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LA VOZ DEL TEATRO DEL ASTRACÁN

“¿Te haces cargo, di, amor mío?
¿Te haces cargo de mis males?
¿Ves ya por qué no sonrío?
¿Comprendes por qué este río 
brota de mis lagrimales?...”
Pedro Muñoz Seca

Pedro Muñoz Seca

Comediógrafo de indudable gracia, genial inventor de “astracanadas” y situaciones disparatadas. Muñoz Seca es la gracia disparatada que lograba el éxito alimentando a una sociedad que se regodeaba en su propia miseria moral.

Pedro Muñoz SecaPedro Muñoz Seca nace en El Puerto de Santa María el 20 de febrero de 1881. Estudia en el colegio de San Luis Gonzaga, de su ciudad natal. En ese centro docente, regido por la Compañía de Jesús, tiene como compañeros de curso a Fernando Villalón y a Juan Ramón Jiménez. Estudiante de Filosofía y de Derecho en la Universidad de Sevilla, se doctora en ambas materias en la Universidad de Madrid. En la capital de España ejerce de profesor en la “Academia Valdeavellano” y trabaja en el bufete de Antonio Maura, y, más tarde de funcionario por oposición en la Comisaría General de Seguros. Contrae matrimonio con Asunción Ariza y responde con unos versos al amigo que le hacía notar la escasa estatura de la novia: “No quiero engañar a usté / es tan chiquita Asunción, / que cuando estamos de pie / me llega hasta el corazón”. 

Aparte de sus colaboraciones en Blanco y Negro, Nuevo Mundo y La Ilustración, la auténtica vocación literaria de Muñoz Seca es el teatro. La rebelión militar de julio de 1936 le sorprende en Barcelona. El 26 de julio es detenido en una pensión de la calle “Lauria” y después trasladado a la Cárcel Modelo, de Madrid, de donde lo sacan, para ser fusilado, el 28 de noviembre, en Paracuellos de Jarama. Como a tantos otros españoles la vida le es truncada por la guerra.

La venganza de Don MendoMuñoz Seca cultiva una nueva modalidad cómica, basada en el chiste verbal o en el retruécano; una predilección por los llamados “frescos”, esto es, por individuos que van sin escrúpulo a su avío; un abuso en la acción, convencional o rudimentaria, del que se podría llamar “episodio narrativo”, esto es, de la historieta o sucedido chistoso, caracterizan este teatro, llamado del astracán, que alcanzó fortuna en los años de la primera guerra mundial y en los inmediatos. Entre todas sus obras se puede preferir una parodia del teatro poético, La venganza de Don Mendo, verdaderamente graciosa en sus despropósitos. Esta obra, estrenada el 20 de diciembre de 1918, en el teatro de la Comedia de Madrid, representa una bocanada de aire cómico en el ambiente cada vez más enrarecido del teatro histórico-poético.

El comediógrafo portuense gusta de la colaboración con otros autores. Los más frecuentes son Pedro Pérez Fernández, Enrique García Álvarez e incluso Azorín (El clamor). Entre la multitud de títulos de obras cómicas citamos: La frescura de Lafuente, El verdugo de Sevilla, Los cuatro robinsones, La tela, Anacleto se divorcia. Parodia también muy feliz en su primera parte, de una opereta, sin música es la obra Los extremeños se tocan. En contrapartida, frente a estas obras cómicas se pueden señalar otras que en lo cómico se mezcla con lo sentimental: La hija del rey Lear, Los chatos, El llanto, El chanchullo y El padre alcalde. De sus últimas obras, Díez-Canedo decía: “Su autor prefiere actualmente un tipo de comedia más adocenado del que se vale para defender sus ideas políticas ultraconservadoras”.

Dotado de una asombrosa fecundidad el comediógrafo portuense fue un copioso proveedor de los teatros madrileños, cuatro o cinco obras por temporada, y a veces más. Su humor es alegre, contagioso, con mucho de elementos ridículos, irónicos y, a veces, de sátira despiadada. 

Y como dijo el autor portuense: “La vía es un mal asunto, / porque a lo mejó te acuestas / y te levantas difunto”.





 

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