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Las filosofías se han interesado por el valor de la palabra y su protagonismo en el oficio del lenguaje.

Hay una concepción convencionalista que considera a la palabra como un elemento nada más de expresión sin ningún trasfondo procedente de otras intenciones como no sean las estrictamente locutivas para significar prácticamente. O sea, una palabra-herramienta.

La teoría espiritualista va más allá de la mera significación, el mero reflejo del pensamiento como espejo de la cosa, de la realidad circundante, y cree adivinar detrás del sema que configuran los morfemas, una intención con trasfondo espiritual. Este trasfondo procede a su vez de una realidad inefable, de donde emanan los universales del realismo filosófico de la filosofía escolástica.

Esa ultimidad inefable no se expresa sino por atisbos, relámpagos rápidos que motivan palabras y construcciones a veces metafóricas que despiertan un gran interés en los lectores.

Hay tres planos:

- La construcción sentenciosa.
-la construcción metafórica.
-la construcción superrealista (por encima de la realidad usual, e incluso de la metafórica, y que emplea las palabras como símbolos no estrictamente metafóricos, aunque se valga en ocasiones, y como secundariamente, de la metáfora).

Ese simbolismo insinúa un mundo íntimo cuyo discurrir escapa al mismo individuo, y sólo es conocido tangencialmente por medio de motivaciones decantadas en vocablos que despiertan la sospecha de su trascendencia, o sea de otro mundo, aunque, como decía Paul Eluard, “están en éste” (“Hay otros mundos / pero están en éste”).

Una norma imprescindible e inolvidable para un poeta creador ha de ser las que, en conjunto, adoptan los surrealistas y que van en contra de sus opuesta, por considerarlas como propias de una clase social advenediza que carecía de sensibilidad y se revestía de anhelos de buena clase en los salones musicales, museísticos y literarios: NO COINCIDIR CON LAS DENOMINACIONES YA LEXICADAS, PROPIAS DE LA MENTALIDAD BURGUESA, QUE SE ARRELLANA EN LOS TÓPICOS MANIDOS Y FALTOS DE PERSONALIDAD. LA RUPTURA ES TOTAL Y DE ORIENTACIÓN EXCLUSIVAMENTE CREADORA. UN VERSO O UNA LÍNEA SIN ORIGINALIDAD ES TRABAJO PERDIDO. ES REPETIR A LOS DEMÁS.






 

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