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Curiosidades - Ciencia y Salud
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Divulgación |
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LA
ARTRITIS REUMATOIDE (y 4)
Su evolución contada
por el propio paciente
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por
Alfonso Estudillo |
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http://www.islabahia.com/AlfonsoE
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Durante
casi tres años no aparecí para nada por la consulta de Reumatología,
pero, hacia finales del 2000, instigado por mi médico de cabecera, Dr.
Martín Almeida (al que
tenía que ver con frecuencia para que me recetara los corticoides),
que, profesional serio y responsable, me hizo ver que mi actitud de no
continuar el seguimiento de mi enfermedad por los especialistas ni
tomar los medicamentos que me prescribían era para él una gran
responsabilidad, me vi obligado a volver por la consulta.
No sé
qué impresión le causaría mi aspecto al reumatólogo (por cierto,
viejo conocido desde mis primeras visitas), pero debió verme muy mal,
porque, en lugar de
seguir el procedimiento habitual de cambiarme los medicamentos por
otros, me mandó hacerme un chequeo y analítica general, chequeo que
comprendía un hemograma completo (Medicina Nuclear incluida), análisis de orina, radiografías de manos, pies, pecho,
abdomen, etc., ecografía abdominal y pruebas de densitometría ósea.
Sorprendentemente, los resultados fueron favorables, salvo una ligera
poliglobulia (que el hematólogo diagnosticó como "probablemente
secundaria a tabaquismo").
Así,
pues, no sólo continuaba vivo sino que, aparentemente, los varios
años que me llevé tomando a diario los diversos potingues prescritos no me habían causado lesiones
en el páncreas, hígado, estómago, etc. Incluso, hasta la persona
encargada de hacerme la densitometría ósea me la tuvo que repetir
porque no se creía aquellos resultados tras siete años tomando
corticoides. Tampoco se apreciaba que la enfermedad me hubiese
producido deformidad en manos o pies ni, según las radiografías,
daños apreciables en las articulaciones.
Como me dieron copias de estos
resultados por escrito, se las
enseñé a mi médico de cabecera al tiempo que le ratificaba mi
decisión de no someterme a más pruebas ni tomar ninguna otra cosa que los
corticoides (a menos que hubiera nuevos descubrimientos de probada
eficacia en el tratamiento de la artritis, como es lógico).
Todavía
por aquellas fechas, años 2000 y 2001, continuaban los dolores, pero
advertía claramente que iban disminuyendo, y las crisis, los
episodios más dolorosos, se iban distanciando en el tiempo cada vez
más. En los últimos años, a partir del 2002, los
habituales dolores, incluso los de las manos, se fueron perdiendo de
manera muy apreciable, y las pocas crisis que sufría, más bien de escasa
intensidad y ya muy de tarde en tarde (podían aparecer cada dos o
tres meses), pienso que más bien podrían ser como consecuencia de
algunos trabajos hechos en casa que requirieron algún
esfuerzo más de la cuenta. También es reseñable que los nódulos
subcutáneos que me aparecieron en los nudillos de las manos y en los codos se
fueron reduciendo hasta perderse casi por completo. En fin, que tengo
que reconocer que, al día de hoy, finales del año 2006, doce años
después de que me fuera diagnosticada la enfermedad (o algunos más
si contamos desde los primeros síntomas), si bien sé que la
enfermedad no ha desaparecido por completo, me encuentro en un estado
bastante satisfactorio.
Naturalmente,
sigo tomando mis corticoides cada día (media pastilla, 15 mg.), pero,
incluso, mantengo cierta esperanza de poder dejarlo (aviso que los
corticoides no se pueden dejar de tomar de golpe tras su ingesta en
períodos prolongados). Ahora mismo llevo tres meses quitándole un
trocito de 3 mg. a cada pastilla, por lo que estoy tomando sólo 12 mg.
Quiero hacer notar -y recalcar- que esto mismo lo había intentado antes en muchas
ocasiones, con el resultado de que a los pocos días, aunque parezca increíble, me comenzaba a subir el dolor de las manos,
hasta dejármelas inútiles, y tenía que
volver a esa dosis mínima y crítica de 15 mg. En cuanto a los
antiinflamatorios, que, sin duda, tienen una probada eficacia en la
remisión del dolor, yo aconsejaría tomarlos, exclusivamente, en
casos muy puntuales (sólo en las crisis), limitándolos al máximo y,
a ser posible, inhibidores selectivos prescritos por el médico u
otros de nueva generación y con menos efectos secundarios (Ibuprofeno, etc.).
Como
conclusión a toda esta historia, y por si acaso alguien pudiera
pensar que, con mi actitud de renunciar a que los especialista en
Reumatología continuaran con el seguimiento de mi enfermedad, lo que
pretendo es desvalorizar su profesionalidad o poner en dudas sus
conocimientos y capacidad como médicos, tengo que decir que nada más
lejos de mi intención: todos los reumatólogos que me atendieron
desde el principio gozan de mi mayor respeto y consideración y mi
total reconocimiento a su profesionalidad. Sí, en cambio, he de
criticar el sistema observado en el tratamiento a los pacientes (culpa
exclusiva de quienes rigen estas materias en la Seguridad Social, en
el Servicio Andaluz de Salud o, directamente, en el Hospital Puerta
del Mar de Cádiz, lugar de las consultas), tanto
en el excesivo tiempo entre visitas (seis meses), como a que sean
distintos especialistas los que te tratan en cada una de ellas. Entiendo que
para un correcto y eficaz seguimiento de una enfermedad, la que sea,
debiera ser siempre el mismo médico (o equipo) el que aplique sus
criterios. Lo contrario, o sea, cada visita un médico distinto (todos
sabemos que "cada maestrito tiene su librito"), supone que
haya cambios en los métodos, que los tratamientos y sus resultados
sean evaluados con criterios distintos y, principalmente, que no
exista la debida confianza y posible amistad que generaría la
continuidad siempre con el mismo doctor (tan apreciable y necesaria en
casi todas las enfermedades). Lo que quizás debiera reprocharle a los
especialistas es que, bien por su falta de fe en las mismas (no puedo
suponer que las desconozcan) o por una posible desidia, jamás me
hablaran ni me recomendaran unas pautas alimentarias adecuadas a la
enfermedad que sufría.
Aclarado
esto, me queda por explicar lo de la cuasi "milagrosa
curación" (yo la llamaría sólo "extraordinaria
mejoría"). Naturalmente, no hay ningún milagro. La artritis
reumatoide cursa de modos muy variados y con intensidades o gravedad
distinta en unos u otros individuos. Las personas con factor
reumatoide o nódulos subcutáneos -cual era mi caso- parecen presentar casos más severos de la enfermedad.
También se sabe que quienes desarrollan la artritis a temprana edad presentan un progreso más rápido.
Es más probable que, en algunos casos, se presente la remisión en el primer año y la probabilidad disminuye con el tiempo. Después de un diagnóstico de 10 ó 15 años, cerca del 20% de las personas presentan remisión. Del 50 al 70% de las personas afectadas pueden, incluso, continuar trabajando tiempo completo. Después de los 15 ó 20 años, sólo el 10% de los pacientes llegan a estar severamente inhabilitados e incapaces de realizar
las actividades del vivir cotidiano (lavarse, vestirse,
comer, etc.). Otros datos son que, con esta enfermedad, la expectativa de vida promedio puede verse reducida
de 5 a 7 años, y que los pacientes con formas severas de artritis
reumatoide pueden morir de 10 a 15 años antes de lo esperado. En
algunos casos, sobre todo si existen complicaciones que afecten o
comprometan órganos -también bastante frecuente-, la muerte puede sobrevenir en unos pocos años.
En mi
caso, a pesar de su indiscutible severidad, y sin que pretenda hacer
una apología de la autosugestión, lo que hubo fue un total
convencimiento y una firme voluntad de luchar contra la enfermedad
hasta vencerla sin más. En esto, como en la vida militar, "creer
en la victoria es tener media batalla ganada". Añadamos que, por
alguna referencias y muchas deduciones lógicas, adopté ciertas
medidas y cambios en mis hábitos y dieta alimentaria (ya lo iré
contando).
Por
último, yo aconsejaría a todos aquellos que padezcan artritis
reumatoide:
1º)
Como más importante, que se pongan en manos de un buen especialista,
a ser posible, de reconocidos aciertos y profesionalidad (no
olviden que en todas las profesiones hay buenos y malos profesionales),
que, además, debería indicarles unas pautas alimentarias adecuadas.
2º) Que sigan fielmente los tratamientos e
indicaciones, pero sin olvidar que cuanto menos
medicamentos, mejor.
3º) Que no se dejen abatir por muy grave que
aparente ser la enfermedad. Es realmente difícil, pero no imposible.
Afrontarla con buenos ánimos y
con el convencimiento de que se puede vencer, es fundamental para que
la mejoría, cuando no la curación completa, se produzca.
4º) Que
tengan cuidado con lo que comen y que procuren comer cuanto menos
mejor de ciertos alimentos. Sobre ésto tienen unas recomendaciones en
los enlaces que siguen (algunas son de mucha utilidad), si bien, en
próximos artículos trataré de exponer ciertos estudios e
investigaciones de probada solvencia sobre la Alimentación y la
Artritis Reumatoide y mis propias experiencias sobre este tema.
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Relación
de artículos publicados en Arena y Cal sobre:
ARTRITIS
REUMATOIDE
ALIMENTACIÓN Y ARTRITIS REUMATOIDE
por
Alfonso Estudillo
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