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Esos pequeños grandes genios
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Prosa/Narrativa |
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A REY FUGADO… cónsul suplidor
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por Carmen Sanjuán |
Y un día… de repente tomas cuenta que, a uno de aquellos talentosos genios, le ha dado por seguir –inexcusablemente- el curso natural de la existencia. ¡Ay de la vida y su magnánima oficiosidad!
Asimilado, pues, que el tiempo vuela y con él cualquier intento de estancamiento, no queda otra que dejarse llevar por su corriente; eso sí, emergiendo de tanto en tanto con tal de oxigenar la progenitura.
A REY FUGADO… cónsul suplidor
Hace ya un tiempo que los diálogos y conversaciones con Samuel han pasado de presentes directos a mensajería instantánea; los MSN y el MENSAGER pueden resultar de lo más útil como arma conversacional, así que suelo darle bastante uso cuando a tratar se trata, con el mediano de mis duendes. Como en esta ocasión en la extraigo, y textualmente, del carteo al celular:
(Yo, a las 16h)
- Te invito a comer mañana. Ven a buscarme y eliges dónde.
(Él, a las 16:05)
- Okis. Pizzería.
(Yo, dos minutos más tarde)
- A las 14:00 en la puerta del curro.
…
(Él a y las 22:30)
- Oye vieja, K mira, K va a ser K no, K no m’acordao K tengo pito mañana
(hace de juez de mesa en básquet, cuando no estudia ni musicaliza).
(De nuevo yo)
- … ¡Ya me vale! Para una vez que tengo cita, y va y me planta… ¡Juas!
(23:00 y desde otro número distinto)
- Ke digo yo Ke si el Samu no puede, pos Ke yo estoy disponible…
¿Sacrificio aliado? ¿Pasión pizzera?... ummmmmmm
FIEL REALIDAD
Me contaba mi buen amigo Enrico, un pasaje de su habitual rutina…
-
Estando la familia en casa de la abuela materna, sentados a la mesa y a punto de dar cuenta del desayuno, dialogaba Roxana:
-
Hoy… -comenzó su maternal discurso-, he decidido no hacer las diligencias… ya perdimos todo el día de ayer a causa de la
lluvia -continuó-, me sentí algo inútil por el hecho de no hacer nada… y… el caso es que… me empieza a gustar.
Entonces, Daniel, el mayor de los retoños, con sus catorce adolescencias y su porte somnoliento, levantando la mirada del tazón de cereales, contestó tras un suspiro.
- ¡Ah mamá! Bienvenida a mi vida.
Y es que no hay nada mejor que una mayor verdad para dar comienzo al día.
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