El Arte se relaciona con la sociedad en cuanto la observa, analiza y construye para ella unos lenguajes que la muestran en sus aspectos constitutivos relevantes.

El Arte incorpora en su quehacer necesidades funcionales: arquitectura, diseño de objetos de uso diario, relaciones con el espacio habitado amalgamables y relacionadas con quienes lo habitan.

Luego, se debe reconocer que las sociedades en sus diversos momentos han manifestado formas de relacionarse y existir.

El trabajo de los artistas con estilos y materiales disímiles, han construido cosmogonías colectivas e individuales que con el correr del tiempo, la información y opciones culturales han trasuntado en obras artísticas (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

La relación Arte y sociedad, viene dada desde el principio de la vida.

Cuando es el medio ambiente; el entorno, que contiene la existencia dota al Arte de significados, pero también construye herramientas, estructuras y eventos que se establecen como relevantes para los grupos humanos presentes (el nacimiento, la muerte, la guerra, la paz, la caza), del mismo modo, la pintura, el lugar de refugio y, en definitiva, los seres humanos en comunidad, generan una pertenencia y representatividades.

La sociedad con estas cargas y distribuciones de roles, muchas veces dotadas de aspectos culturales que determinan el género para los mismos, construye formas de representación (plásticas, gráficas, escultóricas, audiovisuales), a lo largo de la historia, mostrándonos su evolución (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

La situación posibilita, por medio de este reconocimiento de género y muestra, el observar las identidades que habitan geografías, que usualmente influencian a las estéticas y otras manifestaciones que al día de hoy, más estilizadas, siguen y continúan con una gran carga mística (flora y fauna, fechas y cambios asociados a lo climático), en las identidades personales y colectivas. Las cuales son luego parte constructora de la sociedad, y como toda construcción es procesual, aún sin el consentimiento de la misma. (influencias teóricas, matéricas, modas, descubrimientos geográficos y científicos) (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

Como la corporalidad es la que acoge y desplaza a estas identidades, surge en los grupos, casi sin exclusión, la necesidad de diferenciarse, para lo cual, los símbolos, colores, diseños y adornos significativos juegan un rol relevante.

En este aspecto, es importante observar que éstos guardan, una profunda relación con el entorno (el textil mapuche contiene una importante visualización del medio ambiente natural, la vestimenta típica del sur de Alemania, del mismo modo, incorpora la flora del lugar en bordados de gran oficio).

Los grupos constituyentes de estas sociedades, propenden a reunificarse con el medio que los rodea, es lo que en ocasiones solemos entender por folclor.

Dicho proceso origina una parte de la identidad cultural, que estaría constituida por un desarrollo más complejo de la existencia, planteamientos filosóficos y psicológicos, incluso de las mismas que el folclor consignaría de manera más anecdótica adicionándoles elementos que conjugan lo real con lo irreal.

Esta mirada conjugada (lo real e irreal), es lo que hace en parte la obra de Marc Chagall, un aporte a la lectura del Arte contemporáneo, cuando integra relatos campesinos de su aldea natal a la creación pictórica. Este artista ha incorporado el concepto, la idea, el relato, el cuento (que se han mantenido en el lenguaje y ha sido distribuido con el mismo) a su obra, ocupando materiales y soportes que se venían utilizando desde hace siglos, o sea, el aporte radicaría en cómo el artista ha traducido ese lenguaje al construirlo desde su conocimiento y articulación de elementos compositivos que ha considerado pertinentes, a una plástica bidimensional cromáticamente singular con una lectura surreal, del sueño o lo lúdico con formas que pertenecen al mundo de lo real pero habitando el lúdico.

Esta propuesta de lectura en un ambiente direccionado que observaba el Arte como una fotografía de lo real y de lo real usualmente lo más conservador, vino en establecer que la sociedad y el Arte por cierto, lleva, traslada, adiciona e integra a todas las existencias, aún las más estigmatizadas por lo oficial, lo políticamente correcto o por una franca percepción reaccionaria.

Lo comentado es un fenómeno que sucede también en otras latitudes y, por cierto, con otras connotaciones en el lenguaje pictórico y en la estética. Esto demanda igualmente que la sociedad sea capaz de observar en la producción de Arte una actitud que discierna sobre cómo los fenómenos significativos para lo rural y lo urbano, no se conviertan en modos productivos con fines claramente económicos y de consumo (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

La postura contestaría y estoica de los movimientos estudiantiles de los años sesenta y, más tarde, de los setenta y ochenta (Hippie, Punk), han terminado en modas, evolucionando a una estética ecléctica que no habla ni mantiene la idea original, a la inversa, la descompone en un aparataje visual.

La sociedad debe observar que su existencia y muestras de la misma son de una validez que nace de sí misma y la capacidad analítica de estos fenómenos estéticos y sociales invertirán la actitud reduccionista del decorador. Es la sociedad quien construye espacios físicos arquitectónicos donde establece habitabilidad, recreación, ocio, salud y trabajo, entre otros. El Arte proporciona la oportunidad de indagar dichas especialidades de modo de reconocer qué está ocurriendo con los grupos humanos que allí habitan, aclara si los espacios construidos, generan la capacidad de reconocerse, cómo lograr establecer coordenadas de satisfacción o insatisfacción, intervención y cambio en o los espacios habitados colectivamente. ¿Cuáles son estas coordenadas significativas para la juventud, los ancianos los niños? …. ¿Cómo encontrar una arquitectura que los represente y presente a la sociedad toda?...

Son cuestiones factibles de llegar a comprender como necesarias y por medio de este preludio derivar a fases más conclusivas en los ámbitos que la constituyen (cantidad, ubicación espacial, diseño, flujos de entrada y salida, relaciones urbanas y comunicativas con el entorno, plazas parques, áreas urbanas, patios, parques, centros culturales, entre otras).

Se observa en este ejercicio lo relevante del Arte no sólo en el ámbito creativo, al cual la enseñanza del Arte tradicional direcciona casi todos sus esfuerzos.

Lo planteado, es también un espacio para expresar emociones acerca del ámbito en cuestión, es decir, cómo el Arte interactúa entre lo cotidiano y colabora para que éste sea una posibilidad de transformación; lo que brinda el Arte no concede límites, de allí que la comprensión, análisis, propuestas y emocionalidad sean probables de manifestar en los más diversos soportes creativos (multimedios, experimentales, tradicionales).

La habitabilidad permanente se caracteriza por el uso de objetos para fines y ocasiones.

Reconocerlos como parte del acervo cultural, de la influencia y las necesidades, desarrolla el criterio en cuanto a su cantidad y real necesidad. De la misma manera unas formas representativas de quienes las manipulan, en este sentido el análisis estético viene en proveernos de las necesarias normas compositivas para una objetualidad y habitación (uso del espacio), que mantenga una unidad y retenga, en caso de ser pertinente, nexos con el antecedente originario (étnico, emigrante), constituyéndose en un lugar vitalizado por el Arte y de resguardo de una historia y unos sucesos relevantes para quienes lo habitan.

Los nuevos soportes tecnológicos son nuevas posibilidades creativas, el Arte acerca a las personas a estos medios desde la mirada crítica y abierta que brinda el poner en duda el pragmatismo de un solo uso, una sola posibilidad.

La sociedad observa el acto (uso creativo y analítico de las tecnologías), como una actitud que la acerca; comprenderlo desde la educación inicial facilita, su acercamiento y análisis, cuando aquéllos se presentan en la medialidad. Estas primeras relaciones con las nuevas tecnologías (TICS), brindan la gran oportunidad de observar e investigar acerca de cuál es la real percepción de los jóvenes frente a las mismas, debido al carácter inicial en complejidad como a la transversalidad con que son factibles de utilizar, así mismo, permite establecer el carácter comunicador y relacionador que éstas contienen, las posibilidades creativas y lo que los jóvenes estudiantes observan como deficiencias e incluso nuevas probabilidades de trabajo. Tales reconocimientos facilitarán que los futuros integrantes y actores sociales, accedan de mejor forma a las fuentes de información de todo orden con la posibilidad de saber que aquellas albergan el Arte (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

En la sociedad de la información usualmente se encuentra a los estudiantes, en la calidad de receptores pasivos, las posibilidades de respuesta son menores cuando se desconocen las herramientas tecnológicas y, aún más, cuando las respuestas carecen de una originalidad que puede ser dada también desde el análisis artístico.

Los niños y jóvenes de hoy podrán acceder a la metainformación desde una mirada personal o colectiva con respuestas críticas, constructivas y de discusión, aminorando el carácter receptor y conductista a que la uniformidad del pensamiento nos pretende llevar. Sin embargo, no se debe desconocer que la creación de mensajes multimediales facilita, por otra parte, el trabajo colectivo (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

Al contrario de lo que se pretende dar a conocer, la situación personalista que se le confiere a las nuevas tecnologías pasa, como antes se mencionaba, porque no se han desarrollado otras posibilidades (creativas, informativas, redes solidarias, discusión). El proceso educativo, por su carácter procesual, facilita llegar a este lugar, de manera dinámica, transversal y experimental, pese a esto, se observa cómo los establecimientos aún no generan una cultura al respecto, pese a los mismos intereses planteados por los estudiantes, continuando una formación escolar que se relaciona más bien con el planteamiento ilustrado y conductista del siglo XIX.

Hasta aquí se ha visto que el Arte está profundamente ligado al estudiante como medio comprensivo y creativo, y del mismo modo, lo acerca a la comprensión de la sociedad de una manera sensible, transformadora, innovadora y crítica, que potencia otras áreas del conocimiento y desarrolla aspecto sensibles de su personalidad determinando una visión del mundo como Arte (Eisner, 1998).

No obstante, se debe reconocer que la escuela es el espacio socializante por excelencia, asegurando aprendizajes selectivos que propenden al crecimiento y la posterior inserción social del individuo (Gobierno de Chile. Mineduc, 2000).

La atención se ha concentrado entonces, en el individuo estudiante y el constructo guiador escuela que presenta una guía abierta y transversal, de participación y colaboración. ¿Qué puede hacer el Arte en general, y las Artes Visuales en particular, para aumentar la calidad de vida individual y social? ¿Cómo aporta a la existencia?

La relevancia que posee el Arte como disciplina escolar, está dada por el aporte que hace al abrir nuevos espacios revitalizando la existencia en una sociedad que tiende a la uniformidad. Debido a las posibilidades infinitas que las nuevas tecnologías ofrecen, así como la diversidad de poblaciones a las que se dirige el mensaje unificador y globalizante, más no una globalización de la diversidad... el acto creativo liberador adiciona a lo compositivo todo lo que el trabajo permanente ofrece, nuevas posibilidades, en la mirada de Eisner (1998):

“Si el Arte es algo, es una calidad de vida que se disfruta por sí misma. En un orden social, que tiende a incentivar el que las personas traten los objetos y a las demás personas no como instrumentos, las Artes llaman la atención sobre los aspectos no instrumentales de la vida. La obra de Arte visual es una forma a explorar visualmente, los ritmos de la obra, su forma, su entorno, su color, hacen que se avance por un camino cualitativo. La experiencia estética es un proceso que emerge del propio Arte. A diferencia de tantos otros tipos de actividades humanas, la experiencia que constituye el Arte no empieza cuando ha acabado la indagación; no es algo que se encuentra al final de un trayecto, es parte del propio trayecto (Eisner, 1998:255). 

Con respecto a esto último, resulta importante observar los planteamientos de Eisner, en relación a los diferentes estadios de la enseñanza media en Chile en la especialidad de Artes Visuales...

A saber, cuando el autor plantea “explorar visualmente” esta percepción, no sólo es factible de contenerla en la observación de obra sino vista como una idea, promueve la capacidad de entender el estar y habitar un lugar. Se puede asociar al primer nivel de enseñanza media, (Arte, naturaleza y creación), donde el “explorar y registrar, apreciar, profundizar y expresar ideas”, son parte fundamental de los contenidos relacionados con el medio ambiente, de la misma forma, promover el cuidado y responsabilidad frente al mismo.

El Arte viene a profundizar las posibilidades de comprensión de la sociedad que el estudiante habita desde una mirada medioambientalmente amigable.

En el segundo nivel (Arte, persona y sociedad), la idea de que el Arte emerge de su propia experiencia, factibiliza el reconocerse como género (femenino y masculino), y como éstos a lo largo de la historia son observados y, más tarde, entendidos en funciones y acciones; luego, cómo los seres humanos se han dado diversos puntos de encuentro y desencuentro (la festividad y la guerra, por citar algunos). El análisis de obras, su creación e investigación, posibilitan aprender de la historia reconociendo que estos hechos, ritos y reuniones humanas son una resultante de voluntades, coincidencias y desacuerdos que involucran a la sociedad en escalas diversas de participación y responsabilidad. Se reafirman así, las identidades colectivas y personales, por ejemplo, en el folclor y artículos de uso cotidiano (adornos, objetualidad funcional).

El Arte valora los aportes que hace a la vida en sociedad y personales, haciendo de esta práctica una situación inclusiva debido a la importancia que da a los grupos específicos (étnicos, urbanos, campesinos, entre otros).

Eisner (1998), en su lúcida percepción del Arte, facilita el arribo al tercer nivel de la enseñanza media (Arte, entorno y cotidianeidad). El Arte en este estadio comprende el universo juvenil y sus características como la del valorar y reflexionar acerca de los procesos y productos artísticos. El trayecto sin fin que Eisner plantea, se encuentra concatenado con la sociedad y las personas, en este caso, con una parte adolescente y joven de ella, en el mismo contexto y vitalizando la idea del camino, ¿Quién podría decir exactamente las posibilidades expresivas de una generación a otra, aún cuando las bases teóricas fuesen o tuviesen coincidencias notables?...

Sólo basta observar la segunda mitad del siglo XX y podemos ver con claridad que las juventudes se han manifestado, encontrado y desarrollado diversas modalidades expresivas que han intervenido con mensajes y propuestas el mundo medial y social. El trayecto propuesto por Eisner (1998), dice relación también, con la habitabilidad estructural y espacial (arquitectura y espacio público). Allí es donde el Arte muestra cómo las sociedades han solucionado problemas y necesidades, evidenciando las diferencias (pobreza y riqueza), ocupación territorial y como el constructo hogar-casa, es luego un reflejo de la percepción de la existencia. El Arte y, en especifico, la arquitectura, muestran opciones que las sociedades se han dado en todos los tiempos, generando obras que involucran el espacio habitado, asumiendo con estas estructuras una visión de la sociedad, aún sin que estos constructos sean de importancia y sólo reflejen grupos fácticos de interés reducido. La experiencia que brinda el reconocer este fenómeno posibilitará la construcción de espacios que contengan una mirada diversa y trascendente basada en la percepción colectiva, generando a la vez una colectiva la solución arquitectónica.

Del mismo modo, el análisis de la producción de Arte ha significado, muchas veces, ser parte fundamental de transformaciones sociales como defensa de las mismas, estableciendo con ello los momentos en que el Arte se ha vuelto una mercancía, como cuando ha intentado ser guía, voz de alerta, denuncia y cambio, liberando al ciudadano de la percepción reaccionaria del mismo, que la actividad creadora es indescifrable o que contiene aspectos relacionados única y exclusivamente con códigos estéticos.

En el cuarto nivel, Eisner (1998) nos acerca al comienzo de su propuesta, el último estadio de la enseñanza media (Arte, cultura y tecnología), debido a la conexión con los diversos lenguajes especialmente los contemporáneos, caracterizados por una fuerte carga tecnológica. En la denominada revolución de las comunicaciones, el fenómeno de conocer, trabajar, crear y experimentar con las mismas, facilitará la comunicación, pues es un fenómeno activo, cuando incorpora mecanismos de reproducción, cuando se vuelve fundamental en las áreas de relaciones humanas (laborales, familiares, sociales), facilitando la expresión de opiniones y emociones. ¿No es esto acaso una razón suficiente en la actual globalización económica que pretende objetivamente asumir la comunicación como un intercambio de información y una cuestión mercantil, en contrario al intercambio de ideas?

El Arte no es ajeno al fenómeno global, y desde sus miradas ha desarrollado una obra contestataria como propositiva frente a lo mencionado. En este sentido toma entre otros aspectos la fragilidad a que nos lleva la falta de comunicación e intercambio. Eisner (1998), con su propuesta de Arte y las posibilidades que éste ofrece al ser humano contemporáneo sin desconocer su pasado, es un camino por recorrer que contiene alternativas para una mejor calidad de vida, comunicación y reconocimiento de la sociedad para su intervención…

Dicho de otra manera, disfrutar del proceso creativo como un logro, lo que produce una recompensa cualitativa en el proceso y desarrollo de la vida con los demás, con los otros. Pese a los argumentos anteriores, Eisner (1998), con la misma lucidez, nos vuelve y revuelve...

“En una época en que nunca había sido mayor la necesidad de personas sensibles, resulta paradójico que se preste tan poca atención al desarrollo de la sensibilidad en las escuelas. Pero se podría especular que, en la medida en que los hombres están encallecidos entre sí y frente al entorno en el que viven, la probabilidad de aumentar la calidad de vida es, sin duda, pequeña. Sería una exageración decir que basta con la educación en las Artes; sin embargo, sin ella, las perspectivas parecen desoladoras” (pág. 257)

Entonces ¿cuáles podrían ser los aportes que el Arte brinda desde la mirada de los tiempos modernos?...

Vitalizar la existencia en un tiempo donde el trabajo se ha constituido fragmentario y rutinario, una calidad de vida en sí misma y desde sí misma, reconociendo los aspectos no instrumentales de la vida como una situación que hace crecer la capacidad sensible, empática y solidaria, la obra de Arte, especialmente audiovisual o que contiene las nuevas tecnologías, facilita de mejor forma la capacidad de explorar visualmente, haciendo de esta observación un avance cualitativo en el mismo acto.

La experiencia del Arte es transversal pues, como la existencia, no tiene un comienzo ni un fin determinado, desde el postulado teórico como desde el estético, es un trayecto, y este trayecto es lo importante más que la necesidad de llegar a un resultado determinado por exigencias de índole diversa, en palabras de Eisner (1998)

“Así, una importante aportación de las Artes a la sociedad contemporánea es la de servir tanto como la experiencia como de recordatorio de que no se debe considerar que la vida sea una serie de medios para alcanzar un fin deseado. El Arte nos recuerda que el acto de observar intensamente, de abrir la sensibilidad al entorno produce una recompensa cualitativa en el proceso de vivir” (págs. 255 y 256).

De lo anterior se desprende que el Arte, construye en gran medida el estar y habitar un lugar y la existencia, la experiencia del Arte y quienes se relacionan con él y, más aún, quienes la reconocen en su accionar cotidiano, establecen más rápidamente los ámbitos de la selección y lo específico.

Desde una mirada ejecutorial de acciones donde los individuos tuviesen una paleta amplia de finalizar dichas acciones, la diversidad que el Arte nos promueve pudiese no tener algún impacto importante, sin embargo, la actualidad tiende a particularizar el trabajo y cada vez es menos posible finalizar una labor de manera individual. En este sentido Eisner (1998) propone que las Artes dan a los hombres la posibilidad de iniciar, continuar y concluir lo que empiezan, quien lo realiza se identifica y responsabiliza del mismo, es decir, el hombre vuelve a ser homo faber. El trabajo en las Artes promueve la capacidad de apreciar o desarrollar la visión microcósmica; se aleja de lo monumental, se acerca a los aspectos internos de la vida en sociedad y personal que, por cierto, guardan una relación con la colectiva, desde su aceptación y el rechazo.

Al trabajar con esta posibilidad de observar la escala humana, como hemos visto, se está construyendo la posibilidad de ver e investigar los intereses sensibles en el ser humano, esto es lo que según Eisner (1998) “nos permite dar sentido al mundo”. El Arte provee, como hemos visto, de sentido y también de sensibilidad. Luego, cuáles son las exigencias de lo que significa trabajar con el Arte, algunas de ellas son: “perfección, selección y organización de cualidades” ellas se deben desarrollar para alcanzar una sensibilidad hacia los fenómenos a los cuales son enfrentados. Por tanto, el trabajo en las Artes plantea exigencias especiales a quien lo realiza” (pág. 257).

El acceso masivo a la educación producto de los movimientos sociales del siglo XX, hace que la educación del Arte se inscriba en el proceso educativo, aún con una clara funcionalidad en sus comienzos; más tarde, la masividad del libro y, por tanto, del conocimiento, producirán intereses en grupos y personas dando paso a las denominadas escuelas, talleres y líneas de trabajo reafirmadas en propuestas teóricas (filosóficas, políticas, sicológicas).

Esto explica, en gran medida, que el siglo XX sea una explosión de tendencias y escuelas que han sabido leer su historia.

En miradas sociocríticas y antimilitaristas (expresionismo alemán), las nuevas posibilidades tecnológicas (futurismo), el rechazo a la materialidad y lenguaje visual del neoclasicismo y la burguesía (suprematismo ruso), el mundo interno del ser humano (surrealismo), los fenómenos existencialistas (abstracción y conceptualismo), la crítica al consumismo (pop art), la vida como obra de Arte y su relación con la impersonalidad generada por la meta comunicación (instalaciones multimediales).

Estas miradas ratifican el carácter documental que las Artes poseen para cuando esta era sea la prehistoria del mundo. ¿Es acaso este carácter documental de sucesos, de hombres y mujeres notables, de luchas sociales de las que el Arte ha sido parte, el que molesta a los criterios tecnocráticos de la educación?, o ¿La posibilidad que el Arte ofrece a los estudiantes y la sociedad, de reconocerse libremente sin previo requisito que saber que la expresión y la necesidad e importancia de este fenómeno es lo que efectivamente consigna como una de sus razones fundamentales?

Algunas de las resultantes de este desconocimiento o negación a las Artes y su natural significado para la vida en sociedad, es factible observarlo ya en los inicios de los diferentes estadios de la educación y, luego, en la vida futura en sociedad. En la voz de Eisner

“Cuando un orden social… asigna valores a los campos denominados cognitivos en detrimento de las Artes, probablemente no se desarrollará en los jóvenes, la capacidad para responder a las dimensiones sutiles de la vida cualitativa” (1998, p. 257).

Respecto a lo anterior, Dewey (1998), señala que “la eficacia social” implica el gozo de las actividades comunes. Plantea que esto es imposible sin cultura. En la misma línea Eisner (1998) aclara que:

“no se puede participar en el intercambio con los demás sin aprender, sin obtener un punto de vista más amplio y sin percibir cosas que, de otro modo, se ignorarían. Y no hay, quizá, mejor definición de la cultura que la de considerarla como la capacidad para ampliar constantemente el radio de acción y la precisión de la propia percepción de significados” (pág. 111).

La importancia de valorar el Arte en la educación como un antecedente o forma de comprender y relacionarse con la sociedad, tiene su origen en que sucede precisamente lo contrario: el consumo (supuesta clave para el bienestar), la estabilidad laboral y la educación como camino hacia los objetivos antes mencionados.

Es decir, si tuviésemos una existencia donde el Arte tuviera la trascendencia que ésta tiene seguramente la demanda por la misma carecería de la urgencia con que hoy se pretende hacerla ver. Como se han establecido algunas de las relaciones que poseen la dualidad, conexión, o enlace, “Arte y Sociedad”, se desean igualmente establecer de manera más concreta qué hace que la enseñanza del Arte pierda cada vez más terreno y, en el mejor de los casos, se la observe como un acto recreativo-terapéutico por muchos estudiantes y no pocos docentes. La importancia de estas implicaciones radica no sólo en lo que nos aclara sino que también nos avisa acerca de una de las razones de por qué la Educación Artística y otras especialidades relacionadas con las ciencias humanas pierden espacio en el currículum escolar.

Cuando el estudiante es visto como un adulto, sin posibilidad de modificación, se transforma en una percepción asfixiante, por lo que pretender ser sensible es casi imposible, Gimeno (1997), comenta acerca del ser humano y su papel en la sociedad, señala que esta “orientación educativa”, proporciona, una ideología del sometimiento y homogenización de la educación, donde se potencia el almacenaje de información, parcelando el acto mismo, señala que “es una pedagogía coherente con una sociedad que obliga a dividir la propia personalidad, fomentando la falta de proyección personal en lo que se hace y en las relaciones sociales” (pág. 163).

Como lo señala Gimeno, la pedagogía por objetivos, al contrario del espíritu que anima a las Artes y su relación con la sociedad, promueve la homogeneización ¿qué sería del Arte con esta situación en forma permanente?, en este sentido, los contenidos que se imparten se encuentran al margen de la experiencia personal y social” (Gimeno, 1997:163). Incluso, los conocimientos, adquieren un carácter utilitario, casi de comprobación y su importancia se basa en la adquisición de destrezas, alejadas de modelos de pensamiento, los cuales “ayudan al hombre a comprenderse a si mismo y al mundo que lo rodea. La utilidad dentro del modelo eficientista es un rendimiento conductual y material”. Lo anterior se refleja al calzar mejor el modelo con las ciencias útiles a la sociedad (desde una visión tecnologizada) dejando al margen del desarrollo, el cultivo de las Artes. Se ha visto, que a pesar de los profundos nexos entre Arte y sociedad, hoy se evidencia como el currículum en forma agresiva traslada al ser humano a una función, eliminando todas sus posibilidades creativas, sensibles y transformadoras, peor aún esta actitud viene más clara para los sectores a los que la distribución desigual del ingreso golpea más nítidamente.

Finalmente, y a modo de conclusión, desarrollar la creatividad de los estudiantes, así como generar espacios para potenciar las particularidades de los estudiantes, es posible a través del desarrollo del las Artes Visuales, puesto que ellas sensibilizan a los estudiantes ante la complejidad del entorno familiar, escolar y societal.

Tras la realidad que se ha presentado en las líneas precedentes, se pretende esbozar algunas propuestas para el desarrollo de la Educación Artística en las instituciones escolares.




Bibliografía
· CHILE: Ministerio de Educación. Decreto Supremo de Educación, Nº 220. En Ministerio de Educación. Currículum de la Educación Media: Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios. Santiago de Chile: Ministerio de Educación, 1998.
· EISNER ELLIOT, Educar la visión artística, Barcelona, España. Editorial Paidós. 1998. 
· DEWEY JOHN, Democracia y Educación, una introducción a la filosofía de la educación, Madrid. Ediciones Morata. 1998. 
· GIMENO JOSÉ. La pedagogía por objetivos: Obsesión por la eficiencia. Madrid: Morata. 1997.
Trabajo de Graduación para optar al grado de Magíster en Política y Gestión Educacional, Universidad de Talca, Talca, Chile.
EDUCACIÓN ARTÍSTICA EN LA ACTUAL POLÍTICA CURRICULAR CHILENA.
Una expresión en el currículum prescrito de enseñanza media. Enero, 2007.




 



 

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