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Ensayo
XXI
Al no poder recrear firmamentos
en los difusos recodos de tu mirada
uno tras otro llegaron los inviernos
segando poesías.
La casa quedó vacía,
pálidas paredes de olvido,
pero aún conservo en mi boca
el sabor del beso postrero
enredado en la madreselva
de tu pelo.
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