101. Podemos desoír, desconfiados, los trinos de los sueños en las ramas del futuro, pero, ¿cómo ensordecernos de los perros de los pesares que nos ladran desde la distancia del pasado?

102. Debemos cuidar que los fines por los que luchamos tan solo nos definan; no nos limiten.

103. Hay que cuidar la amistad poniéndole de vez en cuando un puntal de confianza al techo de la convivencia.

104. La mentira es el pensamiento encapuchado que se asoma a los ojos con el temor sigiloso del ladrón.

105. Quien subsiste con poco en un rincón de su sosiego, es como un barco que se guarece en un puerto humilde y se libra de las zozobras de la alta mar.

106. La sangre es el grito del cuerpo, su timbre de alarma, la tinta con la que el cirujano rectifica un error fisiológico.

107. Sólo cuando se está por encima de la felicidad, merece uno vivir.

108. Cuidado con la lisonja: es como el billete falso del elogio.

109. La ira, aunque sea fea, también tiene su metáfora: es el trueno del pensamiento.

110. En el hombre egoísta y miserable se ve con más transparencia las raíces de la debilidad humana, como en la tierra pedregosa y estéril asoman famélicas las raíces de los árboles.

111. ¿Qué es la presunción? La traca pobre y maloliente de una feria provinciana.

112. La vanidad y la ostentación son los fuegos artificiales de la felicidad propiciada por circunstancias pasajeras.

113. Se podría definir a la sinceridad con cierta fórmula política: reina en las bocas, pero no gobierna las palabras.

114. El llanto, como la lluvia, también tiene su arco iris y es la sonrisa superadora y sorprendente del que hemos consolado sacándolo de debajo de la cascada de sus lágrimas.

115. De todos los puentes que nos unen al pasado, la melancolía es el más frágil y el único que se puede quebrar y dejarnos caer en un río oculto de lágrimas.

116. Quien crea que la asociación de bacterias ha hecho posible la vida en la tierra, debería tranquilizarse y no increpar patéticamente al cielo o al destino, pero esa humildad lo dejaría desarmado en la lucha por encontrarle sentido a la existencia.

117. En la arbitrariedad, los aduaneros del pensamiento están borrachos y dejan pasar contrabando de incoherencias.

118. El sufrimiento es el único látigo para domar y meter en la jaula de la humildad a esa bestia altiva que se llama el orgullo. Tras de los barrotes, se aprende lecciones que se despreciaron antes en la plaza de la libertad.

119. Ay de aquel pecho noble que atraviesa la selva de las relaciones humanas y no lleva el chaleco antibalas confeccionado con retazos de desengaños que recoge a lo largo del camino...

120. Por temor a que se le vaya, nadie se abraza del todo a la felicidad.






 

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