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Como ya apuntamos en anteriores artículos, de los alimentos que nos habla el Dr. Seignalet en su
libro La alimentación. La 3ª Medicina, y que, de acuerdo a
sus investigaciones, tienen una gran importancia en el
avance de diversas enfermedades -entre ellas, la Artritis-,
se destacan como más importantes los
cereales, la leche de procedencia animal (comentado en el
artículo anterior) y los aceites.
Recordemos
de nuevo que Seignalet afirma que el "ensuciamiento de las células" es la principal causa de la mayoría de las enfermedades reumatológicas, neuropsiquiátricas y autoinmunes, además de ser el origen de más del 65% de los cánceres, entre otras patologías. "Ensuciamiento" que provoca los daños en el ADN que lleva a las células a cancerizarse y que está causado principalmente por las macromoléculas bacterianas procedentes de la alimentación moderna que traspasan el intestino delgado y terminan acumulándose en el organismo.
Propone para evitar este "ensuciamiento
celular", y con ello cualquier enfermedad, su
Régimen Ancestral, Original o Hipotóxico (verlo
en Anexo 1) que
se resume en lo siguiente:
-La total exclusión de los cereales en la alimentación
(a excepción del arroz y el trigo sarraceno).
-La completa exclusión de la leche animal y todos los derivados lácteos.
-El consumo de productos crudos (carne, pescado y mariscos) o, al menos, nunca fritos
ni preparados a más de 110º C).
-La utilización e ingesta de sólo aceites vírgenes obtenidos por primera presión en frío.
-El uso preferente de productos biológicos.
Seignalet afirma que la Medicina moderna
no da la importancia que realmente tiene
el intestino delgado como parte fundamental de la salud, y que, como consecuencia, los enfermos no son capaces de valorar los problemas que implica su mal funcionamiento. "El intestino delgado -señala Seignalet- merece un estudio detallado ya que es, a mi parecer, un órgano clave. La mucosa del intestino delgado sirve de barrera entre el medio interior del organismo y los peligrosos factores del medio
ambiente, como bacterias y alimentos. Y en la mayoría de las personas esa barrera desempeña mal su papel y permite que la atraviesen demasiadas macromoléculas. Bien, pues algunas de esas sustancias son nocivas y su acumulación, junto con factores hereditarios favorables, produce numerosas enfermedades".
Y respecto
a los aceites -nuestro tema de hoy-, Seignalet aconseja los
siguientes:
-El de oliva
-virgen y extraído de primera presión en frío- porque aporta ácidos grasos monoinsaturados.
-Los de nuez, soja y colza porque aportan ácido alfa-linolénico.
-Los de onagra y borraja porque aportan ácido beta-linolénico.
LOS ACEITES
Los aceites comestibles
(ver enlaces 1 y 2) son grasas líquidas de origen vegetal, obtenidas a partir de ciertas semillas o frutos
oleaginosos. Se consiguen por presión del producto que los contiene (métodos mecánicos) o por extracción mediante disolventes. Las aceitunas o el girasol se cultivan
en su mayor parte para obtener aceite. En otros vegetales, como la soja, el aceite es un subproducto que se obtiene durante el proceso llevado a cabo para un mejor aprovechamiento posterior del grano.
El contenido en ácidos grasos libres determina el grado de acidez de los aceites. Un aceite que contiene un 1% de su grasa en forma de ácidos grasos libres se dice que tiene 1° de acidez. Los aceites vegetales son 100% lípidos. No contienen colesterol y en ellos predomina generalmente los
ácidos grasos poliinsaturados.
En lo que se refiere a los aceites de los vegetales,
su extración solía hacerse mediante primera presión en frío (a unos 30º C), y contenían ácidos grasos esenciales, en particular ácido linoleico y ácido alfalinolénico.
Sin embargo, a partir de la II Guerra Mundial, muchos aceites empezaron a extraerse por calor y mediante complejos procesos de refinado que, en opinión de Seignalet, presentan tres
grandes inconvenientes: La persistencia de algunos productos nocivos como el hexano, muy integrado en los cuerpos grasos e imposible de eliminar por
completo; la creación durante el proceso de ácidos grasos saturados no
deseables y nuevas especies químicas más o menos
peligrosas; la transformación de una parte de los ácidos grasos insaturados en ácidos grasos "trans" que nuestro organismo es incapaz de metabolizar,
y a los que investigadores como Mann (1994) incriminan en ciertas afecciones frecuentes: hipercolesterolemia, arteriosclerosis,
obesidad y la resistencia a la insulina en la diabetes. En 1995 varios equipos de investigadores llegaron a la conclusión de que los ácidos grasos poliinsaturados favorecen la aparición de accidentes vasculares. El consejo del
doctor Seignalet es,
pues, no consumir nunca aceites refinados sino aceites de primera presión en frío.
Estos
aceites de primera presión en frío (definimos el de oliva para mayor
información del consumidor) son los que suelen venderse etiquetados
como "Aceite de Oliva Virgen Extra", y con la
siguiente información: "Aceite de Oliva de categoría
superior obtenido directamente de aceituna y sólo mediante
procedimientos mecánicos." No obstante, hay que tener en
cuenta que no siempre es así y son muchos los fabricantes que, tanto
en los de oliva como en los de girasol, soja, colza, etc., no siguen
con exactitud las correctas pautas de fabricación o adulteran el
producto final con diversos procedimientos. De todos es sabido (pues
la
prensa y otros medios suelen recoger estas noticias) que hay industriales o pequeños fabricantes que envasan y comercian con aceites
adulterados por mezclas que nada tienen que ver con el producto que
presentan a la venta. Buen ejemplo de ello, con independencia de que
los muertos y afectados -más de 1.000 muertos y 60.000 afectados de
diversa gravedad (ver enlaces 3 y 4)- fueran víctimas del aceite o de los
insecticidas organotiofosforados de los tomates, es el caso llamado
Síndrome Tóxico o del Aceite de Colza ocurrido en España en 1981. Observe cómo,
saltándose a piola todo control (si acaso los hubo) de las
autoridades encargadas de nuestra salud, millones de kilos de aceite de colza desnaturalizado,
importados de Francia, fueron tratados y vendidos como aceite
comestible.
Así, pues, por precaución, no compren aceites que no vengan avalados por marcas de
reconocido prestigio o cuya procedencia no sea de auténtica confianza.
Inportantísimo
es tener en cuenta que los aceites y grasas son suceptibles de enranciarse o descomponerse,
por lo que de nada nos serviría un aceite de primerísima calidad si
lo ingerimos tras haberlo sometido a cualquier procedimiento que lo
descomponga y altere en sus características organolépticas.
Los mecanismos del
enranciamiento o descomposición han sido ampliamente estudiados y se
saben de al menos tres vías comunes de enranciarse:
1. Activación de radicales libres y peroxidación.
2. Hidrólisis por la presencia de agua.
3. Por medio de microorganismos.
En el primer caso, la
descomposición se inicia por el calor en la fritura: los radicales que se generan inducen a una absorción de oxígeno del ambiente para formar pre-peróxidos y luego peróxidos propiamente como tal.
Si lo sometemos a una temperatura alta (en una sartén o freidora el
aceite puede alcanzar los 180º C y aún superarlos), y, además, lo
reutilizamos una y otra vez para seguir friendo (lo cual es bastante
común por el desconocimiento existente sobre la materia) el aceite se torna
tóxico y hace que su ingestión, además de una mayor incidencia en el
ensuciamiento celular que comentamos, provoque malestares gástricos e
intestinales
que pueden llegar a ser severos.
En el segundo caso, el agua provoca la hidrólisis de los radicales grasos y se restituyen algunas moléculas de ácido original. Esto trae como consecuencia una cadena de reacciones que hacen que el aceite tome un olor y sabor astringente y desagradable.
En el tercer caso, los enlaces alfa de los radicales grasos son atacados por enzimas de hongos y bacterias que secretan lipasas, generando una degradación del triglicerido. El olor
repulsivo es característico de este mecanismo degradatorio.
Respecto
a las mantequillas, margarinas y grasas de cocinar podemos decir que aumentan el contenido en agua (17%) y el resto son lípidos.
Contienen vitaminas A, D y E. La mantequilla es rica en
colesterol y está compuesta principalmente por las grasas de la leche. Las margarinas se obtienen sometiendo a un proceso industrial grasas de origen animal
(pescado, cerdo y otros) mezcladas con otras de origen vegetal (llamadas
margarinas mixtas) o bien únicamente grasa vegetales (margarinas vegetales). Estas últimas se obtienen a partir de las grasas con
un alto porcentaje en ácido linoleico. Por su parte, las mantecas o
grasas de cocinar, cuya composición está realizada principalmente con aceites insaturados de origen animal y rara vez vegetal,
están asociadas al colesterol maligno LDL (Low Density Level) o colesterol obturante de arterias.
Esto último se observa en todas ellas, ya que una proporción variable pasa de la forma fisiológica
cis a la forma trans que no se comporta bioquímicamente como los ácidos grasos
esenciales. Estos isómeros, o ácidos grasos trans, no sólo aumentan los niveles de colesterol malo (LDL) en la sangre sino que disminuyen el colesterol bueno (HDL), provocando un mayor riesgo de sufrir
arteriosclerosis y otras enfermedades cardiovasculares. Aunque en la
actualidad los fabricantes se afanan en presentarnos multitud de
margarinas enriquecidas con vitaminas, calcio, acidos omega-3, etc, el Dr. Seignalet las descarta de su Régimen
Ascentral.
EXPERIENCIAS
Mi experiencia
como paciente de Artritis Reumatoide respecto al aceite y las grasas -por las
causas que ya reseñara anteriormente-, es también escasa. Recuerdo,
no obstante, que una de las medidas que tomé cuando decidí la
"autocuración" fue dejar de tomar las dos o tres rebanadas
de pan tostado con mantequilla, margarina, manteca de cerdo o aceite
de oliva (entonces, sin mayor preocupación por su clase) que tomaba a
diario en el desayuno y, esporádicamente, alguna noche como cena
ligera (me encantaba el pan tostado con manteca junto con un café con
leche). Entonces no conocía las teorías e investigaciones de
Seignalet, me guiaba por deduciones basadas en ciertas referencias,
mis observaciones sobre las reacciones a cuanto ingería, y puede que
la aplicación de cierta lógica e intuición. Compruebo, hoy, que
acertaba, y no me cabe duda de que la eliminación de estas grasas
-junto con la del pan, claro-, contribuyeron en buena medida a las
mejorías que hoy gozo.
Particularmente
creo, que -además de que lo confirma la certeza y lógica de las teorías del Dr.
Seignalet-, los aceites y grasas que utilizamos a diario en nuestra
alimentación, tienen una alta incidencia en nuestra salud y las
diversas patologías que, en mayor o menor grado, la alteran. En mi
opinión, deberían ser sometidos a nuevos y exhaustivos análisis y estudios
(y sobre todo veraces) por los organismos encargados de la salud pública que
descartaran -o confirmaran- la ausencia de nocividad. Pero, mientras
esta ¿utopía? llega, somos nosotros los que debemos hacer un uso
más racional de los diferentes aceites y grasas comestibles que
encontramos en el mercado. Imprescindible es conocer más a fondo
todas las propiedades de estos elementos a través de fuentes que no
provengan de los mismos fabricantes, pues sólo nos hablarían de sus
excelencias y virtudes. Y, también, como ya señalara más arriba con respecto
al uso de los aceites, evitar usarlos una vez y otra para freir las
patatas, el pescado y otras frituras diversas, pues, acaba por
convertirse en un auténtico veneno. En mi opinión, un aceite para
freir (que es preferible siempre de oliva, porque soporta mejor las altas
temperaturas), no debería ser usado más allá de cuatro o cinco veces
y dentro de un tiempo prudencial. Su uso continuado, añadiéndole aceite
nuevo (así como dejarlo días y días en la sartén después de
haberlo usado), no lo
rescata de su degradación y estaríamos envenenándonos mientras
saboreamos las ricas acedías o salmonetes.
No lo
olvide. Si quiere conservar en buen estado su salud y la de los suyos,
utilice siempre para sus fritos y guisos Aceite de Oliva Virgen Extra
(los demás aceites, soja, girasol, etc., tienen otros usos).
Recuerde también lo de "Obtenido directamente de aceituna y sólo mediante
procedimientos mecánicos." Puede ser un poco más caro,
pero, a la larga, con lo que gane en salud, le resultará bastante
más rentable.
En un
próximo artículo seguiremos hablando de otro importante capítulo de la
alimentación, "Los cereales", en relación con la Artritis, sobre
todo, de acuerdo a las certeras teorías del Dr. Seignalet.
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Relación
de artículos publicados en Arena y Cal sobre:
ARTRITIS
REUMATOIDE
ALIMENTACIÓN Y ARTRITIS REUMATOIDE
por
Alfonso Estudillo
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