Rincón de la Poesía

Rosa Juan Mena
San Fernando



  



 
 

Dejad que el oleaje me cubra...
 

Dejad que el oleaje me cubra hasta los bordes
la obstinada memoria.

Como Bécquer, no quiero quedarme con el peso
de recuerdos, qué incómoda esa alforja.

¿No serían, como bandada de palomas, 
las cabrillas del agua
sobrevolando el derrumbado cuerpo en la arena 
de plomo?

Las aguas con piedad —que no es costumbre en ellas–
arrancarían mis recuerdos lo mismo que se arranca 
la hiedra de los muros,
y yo me quedaría tan limpio como un alba 
que sale del templete de la lluvia,
como un adolescente de arrogante andadura
por las emocionadas calles de su amorío
recién abierto y fresco como boca de abril.

Dejad que el oleaje en rebeldía 
me asalte con sus uñas espumosas 
y se acerque con mano arrasadora
a este podrido cofre que es ya mi corazón,
yunque de sinsabores, tambor de los pesares,
donde el ayer redobla su tristeza,
donde guardo monedas de tantas experiencias 
con óxidos sufridos de pasadas historias
igual que un bodeguero descubre que sus vinos, 
agrios, huelen a pena, ¿qué hará con sus toneles?

Dejad, donceles vientos, que las olas 
me traigan sus rumores de agua niña
y esta cala pequeña que es mi alma 
se sienta como el mundo se sintiera
en aquel balbuceo de los tiempos,
pórtico incandescente de la primera aurora.

Y en ese instante mío hospitalario
deshojará mi flauta sus tréboles de sones 
para nuevas crisálidas de música,
porque el azar es como un pentagrama,
y es que nada está escrito,
y el disidente río de la vida
desciende ciego por un cauce aciago
de irracional y ronca torrentera.

Quien necesita un apagón de olvido
viene al destierro de una playa y deja
que el agua con su lengua compasiva 
borre los pasos de una fiel memoria
y le traiga en la brisa simientes de esperanza 
en días venideros de mejores cosechas,
y le lave con agua de aventura oceánica 
la mirada, tan sucia de mirar tanto el curso
de días con Damocles, verdugos de ilusiones
tumba de la esperanza, alfoz de desengaños,
contenedor de mustios ideales. 

Todos oímos, pero le ponemos
mordaza al grito de injusticia al mundo
convertido en husillo de maldad que lo anega.

Dejad que el oleaje...












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