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Entre indecisiones y ostentosidades
Qué se puede
escribir
en la piel de qué mujer
a raíz de las indecisiones compañeras
que se me derraman con alguna ostentosidad
provocada
Sobre qué
expuesta oreja
clamar por mi columna amable y compatible
Cómo corregir la
luna
extraerle la menta
a esa pastilla
agorera
En qué nupcias
verterme
como conjurado
de qué rodillas edecán
Ratón trémulo
dormido
sobre la primavera.
Comida
Pasta de titán
sobre la mesa de la cocinita
Me unté con esa
pasta
Y aquí me estoy
comiendo
rico y hambriento como siempre.
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(Breve
Epílogo de la poeta argentina María García, para la futura
segunda edición de mi poemario "Corona de Calor")
Coronae
Epílogo
Retruécote tocándote con las teclas, sin rozarte, dejando vacíos los espacios que no has llenado, las palabras no dichas, las que faltan, poesía de lo que pudo haber sido, que a vos te toca, eterno adolescente, Revagliatti, resplandece y desmenuza a fuego lento y en baño María.
Hilos de humo, suturas del cielo, una corona de calor que cocina desde lejos, a través de los años, atravesados por ellos y en muy cámara lenta.
Epilógote en unión asintótica, respetando tus paralelismos, te paralelo, los rieles por donde corren tus palabras jugueteando, intentando buscar un punto de equilibrista, en donde vos perforás con fino taladro hasta la China y sin escalas.
Agujeros rellenos de: recuerdos, más recuerdos, de mujeres anonimadas, pigmaleonadas, esperando en el altar mientras vuelan kamikazes apotegmas mascando chicle de banana. Paralelismos, retruécanos neologistas, logorrea camuflada, poesía de silencios y elocuentes espacios vacíos.
En conjunto: un archipiélago, o poesía constelada.
Sutilezas constantes, algunas a quemarropa, y ahí donde no se espera una daga envenenada, o una caricia con navaja.
Y al final, por obra y algo más (¿será Gracia o García?) de este epílogo jaculatorio, yo epilogante, vos coronado.
febrero de 2007
María García
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