|
|
De príncipes y
princesas
|
Prosa/Narrativa |
|
TAMPOCO HAY QUE EXAGERAR
|
|
por Marié Rojas Tamayo (Cuba) |

Nos visitaba una amiga de la familia que vive en el extranjero y, como de costumbre, le preguntamos por su hija de siete, sabemos que tiene una vocecita muy afinada y que estaba dando clases de canto.
- Silvita está muy bien –nos comentó-, pero ya no
sólo está en canto, ahora comparte su tiempo libre con estudios de francés, inglés, violonchelo, nado sincronizado y ajedrez.
No hicimos ningún comentario, aunque intercambiamos miradas de preocupación. Mi hija la miró con aire abatido.
- ¡Pobrecita niña! ¿Y le queda alguna hora para jugar?
- Es una niña de alto rendimiento, y eso hay que aprovecharlo - respondió orgullosa la madre.
Por suerte Sarah volvió a su libro de colorear y se ahorró las acotaciones mientras duró la visita. Pero, al partir nuestra amiga, se me acercó.
- Mamita... ¿yo soy de alto rendimiento?
- No, mi amor lindo, eres una niñita muy normal.
Tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos.
- Júrame, pero júrame, ¡que nunca voy a padecer de esa enfermedad!
**********