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¿Recuerdan el refrán? A río revuelto ganancia de pescadores.

Así es, pero una versión moderna que acabo de inventarme dice: A rey cabreado, periodista defenestrado.

El pasado 10 de octubre, el presidente de Cantabria dijo, y por ello se complicó la vida, que en una reunión encontró a Don Juan Carlos más indignado con algunas personas de derechas que con aquellos radicales que queman su foto. Y se armó la marimorena.

El Rey contra la derecha y todos con él. ¡Tararí, tararí!

Pero he aquí que un periodista peleón, y contrario a casi todo, Federico Jiménez Losantos por más señas, pide, desde su micrófono, la abdicación de nuestro monarca a favor de su hijo. Y lo repite en una entrevista a la que se somete en la televisión autonómica de la Comunidad de Madrid. Y le veo, de nuevo, insistiendo en un corte como respuesta a una pregunta en la antesala de otro acto público. Es casi una obsesión pero, periodista él, y libre él, dice lo que quiere y además, en lo dicho, dice no ver, ni creer que haya, nada delictivo, ni tan siquiera ofensivo. Federico Jiménez Losantos, con sus palabras y su actitud en demanda de una legítima y legal abdicación, está dentro de la legalidad y no quema fotos.

A todo esto y sin aportar nada que se parezca a la serenidad propia de la corona, el monarca, en público, aunque la casa real diga que fue un acto privado, en público, como decía, habla del asunto y por ello se enfrenta —en presencia del presidente de Gobierno y otras gentes socialistas, impasibles y silenciosos todos ellos— con Doña Esperanza Aguirre, Presidenta de la comunidad de Madrid y única defensora, hasta el momento, del ínclito periodista.

Insinuó, el Rey, la posibilidad de pedir a la Conferencia Episcopal el cese del periodista en su cadena de radio, y la señora Aguirre, ante tal disparate y con el debido (?) respeto, le recordó que lo peor es quitarle el micrófono a un periodista pues conseguirá otro y seguirá diciendo, con más énfasis, aquello que dijo y tanto enfado provocó. Se atrevió, además, a decir en voz muy alta que Federico Jiménez Losantos se merecía un trato más humano y que si el autor de esas palabras que tanto enfadaron a nuestro Rey hubiese sido Gabilondo, el Monarca le hubiera invitado a comer. El Monarca, dicen que calló.

Casi nada. En todo esto se aclaran posturas y se ve que quizá sí sea necesaria la abdicación de un Rey que ha olvidado, a estas alturas, lo que es la libertad de expresión, pero que sí recuerda las formulas para inducir, o imponer, la toma de unas medidas entre las que pueden estar la extinción de un contrato laboral.

Con el Rey hemos topado.

Llegado a este punto tenemos que volver a preguntar ¿Dónde dice que pedir la abdicación de un Rey es delito? ¿Dónde está prohibido? ¿Dónde se ajusta la pena? ¿Y qué pasa con la quema pública de fotos y monigotes reales? A esto último ya hay respuestas, el Rey y Zapatero, coinciden (¡qué casualidad!) en opinar que eso de la quema no es un hecho preocupante, porque es previsible en pequeños grupos, sin importancia, de radicales incontrolados. ¡Olé!

Pues sepan ustedes que, con todo esto, estoy pensando en cambiar de Rey.



 



 

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