Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2006 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Después de que se publicaran Nueve novísimos poetas españoles de J. M. Castellet y Joven poesía española de C. G. Moral y R. M. Pereda en la editorial Cátedra, parecía que no iba a quedar resquicio alguno para la poesía de compromiso pasada por el tamiz lírico del poeta. 

Vanguardia experimental, venecianismo, culturalismo, clasicismo y neobarroquismo estallaron como nuevas alternativas líricas despojadas de la intención de que la poesía fuese “un arma cargada de futuro”. Se filiaba, pues, la poesía de contenidos rehumanizados con la poética de la primera generación de posguerra, e incluso con gran parte de la segunda. Si a esto le añadimos aquella afirmación del Jorge Meneses de Antonio Machado, dicha casi a modo de sentencia, de que muy pronto el poeta tendría que enfundar su lira, entonces nos encontramos en una situación poco favorable para expresar los sentimientos, aunque éstos sean, como en el caso del libro que ahora nos ocupa, manifestación de un sentir, por supuesto nada romántico, sino próximo a una épica en la que el poeta se nos presenta como un testigo de su tiempo.

En efecto. El título -Versos de transgresión y memoria, de Manuel Pérez-Casaux, dividido en tres brevículos:”Estirpe nuestra”, “Ni Hobbes ni Locke nacieron en España” y “De entre tantas memorias, ésta mía”- se nos ofrece como una confesión del poeta, pero irremediablemente vinculado a su entorno histórico y geográfico. Como en voz baja, el poeta nos señala, nos advierte como una velada denuncia ciertos males que afligen a la estirpe nuestra (“y en paredes de niebla leyendo voy los nombres/de aquellos que han huido por veredas sombrías/con morrales de penas sobre el hombro…”/ Decid por cuánto tiempo pensáis repartiros/la quebrada heredad de Celtibería…/Sopesad con paciencia esta parcela/ en que todos unimos nos sentimos/donde el viento y la lluvia razón de amor nos dieron/y el placer de sus noches o su rumor tranquilo…”
La preocupación del poeta por su contorno es bien evidente y ello no es intercambiable por una melodía evasionista (“Dejad que me refiera a mi país/a su fascinación y desvarío./ La Historia ya está escrita/y cambiarla por otra nadie puede./Porque fuimos insólitos y oscuros…” 

¿Es fatalista el poeta? Sería un fatalismo que roza la ironía (“Mas quizá fue tan alta la victoria que ni rubor nos dio/haber sido tan grandes…” Sin aspavientos patrióticos, en el fondo del libro late una preocupación por la tierra nutricia a la que estamos unidos por el cordón umbilical de la lengua y la historia en una época difícil en la que nos amenaza la fragmentación y en ciertos lugares de la anatomía nacional ese cordón tiembla (“Seguiremos en pie oh tierra madre/con los brazos abiertos mas con la lengua hundida/sin poder pronunciarte….” El poeta se siente registro de agravios y carencias en lo concerniente al presupuesto nacional de valores (“No pudo haber nacido entre nosotros un libre pensador/ y arrancarnos del toro del tormento oh la feligresía a quien rezara/con sus mozos de cuerda y oculto el alzacuello/ jerarcas de la patria que hacía rogativas para que no lloviesen/ más pecados/ y a un hobbes pintaban en los púlpitos/ que besaba/ masónicos compases…”

Pero, a pesar de que no tuvimos un Hobbes ni un Locke, el poeta vuelve los ojos a su memoria, entre otras tantas memorias que se le han pegado circunstancialmente. ¿Resignación o amor ineludible a la patria de la infancia que cantara Rilke? Posiblemente sean las dos cosas (“Niñez del oruzuz tan áspero y humilde/y manos talladoras de la espiga/del asombro del río y de la siembra…”/ “Memoria simplemente de otros días/ tan llenos de inocencia y comuniones…/ Sin embargo, lejos de acomodarse a la evocación, el poeta recibe el pasado no sin una suave crítica (“recordaré los vértigos de imperio/con el viento que viene de castilla…”

Como en otros poemarios de Pérez-Casaux, todos ellos galardonados, es característica la distribución versal y una temática que no renuncia a la llamada poesía de la nueva experiencia, pero en su caso con unas raíces entre lo emotivo y lo crítico, Versos de transgresión y memoria, es, sin duda, un acierto de la decisión del jurado del XIII Premio Nacional de Poesía “Mario López” de Bujalance 2005, como una enseña de valores poéticos que no tienen por qué renunciar a la poesía inmergida “en las mesmas aguas de la vida”, en expresión de santa Teresa, según el mismo Antonio Machado, que se defendió de una poesía destemporalizada ( “ni soy un ave de esas del nuevo gay trinar”), ante la que esta obra de Manuel Pérez-Casaux sería un buen espécimen combativo.






 

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