Rincón de la Poesía

Rosa Juan Mena
San Fernando



  



 
 

HACIÉNDOLE COMPAÑÍA AL MAR
 



Sé, mar, que a solas vives en tu invierno de estaño
recordando los brillos de felices estíos
con gente que habitaron tu agua hospitalaria,
con ecos que anudaron amantes en tus brisas.
Aquella algarabía de niños hoy te alivian
la herida de una ausencia que el invierno te enluta,
los meses atezados de calor aún calientan
tu corazón de padre, Poseidón amoroso 
celando en tus entrañas nudos de protozoos,
que es pasado del hombre, pues salimos de ti,
y la sal del sudor nos recuerda tu origen.
Pero hay hombres, hay fábricas, hay barcos
asesinos vertiendo venenos en tu boca,
que a las orillas trae caracolas y algas,
manchadas de coraje por la devastación.
Hay humanos ingratos que ni siquiera intuyen
que un día fuimos piel de agua, leve escama,
branquia resplandeciente, ojos que lamentaron
dejar de ver corales y visitar madréporas.
La soledad te echa su manto de silencio
sobre tu inhábil, móvil epidermis verdosa,
y, a veces, te atenaza con sus manos grisáceas
de gigante de hastío, paquidermo de tedio
que recorre tu arena como guardián ceñudo
de un frío territorio, de un dominio en que lloran
tus olas, añorantes de esos cuerpos que luego
olvidaron tu risa como astillas de agua
garlopadas por vientos, esquirlas oceánicas
como besos de auras.
Pero yo estoy aquí,
mar, para consolarte, colorear tu albergue
de fragor enojado, con versos como alientos
que apuntalan el techo de mi sobrevivir.












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