¿Cómo es lo del lago?
- Más o menos como el ballet, pero con los personajes cambiados. Tú eres papá cisne y yo mamá cisne, le caemos atrás a la gata, que será el hechicero que quiere convertir nuestros cisnecitos en niños majaderos. Los cisnecitos serán los muñecos de peluche, que pesan poco, así si tenemos que huir podemos cargarlos y seguir volando.
- ¡Me encanta!

Pusimos en el viejo tocadiscos el disco de Tchaikovsky, nunca sonó mejor aquella melodía que con estos dos niños revoloteantes, corriendo tras una gata gris, protegiendo un oso, un elefante y un burrito. Sudábamos, hacíamos “puntas”, giros, ensayábamos saltos acrobáticos, movíamos las alas.

- ¡Renay! – nos paralizó el grito de la abuela, tan furiosa como no la recordaba desde el día que casi le damos candela a su casa jugando al espectáculo del hombre bala que habíamos admirado en el circo. Mi mejor amigo quedó congelado en el aire.
- ¿Qué diablos le has puesto a hacer ahora, demonio? – esta frase fue conmigo, jamás simpatizamos.
- No soy un demonio, soy un cisne – le respondí entre aleteos.
- Pues mira bien lo que te voy a decir, niñita: vuela todo lo que quieras, que yo a mi nieto me lo llevo para la casa, a hacer la tarea, antes de que me lo vuelvas amanerado.
Intentó tomarlo de la mano por la fuerza, pero él se rebeló, dándole un tirón, para correr a mi lado y susurrarme en el oído:
- No te preocupes, querida esposa... Papá Cisne tiene que ir a la laguna de al lado a cumplir una misión muy especial. Cuida de nuestros hijos, que yo vuelvo mañana.




 

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