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Rincón de la Poesía

Rosa Andrés González Castro
Martorell (Barcelona)



  


 


IN GOD WE TRUST



CALLE 72

Imagina pagar el alquiler
en el Dakota Building.
Imagina a un portero con librea.
Imagina las vistas
del 6º a Central Park
que tuvo aquel que dijo
bajo potente luz de focos:
“Haz el amor y no la guerra”.
Imagina al latino
de El Barrio en el Dakota,
que viene a repartir pizzas en bicicleta
o friega la escalera.
O al negro que lloraba en el oficio
del Monte Nebo, en Harlem
-antes de consolarse con el canto
angélico del coro-,
llevando hasta el vestíbulo
en un taxi amarillo submarino
a un melenudo de redondas gafas 
que también se desplaza en limusina.
Radiaban el Imagine,
su “I hope someday you’ll join us”,
después del 9/11,
veintiún años después.
“Ojalá que algún día
te unas a nosotros”.
Pero no en el Dakota,
no os uniréis a él en el Dakota,
donde todo es posible según Bernstein,
donde la sombra de Lauren Bacall
se viste primorosa para un cóctel.
Yo he leído El guardián entre el centeno.
Me pareció mediocre. Mejor dicho:
lo bastante mediocre como para
que tantos la confundan
con una obra maestra.
En fin, que cada cual busque su gloria
en el estercolero que prefiera.
Pero esto es después.
Imagina (decíamos ayer)
un fresal encarnado
como cinco balazos calibre 38
florecer en la nieve de diciembre
junto a una limusina blanca
en el corazón verde de Manhattan.

Strawberry Hills forever.

El catcher lo ha atrapado en pleno lunes.
¿Cómo? Si aquella misma tarde había
aquel estrafalario
dado la mano a Sean,
a quien la nanny lleva de paseo
como otros tantos empleados llevan
de paseo a los perros estresados
que visitan psicólogos caninos.

I didn’t mean to hurt you.
I’m sorry that I made you cry.

“Que no lo sepa el niño por la radio”
pidió a los medios la administradora
de la fortuna personal del músico.

Al pie del edificio,
como una nube espesa de luciérnagas,
coreaba el gentío
And I’ll send all my loving...,
luego pasto de rumba y olimpiadas.

Se diría después:
“¿Tú que hacías la noche de la muerte de Lennon?”.
Como dijeron antes:
“¿Tú que hacías la tarde de la muerte de Kennedy?”.
Como se habría luego de decir:
“¿Tú qué hacías el once de septiembre?”.

Y cada vez pensamos, cada uno en su lengua:
All we are saying is give peace a chance!
Give peace a chance!


¿El Guardián? Todo el mundo debería
leérselo una vez.
Yo diría que Caulfield
encarna una actitud adolescente
de rebeldía que muy bien pudiéramos
aplicar al conjunto
de la masa social americana.

Una oportunidad para la paz.
Una oportunidad por un autógrafo.
Una oportunidad para la fama
a través de un exbeatle
más conocido aún que Jesucristo.

Ahora, Chapman, tranquilízate.
Céntrate en la lectura de unas páginas
mientras que llega y no la policía.
Quizá John sí que pueda desde el cielo,
mejor que desde el 6º,
decirle a Holden dónde van los patos
de Central Park en el invierno crudo.






 

Del poemario "Retablo de Nueva York"
(ganador en el X Certamen Universitario
de la Universidad de Sevilla)





(Ver Curriculum del autor)








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