Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
El mentiroso le dijo a su interlocutor: Ya no mentiré nunca jamás.

El asesino, del mismo modo, afirmó: Nunca más mataré.

El interlocutor, que estaba ávido de triunfo y necesitado de Paz, también de paz interior, les creyó a ambos sin percatarse de que el mentiroso mentía y de que el asesino preparaba sus próximos asesinatos.

Esto, que podría muy bien ser argumento de novela -o, al menos, de un cuentecito-, es, sin embargo, una crónica de lamentable actualidad que ninguno hubiésemos querido leer.

Es una barbarie el terrorismo y son una asquerosidad, un deshecho, los terroristas.

Se puede, o no, estar de acuerdo con Rodríguez Zapatero en las formas, pero todos debemos comprender, aceptar y compartir el fin por él perseguido.

Parece que está fracasando en su empeño y algunos lo temíamos, que no lo deseábamos. Parece que busca y necesita apoyos que debemos prestarle, pero parece, también, que para conseguirlos debería abrazar el camino de la verdad, de la humildad y de la honradez con quienes espera que compartan con él las dichas y, sobre todo, las desdichas del proceso.

En política no es bueno moverse por las medallas ni los premios, tampoco es aconsejable caminar en solitario, como un iluminado, sin reconocer más verdad que la propia pero peor aún es comprar con dinero ajeno (léase Navarra), pagar con los bienes de otros (léase independencia) o cambiar cromos (léase presos) por muertos, sustrayéndolos a quienes ninguna culpa tienen.

¿El fin justifica los medios? Pues va a ser que no.

Sin embargo, me temo que hay mucha gente ya desprovista de conciencia, que la falta de moral, escudada en un laicismo mal entendido, abunda en nuestros días y eso hace que los valores humanos (base del cristianismo) se posterguen al último lugar en cualquier escala que se utilice para la toma de decisiones, ya afecten a lo público, a lo político o, incluso, a lo vinculado con nuestras relaciones personales. Así nos va: adolescentes y jóvenes que no respetan a nadie ni a nada, mujeres que se venden por un abrigo de visón, hombres que, con el ademán impasible, son capaces de hacer cualquier cosa por conseguir un ascenso o unos miles de euros para derrochar en ese mismo día. Podríamos citar cientos de casos, podríamos hablar de amores, de odios, de promociones y pelotazos.

¿Y en política? Lo mismo digo, y si nos ceñimos al terrorismo que nos amarga, y hablamos de las conversaciones del Gobierno con los etarras que nos aniquilan, podemos también descubrir esa falta de principios ya citada.

¿Debe el Presidente del Gobierno (hoy uno y mañana otro) negociar a toda costa? Pues sea quien sea el Presidente, vista del color que vista, y previendo lo que el Estado puede perder, yo seguiré diciéndole que no.



 



 

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