Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Ustedes, seguro que como yo, han visto las fotos y las secuencias de algunos actos y bailongos de la Vicepresidenta del Gobierno de la Nación Española en su periplo africano para estar junto a las mujeres de aquellas tierras, abandonadas del dios que les haya correspondido, y celebrar con bailes y chirigotas el día universal de la mujer trabajadora aprovechando que en su chequera portaba las ayudas que, en nuestro nombre, el Gobierno español otorgaba generosamente a los pueblos hambrientos del continente africano.

Si patéticas son las imágenes que nos han mostrado del tan -por sus fines- honorable viaje, indigno ha sido el hecho en sí y la puesta en escena.

Se dice que el coste del caritativo viaje ha sido superior, con creces, a la ayuda portada por la señora De La Vega, y yo me acuerdo de las famosas langostinadas que las malas lenguas, casi siempre bien informadas, afirmaban que engullían, con el dinero de otros, nuestros dirigentes socialistas cuando, por primera vez, alcanzaron a disponer del gobierno de la Nación.

Maravillosos han de ser los recuerdos que esa señora de aspecto enfermizo se traiga de allí. Magníficas las fotos de las puestas de sol, que yo he tenido el privilegio de presenciar. Espléndidos, por su colorido y valor artesano, los collares que podrá volver a lucir en las escalinatas de la Moncloa cuando de nuevo pose para alguna revista de moda. Pero seguro que no podrá traer ni en el recuerdo, ni en la memoria de su cámara digital de última generación, la cara de aquellas felices mujeres trabajadoras del campo y del anacardo mostrando rictus de sorpresa, de envidia y sobre todo de odio. No podrá ver, nunca jamás, esas caras, porque nunca les dijo que, mientras ellas, allí en las sabanas africanas, por algo así como cincuenta céntimos de euro al día, se desloman para recolectar, limpiar y clasificar los anacardos que la señora Vicepresidenta del Gobierno español degusta en compañía de algún destilado a la hora del aperitivo, aquí se perciben salarios que no se atrevió citar. Y no es que lo de aquí sea exagerado, no me atrevo a decirlo, sino que es una indignidad bailar y reír, y aceptar regalos de quien apenas, incluso en la celebración del día universal de la mujer trabajadora, tuvo para llevarse a la boca la masa pastosa de maíz de todos los días.

Pero la ley de igualdad obliga a hacer esas cosas y es eso, una ley para la igualdad y el cupo, pues también. Por tanto, espero que el cupo se aplique a rajatabla (pobre mundo nuestro) en puestos de trabajo y en consejos de administración, en puestos políticos y en cualquier parcela de la vida en la que sea posible (ahora obligatorio) implantar la fácil ecuación: un hombre = una mujer.

Pero, ¡aja! ¿Rectificará el señor Rodríguez Zapatero y ordenará que el cupo se cumpla, inexcusablemente, también en los matrimonios? Ya saben a qué me refiero.



 



 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep