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Dos exponentes métricos muy recurridos son el romance como estrofa tradicional y el soneto como composición empleada en todas las épocas, a partir del Renacimiento.

Con el modernismo se pone de moda el verso alejandrino, formado por dos hemistiquios de siete sílabas. Se abre paso y se convierte en el metro más empleado desde entonces. El romance es un buen ejercicio de aprendizaje, como el alejandrino en el arte mayor. Ambos tienen sobre el endecasílabo esa ventaja de ser más pegadizos al oído.

Río Duero, río Duero, 
nadie a acompañarte baja: 
nadie se detiene a oír 
tu eterna estrofa de agua. 
Indiferente o cobarde, 
la ciudad vuelve la espalda. 
No quiere ver en tu espejo 
su muralla desdentada. 
Tú, viejo Duero, sonríes 
entre tus barbas de plata, 
moliendo con tus romances 
las cosechas mal logradas. 
Y entre los santos de piedra 
y los álamos de magia 
pasas llevando en tus ondas 
palabras de amor, palabras. 
Quién pudiera, como tú, 
a la vez quieto y en marcha, 
cantar siempre el mismo verso, 
pero con distinta agua. 
Río Duero, río Duero, 
nadie a estar contigo baja, 
ya nadie quiere atender 
tu eterna estrofa olvidada, 
sino los enamorados 
que preguntan por sus almas 
y siembran en tus espumas 
palabras de amor, palabras.

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

La intención de citar estas dos formas métricas es la de contraponer dos maneras de manifestar el pensamiento en carriles versales. Por una parte, la estructura cerrada o semicerrada del romance, aunque éste sea una estrofa de números indeterminados de versos. Por otra, los versos alejandrinos, ya sean cuartetos o serventesios, porque su longitud da más juego y alcanzan esos versos un aire de libertad grata al autor si no riman, como en el caso de este fragmento de Pablo Neruda. Las formas métricas rigurosas tienen su cometido: alarde virtuosista, evocación de la época o de un autor determinado o bien el gusto por encerrar en ellas un pensamiento mínimo para aceptar el reto de la ejecutoria clásica.

Hoy, un poeta que tenga un dominio del lenguaje poético actual -libre de tópicos y frases más o menos manidas-, tendría éxito poniendo al día esas formas tradicionales, haciendo gala a su vez de una capacidad de síntesis admirable. Clásico por la forma y moderno por el lenguaje. El mármol podría hacerse eterno con la palabra en el tiempo.

No sabemos lo que diría don Antonio Machado.






 

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