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De príncipes y
princesas
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Prosa/Narrativa |
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EDUCACIÓN PARA LA VIDA
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por Marié Rojas Tamayo (Cuba) |
Sarah esta en pleno romance con Anthony, su amigo del alma, compañero de aula y de juegos. Todos los días dibuja una pareja de niños tomados de la mano, rodeados de corazones, estrellas y caritas felices; abajo, con su letra torpe de seis años, pone los dos nombres y algún lema como "felices por siempre", "juntos para toda la eternidad", "somos novios contentos", o algo por el estilo, me tiene el refrigerador lleno de estos dibujitos, que pega con los imanes de su pizarrita magnética. ¡Sí que le ha dado fuerte! Me hace recordar mis amores de primer grado, cuando ser novios no pasaba de enviarnos papelitos por debajo del asiento y compartir la merienda debajo de un árbol, a la hora del receso, era toda una ceremonia clandestina.
Pero hoy las cosas van un poco más adelantadas, acabo de escuchar este diálogo entre Sarah y su abuela Ana, mi madre, quien se encuentra de visita y le está repasando la lectura.
Hay una frase en el libro que dice: Ana tiene pena. Sarah la lee lentamente, se vuelve, la mira y le
pregunta:
-
Abuelita, y de verdad tú tienes pena?
-
Claro -responde mi madre-, tú también tienes pena a veces, ¿o no?
-
¡Por supuesto que no! -exclama Sarah rápidamente para sorpresa mía y de la
abuela-. Pena tiene Anthony.
-
¿Por que Anthony y no tú? -la interroga de nuevo mi madre.
-
Abuelita -le explica con paciencia mi sexóloga en ciernes-, "pena" es esa cosita que tienen los varones entre las
piernas.
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