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En la cóncava dureza de la piedra
creamos
una obra
inmensa
preñada
de metal,
madera,
barro
y viento.
En el espacio accidental (la lata),
en la poética del silencio y del útero hueco,
hombres de tierra germinal
reviven la tentación de fulminar al centinela,
piden al de la cruz “pone custodiam ori meo”,
llenan la vida hueco,
elevan la materia,
dan luz al primer verbo.
Tú – amigo – construyes el espacio
juegas con el maestro de vacíos,
yo balbuceo palabras que debieran estar
alumbradas
de silencios.
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