Rincón de la Poesía

Rosa Juan Mena
San Fernando



  



 
 

DORMICIÓN DE LA MAR
 


Amplia, la mar dormida en sus orillas,
perro pastor al sol de la mañana.
Empuje es la marea, vítrea mano,
madre a la cuna de su niña insomne.
La mar también es niña grande ahora,
expandida en su sueño de las cinco,
sin que vahajes ni averíos ricen
sus tan frágiles alas por la piel
verdiazul con estrías blanquecinas,
policromo animal de otro planeta.
Solamente un extraño paseante
testigo es de esta mar en abandono
como el que en este instante se parece
a una marina que en un bar sosiega
por la prisa que acalla en las miradas.
Te quiero, mar, así también, lo mismo
que cuando te despiertas y enfureces
como un dragón de escamas diamantinas
dando zarpazos de agua a la roqueda,
haciendo añicos la cristalería
que levanta, de pronto, un maretazo.
Mas no te empines, mar. Ahora, olvida
cementerios que llevas en tu vientre 
de corales y huesos de marinos, 
llantos que ahorcaron aguas y sargazos 
y el negro de dolor en el recuerdo 
para quienes te odian y desgarran 
tu nombre en el rincón de un almanaque. 
Duérmete en el regazo de la siesta. 
Olvídate del mundo, ese tablero
en que juegan azares e intereses,
pradera donde pasta sin clemencia
la muerte con su piara de desgracias.
Tu sueño yo defiendo del remusgo 
que irisa tu epidermis de bonanza 
y a las aves que aquí en los litorales 
sobrevuelan, cenefas de tus olas, 
y con la calma sin tic-tac de tiempo 
les leo versos con rumor salobre.
Estos versos, postales de palabras.












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