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Rincón de la Poesía

Rosa Juan Mena
San Fernando



  



 
 

PALABRAS ELEGIDAS PARA LLENAR TU VACÍO INCURABLE
 


Hoy hacia ti se inclina mi recuerdo,
se escora a tu nostalgia, que no oxidan
las manos laborales de los años
con grasas de pesares malolientes.
Hoy hasta ti desvío mi destierro
voluntario, empujado por mentiras
que no me hieren tanto como tu indiferencia.
Ahora me doy cuenta que es el dolor mi patria
y el lenguaje mi solo confidente.
Late en la sombra el corazón discreto
poniéndole mordaza a sus latidos
y se pone su máscara de fiesta,
una más de las muchas a que el vivir obliga.
Y mi palabra es llave que te abre los sueños
te clausura ventanas al olvido,
y tu voz de mujer te suaviza la carne
ofreciéndome un tacto de espigas indefensas.
Tiene un imán tu voz escondido en las sílabas 
que dejas de caer del pretil de tus labios,
rocío de frescura que agradece mi agosto
en la navegación por tu costa amorosa.
En ti me reconozco, generoso farol
que me alumbra este islote donde llueven recuerdos
como una lluvia inútil sobre el clamor de un páramo
donde la soledad echa oscuras raíces;
pero, cerca de mí, tu cuerpo es la limosna
de un resplandor que sirve de madero a este náufrago
cuando sé que el azar copula con la historia
en un lecho en que somos su esperma ya arruinado,
jirones de la piel de las verdades.
Un recuerdo minúsculo de un día
que hizo fiesta su isócrona costumbre
de vivir, me ha tomado por las sienes,
desamparadas de alegría ahora,
y me salva del viejo precipicio
de la vida, elevándome a otro cielo
en el que aún hay residuos 
del paraíso que estrené contigo.
La placidez es un mantel de agrado
sobre la mesa donde se rompieran
cristales de disputas malhirientes.
La boca es un celoso guardián de las palabras
y oculta en su desván de silencio impostado
aquellas que se muerden su oscura rebeldía
como reo entre rejas gritando su inocencia.
Insomne es este lento corazón de la noche
y en las cómplices sombras esconde su tristeza.
Sé que me desconozco cuando sueño
un mundo que no existe sino en ciertas palabras.
De guardarlas lo mismo que un espía su informe,
me pierdo en ese fondo de un espejo de sombras
que son otras palabras: la de rostros anónimos. 













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