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Hace unos días los medios de comunicación nos sorprendían con esta noticia:

"China ejecuta a funcionario corrupto. El ex director de la autoridad china para el Control de Alimentos y Medicinas, Zheng Xiaoyu, fue ejecutado en cumplimiento de una condena a muerte por corrupción y negligencia. Zheng, de 63 años, fue condenado en medio de un escándalo por autorizar medicamentos que no fueron probados y que causaron la muerte de al menos 10 personas. El tribunal que lo juzgó lo halló culpable de aceptar sobornos de varias empresas farmacéuticas por valor de 6,49 millones de yuanes (unos 850.000 dólares USA). La ejecución se produjo después de que el Tribunal Supremo de Pekín ratificara la sentencia, fallada el 29 de mayo."

La noticia es sorprendente, no porque nos descubra que haya empresas farmacéuticas que nos pongan en el mercado medicamentos que no sirvan para nada, cuando no tóxicos o capaces de producir graves efectos secundarios, sino por la extraordinaria circunstancia de que, por fin, un país, una administración estatal, se atreva a tirar de la manta y, tras la inapelable acción probatoria de un juicio (ratificado luego por el Tribunal Supremo), poner al descubierto las infames prácticas de, al menos, algunas de las empresas englobadas en las industrias del medicamento y los productos químicos, uno de los negocios más lucrativos del mundo, y que, en su mayor parte, son propiedad de los dueños del Universo, o sea, la Banca.

Como sé que muchos de nuestros más conocidos laboratorios y empresas dedicadas a la elaboración de fármacos extienden sus redes de fabricación y comercialización por todo el mundo, he intentado encontrar los nombres de algunas de las marcas o empresas implicadas, pero... que si quieres arroz, Catalina. Leídos más de doscientos artículos publicados en Internet sobre el tema, aparte de referencias a otros fraudes ya conocidos, entre ellos la muerte de más de cien personas en Panamá por jarabes contra la tos o la comida contaminada que causó la muerte de mascotas en EEUU, o el último de la, aparentemente falsificada, pasta dentífrica de la marca Colgate, en ninguno de ellos se cita ni por asomo el nombre de las mismas. Podría ser que las susodichas empresas o marcas se llamen algo así como "Laboratorios Shoyun Piyin" o "Antibióticos Yonokuro Yomatho", pero también podría ocurrir que algunos de los nombres sean los mismos que se reflejan en las cajitas de los muchos potingues que compramos en nuestra farmacia habitual y que nos vemos obligados a tomar cada día.

Imaginando un poco no cuesta mucho pensar en la cara de espanto o las posibles cagaleras que les entraría a más de un responsable de las áreas citadas por estas zonas occidentales cuando pusieron el Telediario y vieron la noticia. ¿Se lo imaginan?: "Joder, coño, la hostia... Mira que si a estos socialistas de la leche le dan por seguir el ejemplo de estos chinos y me descubren lo de... Porque estos capullos, con tal de conseguir unos votos, son capaces hasta de escupir al cielo... Uufffff... Fíjate la que me han montao en Marbella y... y por ahí, joder, por todas partes... Que ya hasta los jueces... Como me cojan lo de... bueno, o lo de aquella del producto que... Joder, que me van a emparedar vivo... La madre que los parió..."

Pues, no, señor mío, no se preocupe que no es para tanto. Aquí por estas latitudes, inmersos en nuestra ancestral cultura del "trinca y calla, joío", es más difícil que jalen de la manta en según qué negocios. Puede que un traslado a otro negociado más modesto y entapujado o, como mucho, unos mesesitos en algún hotel de la cada día más popular cadena Behind Bars con todos las gastos pagados. Y condiós muy buenas. Aquí, se siente quien se siente en la poltrona de arriba, ondeen los colores que ondeen en el mástil de la fachada y sea rosa o pájara quien firme en los papeles, se hace siempre lo que diga el Jefe. Y sepa Vd. que en cada una de las carteras que se reparten el día después va un pequeño catecismo en papel pergamino con los diez mandamientos del buen preboste, el primero de los cuales dice "El Jefe es siempre el Jefe y el que ha entrado nuevo su profeta." Y el segundo: "No tomarás el nombre del Jefe en vano ni se te ocurrirá nunca mentarlo en ninguna parte." Y el tercero: "Los amigos del Jefe son mis amigos, y son intocables estén donde estén." Y así hasta diez. Así que...

A mí, señor amigo del Jefe, si te trincan un día, lo que me gustaría no es que te hicieran lo que al chino, ni que te alejen de donde afloran los garbanzos o te paguen vacaciones en hoteles del interior, ni siquiera que te corran a gorrazos.

A mí lo que de verdad me gustaría es tener la inmensa dicha de ver cada día a tu Jefe...

De verlo pasar cada mañana por delante de mi casa, dibujado el rostro con el sufrimiento de esas otras vidas que jamás le importó y con la mano tendida pidiendo unas monedas para comer. Se las daría gustoso. Y hasta lo haría pasar para sentarlo a mi mesa y compartir con él mi cacho de pan. Cada día...

Pero eso es un sueño...







 

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