Dos días antes de las elecciones generales del 9 de marzo pasado, se produjo en España un asesinato. En ese mismo día Patxi López, presidente de los socialistas vascos, prohibió la entrada a Rajoy, presidente del PP nacional, cuando, compungido y después de solicitar autorización, pretendía abrazar y dar su pésame sentido a la viuda y a los hijos del socialista asesinado.

Seguían faltando dos días para las elecciones generales.

Esa misma tarde, unas horas antes, Zapatero, en su calidad de Presidente del Gobierno, compareció ante la Nación y, entre lindeza y lindeza referentes al asesinato de su compañero socialista, nos dice, con una cierta desfachatez y sangre fría, que los etarras, los asesinos, están aislados. 

Tras estas palabras se me vinieron a la cabeza esos cientos de desgraciados que, bajo las siglas ANV, por ejemplo, están presentes en los Ayuntamientos.

Muy aislados ellos.

¿Saben a qué partido pertenece la alcaldesa de Mondragón, pueblo en el que mataron a Isaías Carrasco? A ANV y gobierna con los votos de IU. Partido este que si en mi anterior artículo (Arena y Cal 147) y antes de las elecciones, me preguntaba dónde estaba —¿Dónde esta la izquierda de verdad? recuerdo que escribía por entonces— ahora lo sé, al lado de los que están al lado de los que matan y siendo así, mejor que desaparezca la izquierda en general, IU en particular y Llamazares, hipócrita dónde los haya, con ellos y para siempre.

Al día siguiente, jornada de reflexión, la hija mayor del asesinado socialista, pidió el voto para el PSOE y afirmó que a su padre le mataron por ser socialista. Sólo por eso, por ser socialista, y yo no me lo creo y lo niego a gritos porque otros muertos engrosan las listas de las victimas de ETA y no todos, como es bien sabido, son socialistas. Lo mataron, querida jovencita, porque les dio la gana, porque son asesinos y se dedican a eso, a matar a cualquiera y seguro, querida amiga, que en Mondragón se les conoce de sobras, como para poder señalarles sin error pero, a veinticuatro horas vista de las elecciones, había que decir eso.

Y esa misma tarde, portando el féretro del malogrado socialista, aparecen en primer lugar, a derecha e izquierda del ataúd, Patxi López y Eguiguren. A ambos los recuerdo sentados a un lado de la mesa, —así nos los mostraban todas las imágenes que nos ofrecieron por entonces— frente a tres asesinos de ETA, ¿los recuerdan? Entre ellos Otegui, hombre para la Paz.
Estaban negociando.

El mismo día 9-M, en un partido de fútbol en el estadio de San Mamés, ciudad de Bilbao para más señas, y mientras otros votaban, se mantuvo un “sonoro” e incompleto minuto de silencio por primera vez en la historia del club Atlético de Bilbao.

Diferencias entre políticos y gente llana. ¿A quién reprocharle un muerto? ¿Quién osa culpar a su legítimo competidor? Sólo los asesinos, esa izquierda abertzale repugnante y los que a ella sustentan, son responsables.

Pregunto: ¿Alguien cambió su voto por tal acontecimiento desgraciado? 

He oído algún sí. Mal hecho. Han ofendido la decencia de las gentes de bien.

*

Ya han pasado unos días desde que ocurrieron esos acontecimientos a los que acabo de referirme y sin tiempo para que el ganador de las elecciones forme un nuevo Gobierno, ETA volvió a atentar. Casi mata a decenas de personas y en Calahorra, por ello, se ha dormido de prestado en casas amigas y en camas ajenas.

Poco, muy poco han dicho los políticos y menos, mucho menos, Rodríguez Zapatero y hasta el señor Alcalde de la herida Calahorra se ha quejado.

Me dicen que estaban de vacaciones.

Y mientras tanto ETA vuelve a intimidar, a hacerse presente sin derecho ni legitimación. ETA vuelve a avisar y alguien, responsable, y esta vez sin mentir, nos prepara para lo que pueda venir diciéndonos que ETA tiene capacidad de atentar y que lo va a hacer a lo largo y ancho de la nueva legislatura.

Eso, nos dicen, es una prueba de su debilidad.

Pido a Dios que esta vez se diluyan los cordones sanitarios que aislaban al PP y se borren las firmas estampadas en el acuerdo conocido como Pacto del Tinell, por las que también se aislaba al PP.

No están los tiempos para majaderías. Hay crisis y es de verdad, pero lo que es peor, ETA atenta y lo hace con bombas de verdad. Mejor se unan los que nos gobiernan y se arrodille, para pedir perdón, el fracasado Llamazares que, además de desaparecer un poquito más tras los escrutinios, apenas tiene algo que decir a no ser que se refiera a sus pactos en el País Vasco, a sus cambalaches en Cuba o a su “me voy pero no me voy que un puñado de votos me obligan a quedarme”.

En otro caso ¿De dónde sacaría su sueldo?

De todas maneras confieso mi decepción: esa no es la izquierda que yo echaba de menos.

 
P.D. Sepan que, como soy un poco ingenuo, para esta legislatura, y solo para esta, confío en la sensatez de los políticos, especialmente de PSOE y PP que son, a todas luces, el noventa por ciento de nuestra Patria.



 



 

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