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Casi, casi, lo mismo de siempre y con tres párrafos lo despacho.

Un opositor dedicado a lanzar, a la línea de flotación, misiles cargados con la misma carga que viene utilizando en sus intervenciones más o menos recientes, según se valúe el tiempo. Estuvo, eso sí, insistente e incisivo y, a ratos, obligado a responder cuando en realidad era el preguntador. Cosas del parlamentarismo.

El otro, tanto o más incisivo, ni respondía ni negaba ni asentía. Sólo su permanente sonrisa hacía saber que escuchaba. El uno, claro, era Rajoy y el otro –también lo han adivinado– Zapatero.

Pero todo lo del debate ha quedado lejos, y eso que a premios por hijos, se descuelga el PP con bajadas de impuestos. Las mayores de la historia, dicen. Promesas.

Fin del debate.


Hoy mismo me he enterado que a Woody Allen, ese extraño y pintoresco director de cine extranjero, nuestro país le ha subvencionado por rodar unas escenas en España, en Barcelona concretamente, y yo me pregunto si no es bastante estupidez la subvención al cine español, y la obligación de verlo en España, como para dar el sobrante a un director extranjero por bloquear calles y abordar barrios completos. Siempre he creído que las subvenciones son ayudas, generalmente pequeñas, para echar una mano a quien tiene calidad pero no fortuna (no es el caso). Se que no. Las subvenciones son, desde hace mucho, el pienso de los afines o el agradecimiento de inconfesables favores.

Lo mismo, lo de los favores y los piensos, ocurre, demasiado a menudo, con las remodelaciones de los Gobiernos.


Ya hay mucha gente de vacaciones y quiero advertirles de los famosos puntos.

Tengan cuidado en las carreteras, pues si no perderán puntos y vida. Pero aún poniéndole prudencia al asunto pudiera sucederles eso que leo en estadísticas que me sorprenden. Veamos en Soria, que me queda cerca: en el primer semestre de 2007 han muerto, en accidentes de tráfico, en la provincia, el doble de personas que en 2006 cuando no existía el carné por puntos, mientras que los accidentes pasan de 539 a 512 y las infracciones por exceso de velocidad también han descendido en un significativo porcentaje. Además la expedición de nuevos permisos de conducir bajó a 759 desde los 835 del pasado año. Todo desciende menos los muertos. No hacen falta más datos, mi conclusión, ya expuesta en otros escritos, es que las carreteras de España -de Soria en este caso- son una porquería y las culpables, en muchos casos, de la muerte.

Acabaré, como un gesto de pleitesía a las vacaciones, reseñando un pequeño puñado de buenas noticias.
Por fin vemos, casi a diario, que se vuelve a detener terroristas -creo recordar que Otegi y De Juana siguen encerrados, ¡Ojalá nunca vean la luz!-. Es una buena noticia, no cabe duda -supongo que antes no podía hacerse ¿?- y también lo es que el Fiscal General del Estado lleva una temporada calladito. Y lo es que el juicio a los inculpados por las muertes del 11 M está visto para sentencia.

Durante unos días, magnífica noticia, hemos estado sin fútbol, bendito sea el Cielo.

No creo que la pena de muerte sea plausible ni una buena noticia, pero, ¿cómo se les ha quedado el cuerpo al saber que en China han ejecutado al responsable de la agencia sanitaria, quien, soborno de por medio, autorizaba la comercialización de productos nocivos? Sí, productos como ese Colgate venenoso.


Buena noticia, para mí es que la Alhambra no haya sido elegida como una nueva maravilla de la humanidad. Nos hemos ahorrado reivindicaciones islamistas y problemas de importancia con la “alianza de civilizaciones”.

Otra buena noticia es el regreso del ex ministro señor Bono. Y no lo digo porque en lo político sea bueno su regreso, ni porque piense que su aportación a España, a estas alturas de su vida pública y tras la paliza recibida en la calle, vaya a ser la panacea de un sinfín de cosas, que va, para mi es una estupenda noticia y debían estar de acuerdo todos ustedes, pues si andamos atentos a sus obras, pero sobre todo a sus palabras, estoy seguro que tendremos ocasiones para la carcajada. Yo, con él, me río mucho.

Y por fin, la última buena noticia que quería referir, lo es para ustedes. Saben que Arena y Cal se publica once veces al año, todas coincidiendo con los meses del calendario, a excepción de uno que se funde en otro: julio y agosto. Y en eso estamos, un mes se librarán de mí. Me alegro por ustedes, que lo disfruten, aprovéchenlo y, en septiembre, vuelvan de nuevo a Arena y Cal.



 



 

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