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Como ya apuntamos en anteriores artículos (ver
el Índice), de los alimentos que nos habla el Dr. Seignalet en su
libro La alimentación, La 3ª Medicina, y que, de acuerdo a
sus investigaciones, tienen una gran importancia en el
avance o remisión de diversas enfermedades -entre ellas, la Artritis-,
se destacan como más importantes la leche de procedencia
animal,
los aceites y los
cereales -nuestro tema de hoy-.
Respecto
a los
cereales de consumo doméstico, Seignalet nos explica que la necesidad de alimentar a un número cada vez mayor de
personas hizo ir modificando las técnicas de cultivo desde los
albores de la civilización en un imparable proceso. El hombre seleccionó primero aquellas
especies comestibles mejor adaptadas y productivas, luego haría hibridaciones buscando obtener
plantas más fuertes, a continuación llevaría las especies a zonas
geográficas diferentes de las propias y, finalmente
-ya en nuestros tiempos-, las manipularía
creando organismos genéticos modificados para obtener plantas fuera
de temporada, cultivos más resistentes a las plagas y, principalmente, unas cosechas más
abundantes y rentables.
Todo un proceso histórico en pos de cantidad y rentabilidad, pero en el que se
ha venido ignorando la respuesta biológica de nuestro organismo, no
tan diferente
del de nuestros congéneres de hace miles de años e incapaz de
adaptarse a cambios tan continuados. "Estoy
convencido -señala Seignalet- que los biólogos llegarán a
obtener plantas más ricas en
vitaminas, más resistentes a la sequía o con un mejor rendimiento por hectárea, pero, al
mismo tiempo, producirán nuevas proteínas y, en ocasiones, nuestras
enzimas y mucinas se revelerán inadaptadas a esas moléculas para
ellas desconocidas en su primera forma o luego alteradas por la
cocción. Me sitúo entre los enemigos de los organismos
genéticamente modificados. ¡Si tomamos mil precauciones antes de
lanzar un nuevo medicamento que, generalmente, tomamos en dosis pequeñas, deberíamos hacer lo mismo antes de crear un nuevo alimento que
con toda seguridad vamos a consumir en grandes dosis".
Como
muestra Seignalet recoge en su libro una amplia relación de estudios
que asocian el consumo de trigo y, en menor medida, del maíz con
diversas enfermedades. Para Seignalet todas esas enfermedades no son
sino la consecuencia de algo grave que denuncia: "Las enzimas y
mucinas de nuestros organismos son hoy incapaces de digerir
correctamente las proteínas de los cereales -muy especialmente las
del trigo y el maíz- porque a lo largo de los últimos tiempos se ha
modificado su naturaleza, problema que, además, se agrava con su
desnaturalización al ser cocidos". Los únicos cereales que,
según el Dr. Seignalet, no presentan esos inconvenientes son el arroz -ya que
tiende siempre a volver a su estado natural a pesar de las
múltiples manipulaciones que igualmente ha sufrido- y el trigo
sarraceno.
LOS
CEREALES
Los cereales son plantas herbáceas cuyos granos o semillas se emplean para la alimentación humana
y del ganado, bien enteros o, más generalmente, molidos en forma de
harinas y sémolas. Las principales especies cultivadas son el trigo, el maíz, el arroz, la avena, el sorgo, el centeno, la cebada y el mijo. El
alforfón o trigo sarraceno, si bien no es propiamente un cereal,
es también una planta herbácea que se cultiva por sus granos para
consumo humano y animal y se considera popularmente como tal.
Los granos de los cereales se componen de la cáscara o cubierta externa y la
semilla. La primera está formada casi exclusivamente por celulosa, no digerible por el organismo, pero que es
aprovechada como un importante componente de la fibra dietética. La semilla se compone de dos partes: el germen o embrión, muy rico en vitaminas B, E y F, minerales, grasas y proteínas, y el endosperma, integrado por una cubierta de aleurona -abundante en proteínas y grasas- y por las celdillas de almidón, que constituyen el 80% del grano y que es prácticamente lo único que se aprovecha de éste después de ser sometido al proceso de refinado. En las semillas no tratadas se encuentran grandes cantidades de fósforo, manganeso, potasio, cinc, cobre, cobalto y sodio, además de hierro, calcio y magnesio, todos ellos minerales importantes en la dieta, pero que son eliminados en el proceso de
refinado -en el cual también se suprime la fibra del cereal-. Las proteínas de los cereales son escasas en aminoácidos esenciales como la lisina.
(ver enlaces 1 y 2)
El
trigo es -sin duda con diferencia- el cereal más consumido en la
alimentación del hombre en la civilización occidental. Es por ello
que se ha incidido de manera especial en el mejoramiento de sus técnicas de cultivo y selección genética,
lo que nos ha conducido a un incremento considerable de sus rendimientos, pasando de menos de 10
quintales/hectárea en 1900 a los más de 50 quintales/ha que se
obtienen en algunos países de Europa y Norteamérica. Su principal forma de consumo es la de
molido como harina con la que se elabora el pan
(ver enlace 3). También es usado en
la fabricación de galletas, pastas -fideos (spaghettis), babetas
(tallarines), macarrones, etc.-, y, junto con la cebada y el centeno, en la de la
cerveza. En la actualidad, junto con el maíz, la avena y algún otro, se ha
popularizado su consumo en productos a base de cereales listos para el
desayuno. Seignalet lo prohíbe
terminantemente en su régimen y nos advierte que sus proteínas -en
todas sus variedades- son difíciles de digerir por nuestro organismo.
El
maíz es el cereal más plantado en el mundo y el de mayor volumen de
producción, superando al trigo y al arroz. Su valor nutritivo es similar al de
los otros cereales, aunque se diferencia de éstos en su elevado contenido en carotenos -ningún otro cereal los contiene- o provitaminas A, que se transforman en vitaminas A en el organismo.
Su uso alcanza gran importancia en América, sobre todo en la cocina latinoamericana,
en la que participa en diversos platos como tortillas, choclos, arepas, tamales, etc.,
y donde, en muchos casos, reemplaza al pan de trigo en la cocina local. En muchos países de esta región es importante el consumo de
granos de maíz fermentados que dan lugar a la "chicha", una
bebida espirituosa semejante a la cerveza muy popular en Los Andes. El
alcohol obtenido de sus granos es también usado, en muy grandes cantidades, en la fabricación del caucho sintético,
como carburante mezclado con gasolina y, en menor medida, en muchos otros usos. En la
actualidad, el consumo alimentario del maíz se ha extendido a otros
países donde encuentra uso, entre otros, en ensaladas y
desayunos. Seignalet también lo prohíbe en su régimen y nos
advierte que sus proteínas -al igual que las del trigo- son
difíciles de digerir por nuestro organismo.
El
arroz es el cereal más importante -después del trigo- desde el punto de vista
alimenticio. Existen en el mundo más de dos mil variedades de arroz, pero sólo se cultivan unas cuantas. Éstas se agrupan -por tipo de arroz- en tres grandes categorías: grano largo, grano medio y grano corto. Luego,
según el proceso industrial al que son sometidos, se comercializan según su grado de elaboración:
integral, blanco, parboiled, rápido o precocido, etc. El arroz blanco, el más consumido habitualmente, pasa por
varios procesos con los que pierde, además del salvado y del germen, muchas propiedades vitamínicas, minerales y oligoelementos, ya que la mayor proporción de éstos se encuentra precisamente en la capa exterior del grano y
el germen.
Comparado con el trigo y demás cereales, el arroz es muy pobre en
grasas. Por ello, además de por sus propiedades hipotensoras y su relativa pobreza en sodio y
potasio, resulta indicado para casos de diarreas y en regímenes de adelgazamiento, ya que contribuye a eliminar el agua acumulada en los tejidos grasos.
Seignalet no lo prohíbe porque -a pesar de que tambiés es
manipulado- parece conservar las mismas propiedades que en su estado
primitivo.
La avena, el sorgo, el centeno, la cebada
o el mijo difieren poco de los demás cereales en cuanto a
composición y valores nutritivos. Su importancia relativa es menor que los
ya reseñados por
cuanto, en las regiones occidentales, son empleados en mucho menor
medida en la alimentación humana. Cada uno de
ellos tiene usos diversos, pero el principal suele ser la
alimentación del ganado o, caso de la cebada y el centeno, en la
fabricación de bebidas como la cerveza y el whisky. Por su parte, la
avena, rica en proteínas, hidratos de carbono, grasas y gran número de vitaminas, minerales y oligoelementos
-siempre que no haya sufrido los clásicos procesos de refinado-, por
ser el cereal con mayor porcentaje de grasa vegetal (65 % de ácidos grasos insaturados y el 35% de ácido
linoleico), encuentra un creciente consumo en productos para dietas y
en las actuales mezclas de cereales para el desayuno (ver
enlace 4). Seignalet también los prohíbe en su régimen
-incluida la cerveza- por las mismas circunstancias que los demás,
pero autoriza bebidas que, como el whisky, son destilados y por tanto
desprovistos de sus proteínas.
El alforfón o trigo sarraceno no es propiamente un cereal, pues pertenece a la familia de las poligonáceas,
sin embargo, se cultiva y usa como éstos. Contiene más calcio que el trigo y varios aminoácidos esenciales, entre ellos el triptófano, presente en las proteínas animales.
Una particularidad de este pseudocereal (que viene a confirmar el que
el Dr. Seignalet lo recomiende), es que, además de su escasa o nula
manipulación genética, plantea pocos problemas biológicos, ya que no puede crecer en tierras abonadas con nitrógeno.
En contrapartida, su continuidad en un estado salvaje o prehistórico y el
casi obligado uso de abonos químicos en las plantaciones actuales, ha hecho que su cultivo disminuya.
Por las referidas circunstancias, Seignalet acepta su ingesta.
EXPERIENCIAS
Mi experiencia
como paciente de Artritis Reumatoide respecto
a los cereales
es también escasa, pero, como ya
conté hablando de los aceites, una de las medidas que tomé cuando decidí la
"autocuración" fue comer menos pan con las comidas y dejar de tomar las dos o tres rebanadas
de pan tostado con aceite
de oliva, mantequilla, margarina o manteca de cerdo que tomaba a
diario en el desayuno y, esporádicamente, alguna noche como cena
ligera. Así, pues, no del todo, pero reduje considerablemente la ingesta
diaria de pan (y por completo la de mantequilla y margarinas o manteca
de cerdo). Ya dije que entonces no conocía las teorías e investigaciones de
Seignalet, que me guiaba por deduciones basadas en ciertas referencias
y mis observaciones sobre las reacciones a lo que ingería. Realmente, ya había oído hablar mal sobre el pan y los cereales, si
bien tenía mis reservas, porque -como casi todo lo que he visto,
oído o leído en este mundo de "expertos" y sabelotodos (y
donde el profesor Seignalet es una de las más notables excepciones)-,
lo mismo había oído bendiciones sobre el pan -y todo cuanto llevara
harina- que todo lo contrario.
Lo que sí parece estar claro es que
acertaba con mis decisiones, y pienso que la eliminación de buena parte del pan
(pastas o galletas siempre he comido poco) en mi
dieta diaria contribuyeron en buena medida a las
mejorías actuales.
SUGERENCIAS
El gran
problema, para los que estamos acostumbrados a comer con pan, es que
no hay alternativas: no hay otros que los que podemos encontrar en panaderías y
supermercados. Una gama mínima, todos de trigo y, tanto los horneados del día como los de molde, provenientes de procesos
industriales (a tener en cuenta que ni los "integrales" son
tal, pues, generalmente, están elaborados con las misma harinas
refinadas a la que
añaden un puñado de salvado). No creo que haya otra solución -si aceptamos la
dieta de Seignalet- que eliminarlo de las comidas o reducir su ingesta al mínimo.
En cuanto al desayuno, tanto para los adultos como para los niños de
la casa, el más saludable y fácil de adoptar -incluso para los
acostumbrados al café y las tostadas con mantequilla-, sería un buen
vaso de zumo de naranja (exprimidas sobre la marcha) y un yogur con
frutas rojas y lactobacilos activos. La licuadora es buena alternativa
para diversificar la toma de zumos con manzanas, peras, melocotones,
piña, etc. (quizás añadiéndoles algo de agua o zumo de naranja).
Los más apegados al pan -aunque no sea aconsejable- podrían optar
por calentarlo (no tostado) y rociarlo con un buen aceite de oliva
extra.
En el próximo artículo seguiremos
con otro capítulo de la
alimentación en relación con la Artritis de acuerdo a las teorías del Dr. Seignalet.
En este caso se tratará de "La cocción de los
alimentos", un tema tan sorprendente como interesante y también de suma importancia para nuestra
salud.
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Relación
de artículos publicados en Arena y Cal sobre:
ARTRITIS
REUMATOIDE
ALIMENTACIÓN Y ARTRITIS REUMATOIDE
por
Alfonso Estudillo
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