Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
SU PRESENCIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Y SU RELACIÓN CON CUENCA Y OTRAS ÓRDENES MILITARES




I. DATOS HISTÓRICOS

templarios02Mucho se ha escrito y escribirá acerca de los Templarios, esos hombres imponentes, mitad monjes, mitad guerreros, que alcanzaron, en la Edad Media, un poder asombroso y absoluto, tanto en el ámbito religioso, como el económico, social o político. Son innumerables los enigmas que planean sobre la orden y su disolución. En la actualidad todo lo relacionado con el Temple y su caída en desgracia vuelve a fascinar y son incontables los ensayos, novelas o investigaciones que tienen como protagonistas a los templarios.

En 1115, un caballero francés llamado Hugo de Payers y su compañero flamenco Godofredo de Saint-Adhemar trazan el proyecto de fundar una orden monástica que custodie a los peregrinos en Tierra Santa. Evidentemente, como telón de fondo, encontramos las Cruzadas y el objetivo prioritario de rescatar Tierra Santa de los infieles. Al principio, nueve caballeros de origen francés juraron, ante el patriarca de Jerusalén, los votos de castidad, pobreza y obediencia. Se llamaron los pobres caballeros de Cristo. Junto a Godofredo de Bouillon y Hugo de Payers, que luego sería el Gran Maestre, los caballeros que en 1118 iniciaron la Orden fueron: Godofredo de Saint-Omer, Godofredo de Roval, Archimbaldo de Saint Amand, Godofredo de Visto, Andrés de Montbard, Fulco d`Angers, Payens de Montdidier y Hugo de Champagne.

El rey de Jerusalén, Balduino II les concedió los cuarteles en las mezquitas situadas sobre lo que había sido el Templo de Salomón, de ahí el término francés, “temple” que adoptaron definitivamente estos caballeros. Cabe advertir que no fue la única orden en Tierra Santa, podríamos hablar también de los Hospitalarios, en perpetua rivalidad con los Templarios; pero eso ya sería otra historia.

Como dice José Manuel González Cremona: “La idea –totalmente original- de consagrar la vida a Cristo, pero sin dejar de empuñar la espada, tenía forzosamente que entusiasmar a muchos caballeros, llenos de fe, pero también de ardor guerrero. Las primeras hazañas de los Pobres Caballeros no tardaron en ser conocidas en Europa, despertando admiración y deseos de ser emulados”.

templarios01Con el tiempo, Hugo de Payers pensó en ampliar esta orden y en 1127 regresó a Europa con unas cartas de recomendación de Balduino II. El proyecto fue acogido con entusiasmo por Bernardo de Claraval –San Bernardo-, el fundador del Císter, quien fue el principal valedor de la orden y el que redactó su regla y estatutos: “Ante todo la disciplina es constante y la obediencia respetada siempre, se va y se viene según la señal del que tiene autoridad; se anda vestido con lo que se le ha dado; no se intenta buscar en otra parte alimentos y vestimentas... Llevan lealmente una vida común, sobria y alegre; sin mujer ni hijos; nunca se los encuentra desocupados, ociosos, curiosos; entre ellos no se hace ninguna excepción: se honra al más valiente y no al más noble; se detestan los dados y el ajedrez, y la caza les produce horror; llevan el pelo cortado al ras, jamás peinado, raramente lavado, con el pelo descuidado e hirsuto; sucios de polvo, son la piel curtida por el calor y la cota de mallas... Este Caballero de Cristo es un cruzado permanente, comprometido en un doble combate: contra la carne y la sangre, y contra las potencias espirituales en los cielos” (citado por José Manuel Gonzáles Cremona).

Solicitaron, nueve años después de su fundación, el reconocimiento oficial de la Iglesia y para ello Esteban de Chartres redactó una norma que Hugo de Payers llevó personalmente al papa, Honorio II. Fue aprobada en el Concilio de Troyes el 14 de enero de 1128. A partir de aquí hasta su final, su influencia fue innegable; tanta que los reyes y príncipes cristianos protegieron esta orden con donativos y limosnas, con lo que fueron creciendo en toda Europa. Los verdaderos caballeros eran una minoría selecta. Su disciplina era militar. Sus filas las integraban capellanes, hermanos de oficio, sargentos, artesanos...El Gran Maestre era la autoridad suprema que sólo rendía cuentas ante el Papa. Bien dice Juan Eslava Galán que “La imagen del templario se hizo muy popular y querida en toda la Cristiandad. Ello se debió no sólo a su vida ejemplar, a sus buenas obras y a su carácter austero y laborioso, sino también, presumiblemente, al bizarro aspecto que le prestaba el uniforme: capa blanca, indicadora de reconciliación con Dios, los cabellos rapados al cero, la barba poblada. La cruz bermeja sobre el hombro derecho fue una concesión del papa Eugenio III, en 1147, para que “este signo triunfante les sirva de broquel y haga que jamás vuelvan la espalda a ningún infiel”. Como insignia de la orden y portador de la cruz, el manto templario era reverenciado hasta el punto de que se despojaban de él cuando tenían que cumplir una necesidad fisiológica. Esta cruz se marcaba también sobre el ganado, los carros y las otras posesiones de la orden” El pendón del Temple se dividía en dos colores, el blanco y el negro. Jesús Mestre recoge la posible simbología de estos colores, citando a Jacques de Vitry. Así se ve “en el blanco, que son francos y benevolentes con sus amigos, y en el negro, que son negros y terribles con sus enemigos: leones en la guerra, corderos en la paz”.

Su regla de vida se asemejaba a la cisterciense y se leía en un documento de 68 artículos.

Con el tiempo, Roberto de Craon, el sucesor de Hugo de Payens, consiguió en 1139 una bula en la que se concedía a los Templarios casi una independencia total a la hora de nombrar capellanes, fundar capillas, tener exenciones en los tributos. En fin, que era una institución tremendamente sólida. “El maestre es la autoridad suprema del Temple, quien vela por el cumplimiento de la disciplina. Los hermanos le deben obediencia. No obstante, no toma las decisiones solo y consulta a los dignatarios de la Orden en el capítulo general. El senescal lo sustituye en caso de ausencia. El mariscal dirige los ejércitos. El comendador de la tierra de Jerusalén es el tesorero. Al pañero se confía la intendencia. El comendador de la ciudad de Jerusalén organiza la defensa de las rutas de peregrinación. A estos dignatarios se añaden los comendadores de Trípoli, Antioquía y las provincias occidentales” (“Los Templarios”, 11).

En principio, el carácter de la Orden fue guerrero en Oriente y monacal en Occidente, excepto en la Península Ibérica con la Reconquista. Su célula base era la encomienda o priorato, que se agrupaba en bailías y éstas en casas regionales y éstas en provincias. Las nueve provincias occidentales del Temple fueron: Alemania, Hungría, Inglaterra, Irlanda, Francia, Auvernia, Italia, Portugal, Castilla, León, Aragón, Mallorca, Apulia y Sicilia. Vivían en encomiendas que solían comprender capilla, sala capitular, alojamientos (tipo cuartel), bodegas, sótanos, caballerizas y almacenes. Los caballeros procedían de la nobleza y eran asistidos por sargentos. Los hermanos de oficio eran los que llevaban a cabo las tareas materiales. Los caballeros, resulta obvio, hacían voto de pobreza, castidad y obediencia. Realizaban distintos ayunos y comían dos en la misma escudilla. Su equipo de campaña estaba formado por la montura, cota de malla, yelmo, calzado de hierro, escudo, lanza, maza, puñales y espada.

Los caballeros estaban sometidos a una rígida disciplina y podían sufrir sanciones muy graves. La peor era la pérdida de la casa o exclusión de la Orden. Los motivos podían ser diversos: simonía, huida, traición, cobardía, faltar al secreto del capítulo, asesinar a un cristiano, practicar la sodomía... También se podía perder el hábito por un año y un día y en este caso el hermano debía entrar en una orden dependiente de la regla de San Benito o San Agustín.

Los Templarios se significaron en todas las empresas militares de la época hasta que en 1291, con la caída de San Juan de Acre -o Arce-, el último bastión templario en Tierra Santa, su misión en Oriente quedaba cerrada y se orientaron hacia Occidente. Al ser expulsados de Palestina se retiraron a Chipre.

Los Templarios fueron grandes comerciantes, los primeros banqueros por así decirlo, que inventaron la letra de cambio. Su poder económico, pues, se hizo extraordinario. Los Papas y soberanos, como hemos dicho, apoyaron desde un principio al Temple y contribuyeron a su poder. Es más, cabe hablar de una costumbre de la época que era la de “donarse en vida”. El donado recibía muchos privilegios en vida y a su muerte era el Temple quien se quedaba con toda su hacienda. Cabe señalar un tipo de donación muy especial que se dio básicamente en la Península –y seguimos a Jesús Mestre-: “se reciben donaciones de territorios que aún se tienen que conquistar a los musulmanes. Se trata de unas donaciones especulativas, pero que a unos y a otros, reyes y Temple, les parecen francamente interesantes por su visión de futuro. Al estamento real, porque deja atados conquista y futuro asentamiento en “buenas manos, una buena colonización y una revalorización de las tierras”; a los Templarios, porque reciben mucho más que de cualquier donación hecha en tierra “cristiana”.

El Tesorero del Temple llegó a ser el asesor económico del rey de Francia. Tal era su poder económico que el rey francés Felipe IV, el Hermoso, asesorado por Nogaret, decidió hacerse con sus tesoros para favorecer su maltrecha economía real. Con distintas estratagemas y haciendo caso de bulos sin fundamento, el 14 de septiembre de 1307 se dictó la orden de arrestar y entregar a la Inquisición a todos los Templarios de Francia. Se les acusaba –siguiendo a Eslava Galán- de:

1. Que renegaban de Cristo y escupían sobre la cruz en la ceremonia de admisión en la orden.
2. Que en esta ceremonia se intercambiaban besos obscenos.
3. Que los sacerdotes de la orden omitían las palabras de la consagración cuando decían misa.
4.Que practicaban la sodomía.
5.Que adoraban ídolos.
6.Que se confesaban mutuamente y que el presidente del capítulo perdonaba los pecados.

Estos seis puntos, en la mayoría de las veces, son absurdos o están tergiversados. Parece ser, por ejemplo, que sí podrían haber escupido en la cruz, pero no lo hacían como escarnio, sino porque la cruz fue el objeto en el que murió Cristo y así la rechazaban.

El último Gran Maestre, Jacques de Molay, sobre el que se ha especulado mucho, no supo hacer frente a estos hechos. El Papa Clemente V convocó un Concilio en Vienne (1311) para decidir qué hacer con la orden.

El 18 de marzo de 1314 el Gran Maestre, junto con otros miembros de la orden, fueron quemados en la hoguera, en una isla del Sena. Molay emplazó a sus verdugos a morir al cabo de 40 días y, casualidad o no, Clemente V falleció al cabo de un mes; ocho meses más tarde moría Felipe IV y lo mismo Nogaret. El emplazamiento se había cumplido. Y este tema ha sido uno de los que más juego literario han dado.

Los misterios Templarios, a grandes rasgos, tienen que ver con el Arca de la Alianza (se dice que la custodiaron en Tierra Santa) o con el Santo Grial, incluso con el Bafumet, que sirvió para aumentar su misterio y también su leyenda negra.

(Continúa en el próximo número)





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep