Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Uno de los afanes poéticos más perseguidos por el escritor es el de dominar la metáfora para engalanar su escritura, de manera que atraiga la atención del lector hasta subyugarlo, si es posible.

La metáfora no es un exorno gratuito y ocioso, sino que tiene una función lingüística importante, como es la de dar un rodeo a un concepto para ponerlo al alcance del lector por medio de imágenes. Pongamos que se habla de la familia. Si hablo de los sarmientos de la sangre como imagen de la familia, creo que queda mucho más estético y rompo con ello el aspecto plano y simple de tal denominación. Si digo que el pan es muchedumbre del trigo, enriquezco su expresión. Si añado a la palabra amor 'vendimia del sexo', le doy a ese término un colorido del que carece si se dice llanamente amor.

El lenguaje periodístico, que se supone es rigurosamente informativo, está plagado de estereotipos metafóricos como 'el pistoletazo de salida', 'la madre del cordero', 'el festival de goles'; en suma, la lengua se atavía con todos los recursos que le vienen a mano para que su discurso sea mejor entendido, intentándose con ello enriquecer la expresividad.

Habrá poetas que apenas empleen metáforas frente a quienes hacen un uso exhaustivo de ellas porque consideran que su poema queda más logrado así.

Sin lugar a dudas, diga lo que se diga, las metáforas siempre serán peones de briega excelentes, si están conseguidas, para quienes desarrollen un tema realista y quieran velar el contenido disimular un argumento que también se podría desarrollar en prosa. Imaginémonos a los poetas de la segunda generación de postguerra, cuya intención era la de continuar la denuncia social y política de los poetas de la generación anterior, además de abrir la poesía a nuevos horizontes europeos. Pongamos la poesía de un Valente o Ángel González, desnuda de atavíos metafóricos frente a la de otros como Manuel Mantero, Ángel García López, Manuel Ríos Ruiz o Carlos Sahagún, juntamente con Brines, todos ellos más inclinados a una expresión en la que el color y la imagen están presentes. Una fase mucho más desarrollada de esta técnica nos la encontramos en los poetas del cordobés Grupo Cántico.

En los ochenta, en que se volvió al neoformalismo después de las estructuras abiertas en que abundaron los Novísimos, volvimos a ver los alejandrinos y los endecasílabos impecables blancos o asonantados formando cuartetos o no, pero con el marchamo de una poesía semiclásica.

Sin embargo, esta decisión no implicaba que el poeta retornase a la abundancia metafórica para engalanar su aparato expresivo. Naturalmente que ello no está al alcance de cualquiera. Se puede tener dominio de las formas métricas más rigurosas pero no tener el don de la afluencia metafórica (ya sea impura o pura, como dicen los manuales, tal este ejemplo: “Tus labios son como una fresa” / “La fresa de tus labios”, respectivamente).

Sería conveniente remitir al lector a La deshumanización del arte de Ortega y Gasset, en la que el autor estudia la metáfora y reconoce su papel en la literatura como componente básico de la función poética.

En resumen, la metáfora no es imprescindible, pero sí enriquece el texto literario, más aún si el autor pretende que las comparaciones empleadas ayuden a comprender mejor la intención que el autor se propone comunicar. Todas las épocas literarias, exceptuándose el neoclasicismo, han hecho un uso moderado o exhaustivo de ella.

Sin embargo, no hay que confundir la metáfora con el intento desafortunado de su búsqueda, o en la catacresis, como el uso inapropiado del sentido traslaticio, que da en disparate o patetismo metafórico.






 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep


Aviso legal | Política de privacidad | Condiciones del servicio | Home