• LA VOZ DEL CANTOR CONSTANTE DE LA LIBERTAD



    “¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
    hija del Eliseo!
    ¡Ebrios de ardor penetramos,
    diosa celeste, en tu santuario!
    Tu hechizo vuelve a unir
    lo que el mundo había separado,
    todos los hombres se vuelven hermanos
    allí donde se posa tu ala suave.”
    Schiller (Himno a la alegría)

  • Johann Christoph Friedrich von Schiller

Goethe y Schiller son las dos más altas columnas del templo de la literatura alemana, pero no porque las veamos juntas son iguales, ni mucho menos. En cierto modo son de estilos diferentes y opuestos, pero, por otro lado, parecen ambos poetas completarse, pues lo que falta al uno se halla en el otro. Goethe es todo serenidad, universalismo, objetivismo, realidad; Schiller es todo pasión, entusiasmo, patriotismo, subjetivismo, sentimentalismo, vaga idealidad. El uno tiene la gracia y la suavidad de las amplias líneas curvas llenas de grandeza; el otro es también grande, pero procede por línea recta. Cuando al final de su dura y azarosa vida llega Schiller a la serenidad y a la perfección que anhelaba produciendo sus mejores obras, es ya tarde, y una muerte prematura, priva al mundo de que siga cosechando sus más dulces y bien madurados frutos. Con los que pudo recoger le basta, sin embargo, para su imperecedera gloria de dramaturgo, de poeta lírico y aun de historiador, aunque en este concepto sea menos conocido. Sus Baladas se cuentan entre los poemas más queridos y está considerado como el dramaturgo más grande de la historia del teatro alemán y una de las figuras señeras de la literatura europea. Schiller a lo largo de su vida persistió en su lucha, en una u otra forma, contra la tiranía y a favor de la libertad. La mayor parte de sus dramas son un canto a la libertad.

Johann Christoph Friedrich von Schiller nace en Marbach am Neckar el 10 de noviembre de 1759. Hijo de un oficial del ejército y administrador de las posesiones del duque de Württemberg, fue educado en la escuela militar del duque y después estudió derecho y medicina. Perteneció al movimiento de “Sturm un Drang” en su juventud literaria, luchando por la libertad política y literaria, aunque los excesos de los revolucionarios franceses le hicieron modificar su actitud en el sentido de fijarse más en la libertad interior que en la libertad social. En 1780 fue destinado como médico a un regimiento militar en Stuttgart. Obtuvo un gran éxito con la representación en el Teatro Nacional de Mannheim del drama Bandidos (1781), que atacaba a las instituciones políticas y sociales de su época y por el que se le prohibió seguir escribiendo, ante lo cual huyó de Stuttgart a Mannheim. En 1783, en Turingia publicó su tragedia La conspiración de Fiesco en Génova, calificada de “tragedia republicana”, y en 1784, de regreso a Mannheim, se estrenó Intriga y amor, condena del absolutismo y los prejuicios sociales, con influencia de Rousseau. En el poema dramático Don Carlos (1787), recoge la triste historia del hijo de Felipe II, de quien hace una víctima de la libertad de conciencia, en esta obra expuso su defensa de la libertad de expresión y de la pluralidad religiosa. Hay que notar que el tema de esta obra, será explotado una y otra vez por los novelistas liberales españoles.

Además de maestro en la creación teatral, con predilección por la tragedia, y en la composición poética, Schiller fue un historiador de mérito como lo acreditan el que en 1789 fuese nombrado profesor de esta materia en la Universidad de Jena y su obra Historia de la guerra de los Treinta Años (1791-1793). Destacan, asimismo en su producción dramática obras como las que componen la trilogía de Walenstein (1796, 1797-1798 y 1798-1799), donde se manifiesta con mayor profundidad el concepto de libertad humana en relación con el destino del hombre, María Estuardo (1800), La doncella de Orleáns (1801), La novia de Messina (1803), Guillermo Tell (1804), la última que escribió y la más popular, en la que el héroe suizo encarna la lucha por la libertad humana y política. Schiller es un dramaturgo formado en el clasicismo y en las ideas ilustradas. Sus obras están construidas con un excelente sentido de la arquitectura teatral, en la que predomina la armonía y el equilibrio, sin que falten tampoco recursos de cierta complicación formal. Todos los críticos han resaltado el profundo carácter reflexivo de su obra; incluso cuando se exaltan los más elevados sentimientos, se hace como consecuencia de la reflexión intelectual. La perfección formal de su obra no le hace perder vigor dramático, que en ocasiones alcanza muy altas cotas.

Entre su producción poética destacan Himno a la alegría (1785), al que puso música Beethoven, las Odas (1786-1789), Los dioses de Grecia (1788), Los artistas (1789), Baladas (1798) y el inconcluso La canción de la campana, en el que canta los grandes ideales de la Humanidad y en el que estuvo trabajando hasta su muerte y que es para muchos uno de sus mejores poemas.

Schiller fue el amigo fraternal de Goethe, con quien realizó varios proyectos, como una colección de epigramas que apareció con el título de Xenias (1797) y la fundación del Almanaque de las musas (1795-1800), la correspondencia entre ambos, interrumpida solo con la muerte de Schiller, ocurrida en Weimar el 9 de mayo de 1805, es un testimonio de amistad que ha prevalecido hasta nuestros días.

La influencia de Kant, Goethe, Fichte y Herder en su filosofía pueden rastrearse en ensayos como Del arte trágico (1792), De la gracia y la dignidad (1793), De la educación estética del hombre (1793-1794), De la poesía ingenua y sentimental (1795) y De lo sublime (1801).

Su concepción del progreso de la sociedad se expresó en la premisa: “es a través de la belleza como se consigue la libertad”, de modo que la única capacidad de mejora radica en el esfuerzo individual, estando el artista en las condiciones óptimas para lograrlo.

Y como dijo el poeta alemán: “Sólo la fantasía permanece siempre joven; lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca”.





 

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