61. El niño necesita juego para saltar; el joven, amor para gozar; el maduro, dinero para emprender y el viejo, sueño para olvidar.

62. También nuestras vidas tiene su sentina, en la que la experiencia va destilando su podredumbre. Pero quién lo diría en la cubierta soleada por la mañana y adornada de luces para el baile de la noche.

63. Amar no es siempre positivo ni odiar es siempre desaconsejable. Lo contrario es más tranquilizador, pero tiene, a veces, consecuencias tormentosas.

64. A los ojos de los desheredados, la certeza de la muerte debilita poco a poco la envidia hacia los ricos hasta ponerlos muy cerca de ellos en la comitiva que camina hacia la igualdad de los cementerios.

65. Obreros solapados del mal, la injusticia arrebata los derechos; la calumnia destruye la honra y la envidia calla los méritos. No es necesario que se alíen: una sola trabaja por las demás para destruir a quienes considera sus adversarios.
66. Al contrario que la vida, que se desgasta en las pasiones, el amor se crece con lentitud cuando se han desgastado esas pasiones.

67. La desigualdad convencional de los sexos exime a los hombres de escasa valía justificar sus privilegios frente a la mujer.

68. Todos los infortunios pueden invocar a los cielos; todos menos la mala suerte, que ya lo ha hecho inútilmente.

69. Lejos de su patria, en el destierro está todo el hombre entero, que antes de la partida estaba dividido entre su patria y él mismo.

70. Hay enemistades irreconciliables como es el caso del fuego y el agua; como es el caso de la pasión y el conocimiento.

71. La enfermedad y el dolor no encuentran nunca anfitrión en nuestra alma, aunque se adueñen de ella por largo tiempo.

72. La experiencia es una planta que necesita mucho, mucho riego y, aun así, no se desarrolla como deseamos, o bien lo hace tardíamente.

73. Quien desprecia a los mediocres, nunca cae en la cuenta de que le debe el descubrimiento de su superioridad a las mezquindades de esos mediocres.

74. La muerte va de incógnito en el carruaje de la criatura que sale del nacimiento y viaja por la vida en muda compañía.

75. Sólo quien ha tenido el valor de asomarse al espejo de su sinceridad sabe realmente cómo se llama.

76. Después del naufragio de nuestras esperanzas, sólo el tablón de una inteligencia fría nos puede llevar a la costa en la que nos hacemos Robinsones de la isla de una estupidez que nos ayuda a sobrevivir.

77. Soñar es a las limitaciones de la vida como el paseo por el patio de una cárcel para un preso que ocupa una estrechísima celda.

78. Los sueños son brasas de un fuego que debe ser avivado sin parar por el fuelle de una ilusión invencible.

79. Se reconoce con rubor que la injusticia sea el estado natural de la sociedad, pero también se olvida sin rubor que siempre la padecen los débiles e indefensos.

80. Algo es todo para el que nada tiene.






 

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