Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
-Papá, no tengo sueño, cuéntame un cuento.
-Está bien, pero luego apago la luz y te duermes. ¿Cuál quieres que te cuente?
-Me gusta el de ese país extraño.
-¿De verdad te gusta? Es muy feo.
-Bueno, no es que me guste, pero está muy bien inventado.
-Sí, hijo, es de una gran imaginación. Escucha:

Érase una vez un país en el que sus ciudadanos, después de varios decenios de paz y convivencia, de olvidar antiguas guerras fraticidas, de prepararse, con ahínco, un futuro mejor y repleto de prosperidad, se vieron, de la noche a la mañana, y merced a terribles acontecimientos que llenaron de muertes una ciudad, y de luto los corazones, se vieron, como decía, gobernados por un ser oscuro y falto del buen criterio necesario para gobernar.

Ese sujeto, Presidente, al fin, de la Nación en cuestión, representó, desde su elección, el más grande interrogante de la historia de ese pueblo.

Poco se sabía de su pasado, y lo que de él se iba conociendo no parecía un bagaje demasiado meritorio. Se sabía que en su tierra natal se había valido de toda clase de artimañas para medrar sin causa. Se sabía, eso sí, que despreció a una bandera, la que representaba en un acto oficial al país más poderoso del mundo, trayendo con su actitud algunas “desgracias” para sus administrados.

Se supo, después, que era el genio del desgobierno, artífice de la partición, forjador de odios, promotor de la mentira y virtuoso del desprecio. Daba y daba sin pensar, prometía sin calibrar y cumplía su palabra dada por el mero hecho de haberla dado.

Despreció millones de firmas, pero, a otros, por un puñado, los elevó al rango de matrimonio, y estos, para celebrarlo, año tras año se manifestaban en las calles luciendo sus impúdicas desnudeces.

Aceptó los abrazos de la muerte sintiendo las pistolas en la sobaquera de los terroristas que tanto le amaban y, a cambio de una tétrica mirada, convino en entregar libertades y territorios.

Quiso marginar y eliminar a sus opositores, como vio que se hacía en caducas dictaduras de otro continente.

Quiso silenciar asociaciones y fragmentar a las gentes, compensó a sus afines con prebendas económicas y trasladó oficinas estatales y centros de decisión a periféricas regiones en vías de independencia.

Retiró crucifijos, y al rosario universal llamó collar. Subvencionó al Islam y ofendió al catolicismo tratando a Su Santidad el Papa como años antes había tratado a la bandera americana.

Saltóse las Leyes y las reglas de juego en cada una de sus decisiones y calificó de “comparecencia en sede parlamentaria” a sus arengas de pasillo.

Cambió mártires por terroristas, y millones de sus gobernados se echaban a la calle con cierta periodicidad para llamarle traidor.
 
-Papá, me gusta como me lo cuentas, pero se nota que no es una historia de verdad. ¿Cómo acaba?
-Nadie lo sabe, hijo, seguramente, el país, desapareció.



 



 

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