Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Hola, amigas y amigos en la distancia, pero presentes en mi corazón siempre. Vuelvo a acercarme a todos vosotros y al calor entrañable de "Arena y Cal" y a la generosa permisividad de Alfonso Estudillo. Hola, vuelvo a decir a todos, como saludo renovado que se ha hecho esperar mucho, mucho, demasiado para lo que yo hubiera deseado y querido.

Pero que no engañe a nadie el título de este nuevo articulillo mío, porque no me voy, sino que vuelvo.

Veréis. Todo esto viene a cuento de un pequeño comentario que quiero hacer sobre una expresión cotidiana, general y excluyente, que estoy escuchando (y debería decir, mejor, sufriendo) en los últimos tiempos y hace ya varios años.

Antes, decíamos al despedirnos de alguien, unos y otros, simplemente: ¡ADIÓS! Y estaba muy bien esa fórmula de despedida, pues nada temporal hacíamos constar acerca de nuevos encuentros.

Hoy no es así, en absoluto. Hasta tal extremo ha llegado la cosa que el adiós de antaño ha sido totalmente sustituido por un hasta luego que me llena de estupor. Y me explico.

Entro en un establecimiento, hallado al azar, y pregunto por lo que busco. Me atienden amablemente y me sirven rápido y bien. Pago, doy las gracias y, al abandonar el local, digo ¡ADIÓS! La respuesta es un HASTA LUEGO. Y es la cuestión que pienso que ya no voy a volver y entrar allí jamás, por lo que ese luego se convierte en un hasta nunca.

Otro ejemplo. Éste tan sorprendente que me dejó del todo anonadado. Aprovechando un viaje de excursión con una sociedad vecinal visité, nuevamente, Santander y parte de esa maravillosa y querida comunidad de Cantabria. Recordé así mi viaje de 1957 (¡nada menos!) cuando estuve en la universidad Menéndez y Pelayo, en un curso radiofónico para profesores de institutos (entonces era yo de Lengua y Literatura en Algemesí, Valencia). Eran más de cuarenta años de ausencia, pues mi nueva visita sucedía en el 2003, es decir casi medio siglo. Bien. Paseando, paseando, cerca de la famosa plaza porticada, donde se hacen sus no menos famosos festivales de verano, se encuentra la calle de San Francisco. En ella, concretamente en el número 24, se halla "Martpiel's", una estupenda y atrayente tienda de buenos géneros y novedades. Allí me quedé entusiasmado con una cazadora de finísima piel, apta para llevar como prenda de entretiempo, que se ofrecía, además, con un descuento de casi el cincuenta por ciento. No tuve la menor vacilación, entramos mi esposa y yo... y la compré.

Todo perfecto. Conversación grata, muy amable. Pago y despedida, luego de aseverar que quizá no volvería ya por Santander. Y mazazo final.

Cuando me despedí con un nostálgico adiós, la simpática empleada que nos había atendido lo hizo con un rimbombante ¡HASTA LUEGO! ¿Incomprensible, verdad? Pues así fue la cosa.

Y así está actualmente la situación. Yo siempre digo (y, como el del anuncio, fuerte y claro) ADIÓS. Y todos, unos y otros, me responden con el consabido y más que problemático HASTA LUEGO.

Si yo he comenzado así mi escrito es porque, de verdad, voy a seguir nuevamente la andadura de estas "Reflexiones irreflexivas".






 

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