Página anterior. Volver Portada gral. Staff Números anteriores Índice total 2007 ¿Qué es Arena y Cal? Suscripción Enlaces
Es cierto que el amor es uno de los temas más recurrentes de la poesía. Es casi columna vertebral de ella, y las vértebras, la diferente experiencia de cada poeta. Neruda puso al día la sensibilidad amorosa que antaño acuñara Bécquer. Miguel Hernández hizo lo propio en la poesía amorosa que conocimos editada por Losada de Argentina a comienzos de los sesenta. Es deber de cada poeta que trate este tema añadir un rasgo de novedad a la exhibición de sus sentimientos íntimos.

Difícilmente escapa el poeta a recrear una atmósfera amorosa en la que no corra peligro de repetir modelos anteriores o bien expresar los propios intentando incubar expresiones novedosas.

En el poemario Taberna inglesa de Víctor Jiménez (Sevilla, 1957), editado por la Casa de Galicia en Córdoba, adopta las actitudes de todo poeta intimista que siente pulsada la cuerda del amor. ¿Se puede rehuir un lenguaje de lo sentimental? Entonces el poeta tendría que alambicar sus módulos expresivos hasta extremos retóricos. Consciente de que una cierta espontaneidad es rasgo sincero e inevitable, el poeta de este poemario, básicamente amoroso, asume tales dificultades y procura en ocasiones esquivar los tópicos que acechan a estas emociones entre los bastidores del sentir común: “Si todo fuera siempre tan sencillo / como abrirte la puerta de mis sueños, / como olvidar quién soy cuando apareces, / como decirte ahora que te quiero / con mirarte a los ojos, sin palabras; / si cerrara los ojos un momento...”

Pero el poeta no se deja ganar por la pasividad del lenguaje y reacciona, como quería el formalista Shklovsky cuando teoriza sobre la automatización de las palabras ya consagradas por el uso, y asevera al final: “Aquí están las palabras que dejaste olvidadas / en mis labios, mi pecho hace ya muchos sueños; / ignoradas palabras que no sé si algún día / leerás algún día cuando yo esté tan lejos / que será de un extraño esta voz que te llega, / esta voz de otro tiempo cuando tú eras la playa / para el mar de mis sombras. Las palabras desnudas / que encontré en esas horas eternamente lentas / de abandono y desvelo, de penumbra transida...”

El esfuerzo del poeta por sacar el registro amoroso de sus riesgos consabidos debe ser tenido en cuenta con la particularidad antedicha de que una excesiva elaboración podría falsear los sentimientos.

Alejandrinos, endecasílabos, heptasílabos, sonetos de arte mayor y menor, incluso estrofas sueltas con intención si no sentenciosa, si lapidaria hacen de este poemario -XVI Premio Rosalía de Castro-, dentro de una sencillez ya avisada por el autor, una lectura entretenida y no exenta de frescura, a pesar del peligro y/o compromiso de lexicalización que conlleva toda poesía amorosa.







 

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