Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Se fueron julio y agosto, se terminaron las vacaciones (para los currantes, claro), se acabaron las estancias en las largas y doradas playas del Sur atlántico, en las cálidas y superpobladas costas mediterráneas o en las más tranquilas y recoletas del litoral cantábrico. Se terminaron (para los más pudientes) los viajes a los paraísos del Caribe, al misterioso Egipto de las pirámides o a las siempre sorprendentes islas de los mares Jónico y Egeo. También a nuestros amados políticos se les acabaron sus largos y continuados viajes "de trabajo" a la China de las Murallas, a las Rusias de los zares y a los otros muchos y lejanos países de las maravillas (aunque éstos, como es habitual, ampliarán el estiaje con el veranillo del membrillo para darse un garbeo por las laderas del Tíbet o los fiordos noruegos).

Un balance, así a vuelapluma, de lo acaecido durante estos meses de estío nos lleva a la conclusión de que el mundo sigue dando vueltas alrededor de su eje sin inmutarse lo más mínimo, justo igual como cuando Moisés, llamado por el de arriba, se subió a lo más alto del monte Sinaí y recogió las tablillas con esos diez mandamientos de la ley divina que, a la vista de cómo está el patio, todo el mundo se pasa por el forro de las calzonas. Y tan igual de bestia -con tablillas y sin ellas- que cuando Caín le arreó el leñazo con la quijada del asno a su hermano Abel porque el de arriba prefería las chuletitas de cordero recién degollado de éste a las berzas de tagarninas que él le ofrecía (según unos historiadores, ...o porque no le prestaba el mando de la Playstation, según otros).

Lo cierto es que todo sigue igual. La expresión "La maté porque era mía" ha sido repetida hasta 54 veces en lo que va de año por hombres que, cansados de los ronquidos de la parienta, de los malos modos porque los euros no le alcanzaban para comprarse los zapatos de rebaja en el mercadillo, o porque le amargaba la vida y no entendía que él era el más razonable, el más justo, el más trabajador, el más de todo, y etc., etc., se le fue la mano, y se le fue la cabeza, y se les fueron los recuerdos de que aquella mujer era la misma de tantos días y noches de placer, de tantos sueños compartidos, la que llevó la sangre de su sangre en sus entrañas y parió con dolor a sus hijos, la misma que se desveló por él y estuvo a su lado día y noche junto a la cama del hospital cuando lo del hígado, lo del infarto, lo del accidente, la misma que le lavó calzoncillos y calcetines durante tantos años, la misma de aquella fotografía que guardaba en la cartera de cuando tenía veinte años y le dijo que sí, que para siempre, a los pies de un altar... Terrible locura, terrible inconsciencia, terrible razón de la sinrazón la que se apodera de un hombre cuando empuña un arma y mata sin piedad a la mujer, su mujer, a la persona que, sin duda alguna, más quiso...

En lo político, todo igual. A nivel nacional, el señor Zapatero que dice que sí y el señor Rajoy que dice que no; el primero, que todo es verdad, y el segundo que todo es mentira, etc., etc. O sea, lo normal en estos sabios y juiciosos prohombres (¿Imaginan si el que está arriba les conservara la memoria más de cuatro años...?). Y mientras nuestros sensatos y mesurados prohombres hacen su juego para convencernos de que llevan razón y que les votemos en las próximas, las pateras y cayucos siguen llegando a nuestras costas cargadas de personas que huyen de las hambres y miserias que mantenemos ahí al lado, a casi un tiro de piedra, ahí enfrente y a sólo unos pocos kilómetros mirando desde este lado del charco. Esto, que parece que no tiene solución, como Vdes. saben, la tendría con sólo revolver unas cuantas conciencias.

Y en las otras partes del mundo, la más terrible, esa masacre diaria de hombres que se matan entre ellos en las distintas zonas del próximo y medio Oriente. Su, también, aparentemente imposible solución, vendría con esclarecer e iluminar muchas conciencias. Pero, para ello, quizás haría falta que el de arriba, el de los mil nombres, reuniera a los pies del monte Sinaí a todos los creyentes y, mostrándoles a Moisés, a Cristo y a Mahoma, les dijera que los tres son la misma persona, el mismo espíritu de su único hijo muy amado que les trasmitió unas mismas enseñanzas: "Amaos los unos a los otros". Pero, mucho me temo que tendría que alzar la voz para, sabiendo como somos los hombres, aseverar antes de volver a las moradas celestiales: "Os he dado este paraíso, os he dado la vida, y conciencia y juicio para que hagáis vuestra voluntad sobre todas las cosas de la tierra. Hacedlo, haced cuanto queráis, pero no os sigáis matando en mi nombre."

Y, para terminar, mientras escribo estos torcidos renglones, recuerdo que hoy, día 11 de septiembre, se cumplen cinco años de aquella fatídica jornada que llenó de luto al pueblo norteamericano y a muchos millones de ciudadanos del resto del mundo. Sólo puedo decir, sabedor de que esta otra y no menos terrible tragedia tiene un mismo origen que lo expuesto en el párrafo precedente, lo dicho en el mismo, añadiendo que el Dios de todos los hombre debió aparecer por el Sinaí unas fechas antes de que Mohamed Atta y Marwan al Shehhi y sus secuaces estrellaran sus aviones contra los edificios del World Trade Center para ocasionar el más pavoroso espectáculo que jamás haya sido mostrado al mundo por televisión. Estos pobres hombres no querían matar al gigante Goliat, no querían matar a Norteamérica, sino a todos los que vivimos equivocados, a todos los infieles, a todos los que, perversos ignorantes, no queremos ver y entender que no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta.

Se acaba el verano. Se acabaron las vacaciones, y el mundo, los hombres, seguimos igual...






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep


Aviso legal | Política de privacidad | Condiciones del servicio | Home