Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
En los últimos meses quedo todos los viernes con una gran amiga mía para ir a un bar que está cerca de Ciudad Lineal, muy cerca de mi casa. Antes mi amiga trabajaba también cerca de allí y tenía como rutina tomarse unas cañas en ese bar después de salir de trabajar. Con el paso del tiempo, ese bar y la gente que lo frecuentaba comenzó a formar parte de su vida y por extensión de la mía.

Entre esas cuatro paredes mi amiga podría contar dos grandes historias de amor, cuando una terminó, la otra, sin darse cuenta, comenzaba. Pero era una historia cuyo fnal ya estaba escrito desde antes de que se dieran el primer beso. Cuando yo empecé a acompañarla, todo eran alegrías, sonrisas y esperanza. Yo me acostumbré a pasar inmersas tardes de viernes allí hasta que se juntaban con la madrugada. Cogí cariño a la gente, sus compañeros eran ya mis compañeros, su vida formaba ya parte de la mía. Pasé horas eternas intentando canalizar mis sentimientos hacia la escritura, si algún día se publicara algún libro mío, medio bar se lo compraría, seguro. Todo el mundo ha aportado ideas, me contaban historias de los clientes habituales por si me podían servir de algo. Me sentía inmersa en La Colmena de Camilo José Cela.

Entre caña y caña y los mejores Brougales con coca cola que me he tomado en la vida, la historia de amor o de esperanza seguía su curso y yo, única persona que conocía el gran secreto, sonreía a mi amiga desde una de las esquinas intentando que mi mirada delatora no hablara por mis labios. Pero la vida es muy dura a veces y hay cosas que no pueden ser, simplemente porque sí. Historias dañinas, amores imposibles de esos que tan bien se me dan a mí.

Ayer volví a ese bar con mi amiga. Íbamos las dos contentas, como siempre, ella con la alegría dibujada en sus ojos y yo con mis tonterías de siempre. Parecía una semana más, nada era distinto, sólo había cambiado el camarero. Cuando algo pasa yo lo noto, aunque no sea perceptible para los demás. De repente comprendí que la verdadera historia, la más importante, no me la había contado nadie, lo que a mí me ha llegado al corazón es aquella de la que yo he sido testigo silencioso cada siete días. Hoy todo es diferente, pensé mientras seguía comiendo boquerones en vinagre, que me encantan desde pequeña y es de lo poco que puedo comer por el momento.

Y la historia se acabó, sin un adiós, sin un lo siento, sin un esto no puede continuar así. Simplemente sé que no volveré a ese bar que ya se había contagiado de mis risas, que ya formaba parte de mi rutina. Podría dibujar, si supiera hacerlo, claro, el momento en el que me di cuenta de ese detalle. Él ya no era el mismo y ella estaba asustada.

Nos despedimos como siempre hasta la siguiente semana pero las lágrimas de mi amiga al salir del bar me hicieron ver que no estaba equivocada. Y no se arrepiente, efectivamente, lo que no puede ser, no puede ser, sin embargo, en la vida, a veces, compensa cometer errores bonitos para poder quedarte entonces con un bello recuerdo. Y ella siempre le recordará y yo siempre los recordaré a todos cada vez que coma boquerones en vinagre.



 



 

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