Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
En circunstancias de presión surgen siempre los instintos básicos de la naturaleza humana, aquellos que intentamos controlar bajo la condición de mostrarnos “cultos e inteligentes”. No somos más que animales domesticados ante nuestros semejantes, pero al primer descuido salta la fiera.

La defensa de la vida, la comida y el territorio disparan con demasiada facilidad los más bajos instintos y el amor no se queda atrás con su pasión. En esta época de apetitos sexuales reprimidos e insatisfechos, se producen unos fenómenos que alarman a algunos y dan la razón a otros: aún no sabemos el origen de lo que nos mueve.

El temor de que otra persona pueda ser preferida a uno, o que ella disfrute de algo que uno querría para sí nos lleva al mundo de los celos. El escándalo que ahora vive la NASA protagonizado por una astronauta que intentó agredir a su rival causa estupor entre los ciudadanos de a pie (los que no tripulamos transbordadores) y cierto malestar entre los privilegiados trabajadores de la agencia espacial.

Que exista un triángulo amoroso entre personas que deben vivir situaciones extremas y estresantes juntas, y que su dependencia del otro en un momento determinado de la misión sea absoluta, o que debido al intensivo tiempo de convivencia los acerque sentimental y/o sexualmente no es nada extraño.

Lo que causa desconcierto es que una profesional que ha pasado las más duras pruebas de selección y que ha sido entrenada para el autocontrol, viaje 1.500 kilómetros armada con una pistola y un cuchillo para secuestrar a su rival y, posiblemente, hacerle algún tipo de daño.

Cabe preguntarse cuales son las políticas de selección para ingresar a la Nasa o el seguimiento que se le hace a los comportamientos de su gente. Los astronautas no son seres extraordinarios, son humanos, pero el control de sus emociones debe ser ejemplar y salirse de casillas en un ataque de celos se pasa como un incidente menor si la cuestión sucede de inmediato: una bofetada, un grito, una escena de llanto. Pero de allí a recorrer cientos de kilómetros con una idea de venganza en la cabeza hay un largo trecho, más lejano que cualquier distancia espacial.

Si esto sucede con los privilegiados soldados de la guerra de las galaxias ¿Qué será de la conducta, aficiones y aventuras de los marines que ven perder la vida de sus compañeros en las guerras generadas por el poder? ¿Controlarán de igual manera sus emociones ante los civiles que nada tienen que ver con las misiones que se les encomiendan? 

Poco se sabe, pero cuando la historia los juzgue saldrán, los emperadores del momento, a decir en nombre de la Nación que "está profundamente consternada por este trágico acontecimiento" y que “no se inmiscuye en las cuestiones personales”.







 

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