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Miguel Ángel Ontanaya
Alcalá de Henares

 


                     Exilio




La vid,
regada de sudor estéril
yace muerta...
La tierra no ata,
las lágrimas de la frente no florecen
esas cenizas de tus muertos seculares.
La madre amenaza de muerte,
desespera el verdor,
el vino agraza,
y el pan es seco abrojo en la garganta.

Huyes
del 
cotidiano 
infierno; 
allí el tiempo se detuvo periclitado en su mismo sueño.

Buscas el futuro, el paraíso esplendente
de engranajes y luces 
donde se destruyen candiles agónicos
y se consume la presencia. 
La siembra domesticada es el paisaje
que mira el hijo, 
dormido tras el trayecto de esperanza
en Pegasos que no vuelan. 
Las velas de los difuntos arden 
como lenguas insepultas; 

avisan 
exilios, 
desarraigos.

 




 


 

Dep- Legal: CA - 731-95
ISSN 1135 - 7541

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