Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Asusta pensar qué puede haber o qué hay detrás de los pactos.

En los armisticios, con las firmas puestas al pie de las sumisiones, se entregaban ejércitos, ciudades, hombres, ganados y derechos de pernada, y todo ello sin que nadie del pueblo, nadie de los ejércitos rendidos y ninguna de las mujeres pendientes de “desflorar” pudiese decir nada, y menos aún opinar, pues nada de lo firmado, a la luz de un candil, les era dado a conocer.

En esas sumisiones había rendición, y en la entrega de países enteros, o de alguna de sus partes, lo que había era traición. ¿Algún parecido con el presente?

Tenemos ahora un cierto tufillo que es como la lumbre, si le atizas revive y aumenta su poder calorífico y destructivo.

Muchos son los que a diario atizan para calentar o destruir, según se mire.

Porque, según como se mire, veremos arder las calles o florecer la primavera.

Según como se mire, habremos visto a un Vicepresidente, Rubalcaba, compungido y aterrado mientras asumía una responsabilidad, de índole humanitaria, que no le correspondía, o le veremos como el estadista que, tras tomar una decisión, da la cara y lo explica con valentía (no así Zapatero).

Según como se mire, todo este embrollo del maldito De Juana ha concluido, por ahora, con una sabia decisión que ahorrará males mayores, o no ha concluido y nos traerá más muerte, más particiones y más prebendas cedidas a la luz de la vela.

En todo esto, según como se mire, puede haber algo de traición, o mucho. Algo de cobardía, o mucho. Algo de complicidad, o mucho. No lo sé, pero, según como yo lo veo, lo que sí hay es mucho de ocultismo, y no es bueno.

¿Queremos dos grandes partidos unidos en las cosas importantes del Estado? Pues este no es el camino porque, si ahora, a estas alturas uno u otro acercara su postura a la del contrario sería, llegado donde hemos llegado, por un interés general, pero puntual ¿Alguien se cree que la reconciliación sería duradera? ¿Y sincera?

Años han de pasar para que lo destrozado por unos y otros, en apenas unos meses, se recomponga, o se olvide. Los odios duran generaciones y sus heridas nunca cicatrizan, basta adentrarnos en la Memoria Histórica.

Ya pasó la manifestación del día diez de marzo y todo se ciñe a un “doscientos mil o dos millones” y sobre ese abismo se pretende cimentar la unidad. Que Dios nos ampare por tamaña insensatez. La verdad es que eran muchos en las calles de Madrid y muchos más, millones más, los que también, en sentido figurado, se manifestaban en sus casas. Pero eso ¿qué importa? ¿Habrá servido para algo? ¿Cambiará algo?

Demasiadas manifestaciones para que dejen huella, demasiadas protestas para que haga caso aquél al que le correspondería enmendarlo, demasiadas heridas y demasiados “Tú más” que no arreglan nada.

Pobres victimas. Pobres mandatarios pero sobre todo pobre España que no aprende de su pasado.



 



 

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