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NACIONALIDAD
Huí.
Dejé atrás el voraz
asfalto del lugar en que naciera,
las nubes encrespadas
sobre altos edificios.
Fui hacia la titilante tierra prometida,
vacía de memoria.
Huí de la opresión en la garganta,
de la tenaz injuria por las manos
de una ciudad que no había escogido.
Aún recuerdo, el estómago encogido,
ir por sus calles, entelado y trapo.
Escapé. Aún a veces, el recuerdo
se adensa como en gato de mercurio
y araña con mezquina exactitud.
Pero en esta ciudad
sin mar, sin catedrales,
sin el prestigio absurdo de las moles,
he aprendido a vivir
con todo lo pequeño, por humano.
Huí. Y es el recuerdo
añoranza imposible.
Cuando España era una, grande y libre
tú no habías nacido todavía.
Había de empezar tu biografía
con la muerte en el lecho del patriarca.
Así que las gansadas del calibre
«contra Franco qué bien que se vivía»
o «con él no reinaba esta anarquía»
son como el whisky de una mala marca:
te producen dolores de cabeza,
te causan malestar en la barriga
y, a veces, te provocan diarrea.
En fin, para olvidarlo, una cerveza.
Y que la pálida nostalgia siga
dando a tantos motivo de pelea.
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