- Está usted solo caballero. Únase a nosotros. Ya lo dijo ese fanfarrón de Thomas Purple. Sí, lo dijo en un maldito tugurio de Pigalle, allá en París donde están los mujeres de los labios rojos y la tumba de Balzac, y la de Moliere, y la de Wilde, y yo me cagué setenta veces en la madre de la muchacha que quería ser mi amiga y leía con entusiasmo adolescente mis relatos de La Vida Perra en Montmartre pero me denegaba todo tipo de favores sexuales, y no se percató de que con la historia La Cara Oculta de Marie, me la quería llevar a la cama... Y así se lo dije un día, Marie yo no soy de aire y tengo demasiadas alteraciones sanguíneas de las que te considero responsable... Y a lo mejor no percibió el halago, o no puso intenciones... O es evidente que lo percibió e hizo como si nada, porque entonces yo estaba demasiado gordo, y tenía gripe cada tres o cuatro días, pero luego fui ganando atractivo con los años... Ya me ve... A mis setenta... Bueno a lo que iba, Purple... Purple Purpurina me dijo que a un solitario siempre hay que ofrecerle vino, y en caso de negativa había que decirle: ese es el motivo de tu soledad, súbdito de Lucifer, alma egoísta... Tu te has buscado esa puta soledad... Pero Purple estaba loco, y a los locos hay que hacerles caso, claro que hay que escucharles, porque entre medias de la cantidad de estupideces que dicen, se escapa alguna verdad, y suelen ser verdades dolorosas, de una integridad aplastante, pero cuando beben hay que andarse con cuidado porque se ponen agresivos, y a mi una vez me rompió la nariz porque le negué la séptima copa, y yo le dije: Purple, un día te vas a morir y no irá ni Dios a tu triste funeral... Claro, que se lo dije, con la nariz sangrando a borbotones... Un puto pirata de la literatura, siempre con sus líneas sórdidas y la oscuridad y los humos y las putas... ¿Qué esperaría usted de un tipo que escribe un poema llamado El Suicida Cirrótico?... Estará por ahí, durmiendo en los soportales de París... No utilizaré la brusquedad de Thomas, pero le anticipo que tal vez utilice alguna incorrección que le podría incomodar. ¿Se une a nosotros? Le diría con un voz algo más elevada: no sabe lo que se pierde.
El poeta había dejado de lado la melancolía y se había crecido, y era mucho más hablador de lo que cabía imaginar. Y tenía voz de bucanero, y sus gestos prometían fortaleza de carácter. Le temblaba un poco el pulso y de vez en cuando alzaba las manos para enfatizar.

- No tengo inconveniente – el tono era tímido y humilde, claras notas de su personalidad.
- A ver...Usted...¿De dónde es?
- Pues...bueno... –titubeaba un poco- .De Monotonía. 
- Ah...Monotonía... Cerca de Tedio... Nunca he ido por allí, pero si quiere que le sea sincero, dudo que alguna vez vaya... Monotonía... Con ese nombre nada bueno ha de prometer esa pequeña ciudad... Monotonía rima con agonía, con afonía, con manía, con pulmonía... Es una palabra con unos cromosomas horribles... Mire Praga, con cromosomas similares a braga, a saga, palabras con sentido y fuerza... O Berlín con el mago Merlín o berlina... O Francia con fragancia... Es una teoría absurda, porque a su vez podemos encontrar la palabra rancia, que es similar a la bella Francia o la sublime Florencia... Pero todas las teorías tienen alguna imperfección, la jodida imperfección que lo desmonta todo decía ese crápula de Lou Montana... En fin dejémoslo aparte... ¿Qué le trae por Madrid?
- Trabajo.
- ¿Trabajo?... ¿Qué trabajo?
- Soy tramitador.
- Entonces, usted tramita... ¿Qué demonios tramita?
- Todo tipo de prestaciones de la Seguridad Social.
- Ah... Usted se encarga de que la gente llore contenta, o al menos con algo de alivio... Si un albañil se cae de un andamio y se rompe siete costillas y las dos piernas, lo prepara todo... Si un camionero estampa contra una vaca su Pegaso y se queda atrapado en la cabina diciendo me cago en el mayoral de la ganadería, con cristales clavados por todo el cuerpo, y la cara desfigurada, usted lo prepara todo, señor... ¿Cómo se llama?
- Aurelio.
- Usted, lo agiliza todo, señor Aurelio, para que en el número de cuenta del obrero sea transferida una cantidad mensual similar al salario, lo cual se extendería a todo el período de baja... Así el tipo va con sus muletas al bar, o a su casa a soportar a su posesiva suegra, y puede decir que podemos comer, que estoy mal porque me duele todo, pero lo positivo es que no tengo que trabajar, y además me pagan... Y entonces el tipo que no tenía tiempo de pensar entre fachada y fachada, un buen día sentado en la taberna de su barrio, reflexiona sobre su salario y concluye que es una basura... Y es el momento de llorar, pero en la segunda fase de la reflexión, se da cuenta de que no está subido al andamio, y eso le satisface, y piensa en como se podría prolongar esa baja... Una baja es una fusión a intervalos regulares de tristeza y alegría...Y lo mismo extiendo para el camionero... No está mal su trabajo... No se queje... Ahora todo el mundo quiere pertenecer al Estado... Es la época de la burocratización de la población... Los padres les dicen a los hijos que opositen, que allí se está muy bien, entre las tribunas del Estado... Hijo, estudia y luego a vivir de puta madre... No, no coincido con esas ideas burguesas... Yo le diría algo tanto o más difícil de conseguir: hijo, haz lo que te salga de los cojones, pero hazlo bien y que el tiempo te fluya veloz... Porque si las horas pasan rápidas el muchacho estará bien haciendo su trabajo, y hasta pudiera que se divierta... Usted es carne del Estado...
- Bueno, es muy rutinario.
- Bueno, usted vive en Monotonía.

Dos jóvenes miraban sin demasiado interés las páginas del suplemento cultural de un periódico, y distraían la mirada para observar a algunas muchachas, beber, y de vez en cuando reír las historias del poeta, el poeta que se había retirado para ir al baño y volvía con las palabras acechando.

- Mire Aurelio, la vida es una rutina para casi todos los mortales, pero también es valor, intuición, descaro y apetencia, ya sabe VIDA –escribió la palabra en una servilleta-... En fin, ya sabemos que muy poca gente hace lo que le gusta, y eso aparte de un tópico es una realidad... Una realidad en la burocracia, en la empresa privada y en el arte... Incluso a los artistas también nos absorbe la rutina, cuando las ideas no fluyen y sufrimos la obstrucción mental, y por algún instante, por efímero que sea, detestamos la literatura, o la pintura, o la escultura... No en sentido global, sino más bien nuestra parte creadora, paralizada por cualquier circunstancia intrínseca, o tal vez ajena a nuestra naturaleza... Y no nos gusta nuestra obra, no nos gusta nuestro trabajo... Entonces el tiempo pasa lento y plomizo... Pero... ¿Qué hacemos?... ¿Nos quedamos parados?... ¿Esperamos a que la inspiración llegue y tome asiento en el cerebro?... No, la inspiración no llega por sorpresa y dice: Nicolás, capullo, estoy aquí, hazme un hueco en tu cerebro que nos vamos a poner a trabajar, y date prisa porque si me tocas mucho los huevos, me voy... ¿Y si no llega?... No Aurelio, no... Hacemos uso del valor, o del descaro y buscamos la inspiración distrayendo la mente en estado de parálisis creadora temporal... Yo lo llamó la rutina del atasco, o PCT... Y usted tiene suerte amigo, porque usted no requiere de inspiración, o al menos no es vital para el desempeño de su trabajo, y no sufre rutina del atasco, usted no tiene que decirse a ver como cojones me queda bonito este expediente de baja por accidente laboral, pero sufre rutina del amontonamiento, que es una de las palabras más horribles del universo, amontonamiento que va con los cromosomas de fusilamiento, escarmiento, mugriento, y que tanto tiene que ver con las afecciones cardíacas... Le hablo del maldito infarto de miocardio... Creo que ustedes lo llaman carga mental, cuando su mente no da abasto para recibir tal cantidad de información, demasiados expedientes que le están jodiendo la salud, y la salud hay que dañarla con conciencia, distracción y apetencia... Pero que el Estado te haga enfermar o morir es una de las cosas más tristes que puede haber... Disculpe caballero, pero en cierta manera yo me salí de la maraña de la sociedad y de sus líneas de producción y mi opinión es demasiado particular... ¡Qué usted trabaja con expedientes!... ¡Pues haga los acordes a su salario!... ¡No más!... ¡El resto es explotación!... ¡Y uno decide cuando se quiere explotar a sí mismo!... En fin, Aurelio...¿Le gusta su trabajo?
- Bueno, no sé hacer otra cosa.
- Me cago en la calavera de Thomas Purple... No utilizaré el verbo aborrecer, porque ya es demasiada agresivo mi rostro, y no quiero asustarle, pero he de decirle que detesto a la gente que responde que no saben hacer otra cosa... Cuando un cabrón dice que no sabe hacer otra cosa, es un jodido soberbio que trata de decirte que lo que hace, ya sea escribir, pintar, o diseñar cabañas, lo hace de una manera sublime y es un genio en sus propias creaciones... Yo no sé hacer otra cosa, yo nací para el arte cubista... Yo no sé hacer otra cosa, y todo lo que soy se lo debo a mi poesía socrática, claro que si no hubiera existido Sócrates yo no me habría dedicado a la poesía... Patrañas... Pero en su caso, cuando un tipo apagado y triste como usted, me dice a media voz que no sabe hacer otra cosa, pienso que usted tiene la autoestima en los suelos, que está acabado y que tramita como una máquina, pero como una máquina diseñada con mínimos margen de error por los mejores informáticos asiáticos... Usted es un genio de la tramitación, Aurelio, pero en Monotonía nadie se lo dice... Usted debería viajar más Aurelio, y lo comprendería todo... Viajando, uno llega a entenderlo todo... Todo, Aurelio... Por curiosidad... ¿Cuál es su apellido?
- Tristán.
- Joder, dan ganas de llorar... Tristán... Ya hablaba yo antes de los cromosomas de las palabras... Tristán... Triste... Aurelio Tristán, tramitador de la Seguridad Social... Aurelio Tristán, el tipo que se encarga de que la gente llore contenta... Le va ese nombre señor, le va al pelo... Como artista tendría que cambiarlo... Por si algún día decide, es una recomendación... Algo así como... Helio Arista, que tiene las letras de artista, y tiene contundencia y va con malabarista, el malabarista del verso, o con expresionista, o ilusionista, y con alquimista, pero a mi nunca me han gustado los alquimistas, porque también decían que no sabían hacer otra cosa y aún no entiendo como coño se puede convertir el plomo en oro y como fabricaban las pócimas para la vida eterna... Jodidos brujos arcaicos... A lo que iba... Yo me llamo Nicasio Vinagre... Es el nombre que figura en mi documento de identidad, y en el pasaporte, y en la putas facturas de teléfono... Es la herencia de mi padre... Y hubiera estado bien si yo fuera el enterrador de Monotonía, o el matarife de Tedio, o un aburrido bedel de colegio, pero me dio por la literatura, ya sabe, por los poemas y los relatos, y lo cambié cuando escribí la primera historia a los dieciocho años, Memorias del viejo Yago, qué no se yo porqué me dio a mi por narrar las memorias de un viejo perdido en una aldea de la montaña, un viejo que no sabía hacer otra cosa que vivir en la aldea, porque detestaba la sociedad, y vivía de lo que la tierra daba y de la caza... Pero cuando uno tiene dieciocho años no sabe mucho por donde va a tirar su carrera, o si realmente va a ir alguna dirección, o se va a estampar a la primera de cambio... Y el editor me mandó a la mierda, pero no rechazó la primera obra de Nicasio Vinagre, sino el primer relato de Nicolás de Vinarés, que tiene una presencia mucho más agraciada y gratificante y es apto para escribir... Así que Nicolás enterró a Nicasio, y de Vinarés se desprendió de la acidez de Vinagre, y yo tuve un nombre de escritor... Sin embargo, aquí mis amigos, estos dos jóvenes tan empeñados en escribir sobre el lumen, los canallas y las debilidades del hombre, nacieron con fortuna y adquirieron adecuados nombres para el arte... Alejandro Montesquinza, con esa pinta un poco quevedesca y esas perpetuas ojeras, y Jorge Víctor Palermo, que también es el nombre de una ciudad siciliana y da mucho juego para la decadencia y las debilidades... Quizás lo de Montesquinza es un poco dieciochesco, pero a Alex le va bien así y no lo va a cambiar... En fin, a ver Aurelio... Usted... ¿Ha escrito alguna vez?... Qué demonios, le quitaré la máscara, le llamaré Helio...Helio...
- Alguna redacción en el colegio...
- Bien, por ahí se empieza, escribiendo sobre la excursión a Toledo, o sobre el día en el que todos los niños cantábamos y recogíamos setas en el campo, o sobre mi experiencia en el día de la romería de la Virgen de la Salud... Ahora toca que me cague en la vorágine de los relatos de Poe porque no hay Dios que pueda superar a ese caótico genio... Reitero la pregunta con algún añadido... Helio... ¿Ha escrito alguna vez por voluntad propia alguna historia de ficción o algún relato sobre sus propias experiencias o las de los demás?
- No.

De Vinarés pidió una botella de Burdeos y unos platos de canapés y guiñó un ojo a la camera asiática, y le dijo que le alteraba la sangre su mirada de Oriente. Pero entiendo, muchachita oriental que estoy demasiado viejo, y sería más bella tu estampa frente a un tierno joven de Shangai. No obstante, si no fuera así, deja tus señas pequeña. Te llamaré cuando me llegué la obstrucción mental. Qué mejor para la rutina del atasco.

- Descaro, Helio, descaro... Forma parte de la vida, caballero...
- Sí, ya le veo, Nicolás...
- ¿Ha sido usted alguna vez descarado?
- No es una cualidad que me identifique, le diré... Pero tal vez, alguna vez...
- Coma, coma sin miedo... Ha de tener hambre después del viaje... De sentido a la muerte de la anchoa y el salmón... Y no escatime el vino, que como dicen esos elitistas enólogos, la cosecha es excelente... Afrutado, barrica, roble, etcétera... Y también lo decía Purple, pero lo dijo tantas veces que acabó con cirrosis... Por allí por París andará... Tomás Purina... Thomas Purple...
- ¿Está usted casado Helio?
- Sí.
- ¿Quiere a su mujer?
- Sí.
- ¿Es feliz con su mujer?... Perdone que esto tome tono de interrogatorio... No es más que en la primera cita...
- Bueno, a veces.
- A veces yo era feliz con mi mujer, con Mónica, y a veces era repudiado por sus ojos de diablesa, y cuando empezó a mirarme más como diablesa que como ángel y ninfa de mis fantasías sexuales, todo se acabó... Entonces dijo con cara de diablesa que las fantasías eran excentricidades y que mis poemas eran producto de mi insatisfacción, que yo no sabía hacer otra cosa que escribir poemas y que los necesitaba para disfrazar mi infelicidad... Yo le dije: Mónica... ¿No tenías hoy cita con el puto sicoanalista? Desahoga tus penas con él y si se pone tierno te lo llevas a la cama... Y cuando le dices a una mujer que se tire a otro tipo, se lo acaba tirando, y te conviertes en yerba amarga, que era el seudónimo con el que escribía el triste Kafka... Cómo cambia el cuento, amigo... Cómo cambia... Y lo superé tras dos días de borrachera con Alex y Palermo, estos dos gandules que me caen bien porque escriben de puta madre y no tienen ni puta idea de que escriben de puta madre... Y luego estuve con Paula... Paula, la pobre Paula, que estaba contra el mundo, y por cercanía contra mi... Estaba contra todo porque era locutora de radio y había ganado cierta audiencia y esa gente tiene mucho peligro... Ojo con los periodistas que tienen audiencia... A mi me daba miedo escucharla, con esa garra y esa rotundidad, y esas palabras que salían salpicadas en saliva, pesadas como si fueran palabras de acero... Queridos oyentes, vivimos rodeados de desfachatez y desvergüenza, al amparo de unos nefastos gobernantes... Queridos oyentes, hoy nos vamos a Guadalajara, donde los vecinos del barrio de San Cebrián no pueden vivir rodeados de ratas y basura, y vamos a denunciar... Era la tía más aburrida del mundo, cubierta de oro y soberbia... Cómo cambia la historia, a veces, cuando llega el éxito... Lo peor es que cuando nos enamoramos, hay veces que buscamos en el transcurrir del tiempo la primeras causas del amor hacia esa persona que ahora queremos lo más lejos posible, y no las encontramos, no las encontramos, o las encontramos vagamente, no reconocemos a la persona que un día amamos, porque los malos tiempos borran de la memoria los buenos, o los dejan anclados en la memoria, pero muy difusos y con muchas brumas... Me ha salido mal lo del amor, Helio, muy mal... Y fantástico lo de las relaciones esporádicas...
- Mi mujer es muy normal, Nicolás, muy normal... Es una persona temerosa... Así la educaron, como hicieron conmigo... Pero es buena... Y con eso tengo mucho ganado... Pero...
- Temerosa, normal... Me viene a la cabeza la palabra muermo, Helio. Tiene ganada tranquilidad, pero su vida es más aburrida que la de un caracol... Disculpe la décima intromisión...
- Bueno, ya lo dijo usted, vivo en Monotonía...
- Y en la monotonía, Helio...
- Sí, así lo hemos asumido...
- Usted me gusta, me gusta... Helio... Se lo aprecié desde un principio... Tiene, amigo, una humildad y una bondad que a veces me ha desesperado en este tramo de tiempo, desde que le invité a sentarse, pero es usted de verdad, y me produce afecto y pena su presencia... A veces me mira como un oso de peluche, pero eso se puede arreglar... Se puede... Disculpe lo de la pena, pero es que no le imagino una vida demasiado ajetreada, y eso es una decisión propia, pero tengo la impresión de que a veces lo hubiera deseado... Usted hubiera deseado tener otras experiencias, alejado de Monotonía, algún viaje, alguna aventura...
- Sí, quizás...
- Sí rotundo, Helio, usted se daría cuenta en cualquier esquina de la ciudad de París, o de Delhi, o de Madrid, o Praga... Se daría cuenta... Viajando todo se entiende... Y yo, hoy, trato de ayudarle a entender, porque además, me divierte...
- Sí, la verdad... Esta reunión con ustedes para mi es algo diferente, y la novedad puede gratificar el tiempo... 
- Oh, le ha quedado muy bonito... Usted lo ha dicho Helio, la novedad gratifica el tiempo... Si todos los días tuviéramos esta reunión en la Plaza de Santa Ana, habría días en los que no acudiría a esta mesa a escuchar al loco de Nicolás de Vinarés... Sin embargo, hoy es algo al menos diferente... Y ya ve, no está tramitando, si acaso extrañado por lo que este viejo le dice... Beba, beba vino... Burdeos es una ciudad un poco aburrida, no tanto como Monotonía, pero su vino es sublime... Por cierto... ¿Dónde se hospeda?
- En un hotel de la calle Almagro, pero en fin, no tengo prisa... Hoy tengo el día libre... Mañana seré la máquina tramitadora... 
- Oh... Tiene usted sentido del humor, la máquina tramitadora, la máquina con las coordenadas para que la gente llore contenta... Y por otro lado, no tiene prisa... Y va estando un poco achispado... Lo noto en sus ojos, que van cogiendo el brillo de las brasas... Va dejando de ser oso de peluche... Va a tener usted mirada de fuego, caballero... Y, lo primordial, el señor Helio no tiene prisa... ¿Porqué?... Porque está bien, y cuando la gente está bien no quiere que pase el tiempo... Y usted va estando en sintonía, y va cogiendo confianza... Dígame... ¿Cómo era su padre?... O... ¿Cómo es?
- Era. Un hombre de muchas precauciones, y bastante temeroso, pero al fin y al cabo, buena persona... 
- Y el responsable de que usted entrara en la empresa estatal... 
- Sí, en cierta forma sí... El quería un estabilidad, un trabajo sin riesgos para mi... Siempre decía: entrar en la administración es bueno por el corazón... 
- Pero en cambio, usted sufre la rutina del amontonamiento... 
- Cobro a fin de mes, pase lo que pase, y soy más indefinido que un pato en el estanque.
- Más indefinido que un pato en el estanque... Indefinido, estanque, pato... Me cago en su símil y en la geta de Stalin... Los patos, Helio, tienen el cerebro atrofiado de estar todo el día en el estanque, pero si fueran listos volarían a conocer otros estanques, los de Budapest, los de Berlín, o los de Glasgow, y conocerían a otro patos, y vivirían su vida de pato con más intensidad... Y dirían en el idioma de los patos: hostias, que bien se está en las aguas de Varsovia en primavera... Joder, pero luego llega el invierno y hay que volar a Barcelona... O a Catania... No, a Catania no, que los niños sicilianos tienen muy mala leche y están todo el día tirando piedras y jodiendo... Indefinido... Vaya palabrita, una cosa de duración indefinida, y además se la aplican a un tramitador que indefinidamente tramitará... Yo soy más de temporalidad, pero tiene que haber de todo... Por cierto... ¿En qué gasta su dinero?... Esa cantidad que cobra a fin de mes, pase lo que pase... 
- Poca cosa, Nicolás, poca... En algo de ropa para Lourdes, en alimentación, algún libro que otro, periódicos... No sé... No soy muy dado a gastar... 
- Y... ¿Le pagan bien?
- No me quejo.
- Y... ¿Tiene hijos?
- No.
- Va usted a llegar rico al cementerio, Helio... Va a vivir en el barrio bueno del cementerio... Va a tener una sepultura de puta madre, y eso está muy bien... Está muy bien, y es muy triste... Está bien que le visiten sus amigos y vean la grandeza del mármol y de su nombre tallado y sería positivo para su reputación post-mortem, pero... ¿Acaso no sería ello reflejo de una vida correcta, pero algo apagada a la vez?... Con pocas experiencias... Bueno, que le va a decir un golfo de mi caché, con tantas millas por el mundo, y la vida tan gastada... Helio, gastar la vida... Vida gastada... Ese es el secreto... Exprimir... La vida es una naranja... 


Agotada la bandeja de canapés y el vino, Nicolás de Vinarés pidió café para los cuatro, y le volvió a tirar los tejos a la china. Llámame cuando tengas la carta de despido en la mano. Yo te haré mi asistenta, y te haré volar allá donde hayan traducido alguna de mis obras, y te haré volar en mi apartamento de Ópera, y cuando te canses de volar, dímelo con antelación para buscar un recambio, princesa de Pekín.

- Ah... Helio... Me dijo usted que había gastado algo de dinero en libros... ¿Qué lee un caballero honesto de Monotonía?
- Bueno, de todo... Historia de los templarios... 
- No me interesa.
- Novelas en las que se descifran códigos, enigmas, bajo el telón de los acontecimientos históricos.
- No me interesa. Demasiado previsible, o demasiado retorcido.
- Bueno, algunos clásicos,... Robinson Crusoe... 
- Un poco moralista, pero no está mal... Ese Viernes le salvó el culo a Robinson y luego se convirtió en su criado... Bien, siga, va por buen camino.
- La Isla del Tesoro... Stevenson... 
- Magnífica obra... Silver me recuerda a Purple.
- La Metamorfosis... Kafka... 
- Joder, un poco claustrofóbica y desagradable, pero muy buena... ¿Sabe?... Ese Kafka era un anti-burócrata, y sufría como un perro por la explotación del hombre, y por todo eso de las manivelas de las redes de producción... Y era un poco enfermizo, y muy raro... Sufrió, pero vivió con intensidad... La intensidad y la vida van de la mano, amigo... Deben ir de la mano... 
- Algunos relatos de Poe, El Péndulo, Los Crímenes de la Rue du Morge... 
- Excelente cosecha de historias de vértigo narradas por el maestro... 
- El Retrato de Dorian Gray... Oscar Wilde... 
- Perfecta... Perfecta... Caballero... Luego llegó ese patán de Bosie, menudo hijo de puta, y lo mandó todo al carajo, y escribió desde un dolor infinito en la cárcel de Reading... Ya sabe, el bueno de Wilde perdía aceite y los victorianos no anduvieron con tonterías y le mandaron al trullo... Bosie se fue de la lengua... Y entonces a Oscar le dio por escribir cosas como que el arte del dolor era sublime y maravilloso, por todo eso del desengaño con Bosie, y la cárcel... Pero Wilde, Wilde era un caballero, irónico y con un sentido del humor excepcional... Excepcional... 
- El Jugador... Dostoievski... 
- Escribió una obra maestra y saldó su deuda... Menudo genio cabrón, Dostoievski.
- Las Ninfas... Umbral... 
- Ah... Umbral... No dista mucho la ciudad que le vio nacer de Monotonía... Sí, Las Ninfas, bonita novela, con el muchacho yendo a conocer a los poetas, y queriendo ser como ellos, y descubriendo el universo de la literatura, tomando el tren a Madrid... Dicen que Mortal y Rosa es la mejor, pero a mi la literatura que nace del dolor me deprime y cuando me deprimo sufro rutina del atasco, y eso no me conviene... Umbral... No le conocí... Con su voz grave y su famosa máquina de escribir... Dicen que no era tan áspero y serio como reflejaba su imagen en el exterior... Pero cuando uno muere se dice mucho eso, no era tan... Y también era muy... Muy bueno, muy generoso... La muerte engrandece amigo, la muerte engrandece... Aunque Paco Umbral ya lo era... 
- Una vez le vi, paseando por el puente de hierro de Monotonía... Miraba con mucha fijeza el vaivén de las hojas de los árboles... Hacía mucho viento, y allí estaba, clavado en la barandilla, abstraído por el movimiento de la naturaleza... 
- Ah... Qué bonito le quedó... Va a tener usted alma de literato... Abstraído por el movimiento de la naturaleza... Guardaré la información en el cerebro... Uno también escribe de lo que oye... Bueno, no ha leído usted mala literatura... A decir verdad, apostaba menos, querido Helio... Empecé sintiendo algo de decepción porque en un principio le hacía únicamente en el terreno de las novelas esas de enigmas y códigos, que lee alguna gente con una voracidad indecente, pero me alegro de que la buena literatura le haya ido enmendando. Citó usted grandes obras y autores...
Montesquinza y Palermo se retiraron porque tenían una cita con un tal Mauricio Sabatini, que era un editor muy comprometido con los escritores jóvenes y muy acabado para los escritores viejos. Sabatini a su vez era un editor viejo, con tres divorcios a sus espaldas y una vida de crápula que le llegó a avanzada edad. Entonces se volvió un poco desagradable para los viejos y se mostró receptivo con los jóvenes. A Montesquinza y Palermo les daba pena cuando salían con él por los bares de La Latina, o de Malasaña, porque siempre le tenían que llevar a casa y la borrachera le ponía muy nostálgico, y se ponía a llorar y a maldecir a las mujeres y a los escritores viejos, pero con ellos había arriesgado como solo lo hacen los viejos valientes de vuelta de todo, y quizás algo reventados de vivir. Se despidieron de una manera cordial y amistosa de Helio Arista y le emplazaron a volver a verle, pese a que no habían intercambiado palabra. A Nicolás de Vinarés le dijeron que no bebiera demasiado y que le hiciera proposición de matrimonio a la joven oriental. Id a los pies de Sabatini, id muchachos, que lo necesita ese truhán.
- Estos muchachos me dejan solo a la primera de cambio.
- Bueno, compromisos... 
- ¿Y usted?... Le veo bien... Sin prisas... Tómese una copa... Celebre su día fuera de Monotonía... Hace un día perfecto... El sol otoñal hay que aprovecharlo... Y usted y yo vamos intimidando... Oh, no se ponga tímido, no me malinterprete... Mantenga el whisky en el paladar...  
- Bueno, yo no bebo demasiado... 
- Bueno, a mi no me gusta beber en soledad y recuerde que yo soy el anfitrión, y le voy a invitar se ponga como se ponga, y me va a aceptar una copa de whisky de la bella Irlanda...

Había llamado princesa oriental a la camarera china, y allí aparecía ella, al minuto, con las copas, solícita y con cierto temor de que de Vinarés volviera al ataque.

- Sabe... No me gusta beber solo... Porque me pongo tremendamente nostálgico y me da por pensar que Mónica era la mujer de mi vida, lo cual es un error porque sigo pensando a mis setenta años que la mujer de mi vida será la última, y estará en cualquier rincón del planeta, pero la soledad alcohólica me hace recordar los tiempos en los que ella era la sirena de mi universo, y entonces se me pone un nudo en la garganta, que es como una bola de sebo ahí atascada que te va quebrando la voz y te agiliza la ingestión de los licores... Entonces tengo que recurrir a los tiempos de sus ojos de diablesa y se me va calmando la tristeza, o bien llamo a alguna antigua amante y me la llevo a cenar y trato de llevármela a la cama mirándola como miraba a Mónica cuando era la sirena, que no es otra que la forma de mirar del deseo y de los afectos, pero ya le digo, trato de dar más fuerza a sus ojos diabólicos... Es una cuestión de evitar sufrimientos... Y a menudo pienso que la mujer de mi vida está a la vuelta de la esquina... Y eso me levanta el ánimo de una manera contundente... 
- Ah, claro, es usted un tipo listo... 
- Déjese de idioteces... Soy un tipo práctico, no listo... 
- Sí, para evitar sufrimientos... 
- Sí, el sufrimiento forma parte de la vida tanto o más que la alegría... Pero le diré más, el sufrimiento es una cuestión de adaptación... Bueno, en primer lugar, le hablaré de la existencia del sufrimiento neto, o sufrimiento de la naturaleza, o si lo prefiere sufrimiento de la vida, que siempre acaba apareciendo el muy hijo de puta, y que deriva principalmente de la enfermedad, del hambre y de la muerte de nuestros seres amados, y del jodido desamor, y luego, en otro apartado tendríamos el sufrimiento en función del valor, de la imbecilidad y de algo muy importante, la capacidad de adaptación de los mortales... Empecemos por el tema de la imbecilidad... Un capullo de mal agüero puede sufrir porque un día no puede comer su ración diaria de magret de pato y ha de conformarse con pan y un poco de la insípida pechuga de pollo, pero en Calcuta habrá un niño feliz comiendo pollo, lo cual es un sufrimiento, el de la imbecilidad ligado a la capacidad de adaptación... Hay que saber beber el mejor reserva de Vega Sicilia y los líquidos infames de la peor cosecha, pero ya le dije, hay capullos que sufren por este tipo de cosas... Otro ejemplo, una princesita de espectacular presencia y sublime mirada de tigresa de Bengala visita una boutique y no encuentra el modelo de Prada de la temporada, y la muchacha llora con desconsuelo y rabia porque era perfecto para los zapatos de Gucci que se compró en Florencia. Sufrimiento de necios y descerebrados, caballero. Y luego está el tema del valor, la vida y su componente de traición y de sorpresa, de sorpresa negativa, y ante eso valor y coraje, y muchas copas con los amigos, esos amigos que estarán hasta el gorro de ti, pero harán que no te des cuenta, porque la tristeza, además del amor, ciega, Helio... Todos los sufrimientos van ligados, todos... Pese a sus diferentes clases... 
- Se está poniendo usted un poco drástico... 
- Sí, tiene razón... Hablemos de otra cosa... 
- ¿Qué me dice de sus millas por el mundo?
- Podría estar hablando horas, y no lo tome como vanidad, pero usted no iría mañana a tramitar... Sería demasiado tiempo... El mundo, el mundo... Eso le vendría bien, un paseo por el mundo con su mujer... Hay que quitarse miedos... Recuerde, viajando se entiende todo... Vamos a ver que me va llegando a la cabeza... En Palermo me impresionó mucho la decadencia y la buena naturaleza de las muchachas asomadas a los balcones, y escribí sentado en una plaza un poema sobre las imágenes de las vírgenes de Palermo y la mafia, y esas jóvenes de tan salvaje y agraciada presencia. Llevaba por título Noctámbulo en Palermo. Luego fui a Taormina... Allí me reuní con Mónica, y utilicé una frase del desgraciado Fitzgerald, algo similar a la prosa de un capítulo de Suave es la Noche. Le dije a Mónica que no olvidará nunca, pasara lo que pasara, la intensidad con que yo la quise aquella noche, y escribí Eterna Taormina, pero dejaré de lado la melancolía, y viajaremos a Inglaterra. Los ingleses son un perros del diablo que tienen algunas cosas muy buenas, como el respeto que tienen por las viejas glorias del arte, pese a que en su última etapa estén hundidos en el fango y en el alcohol, y tienen un humor los hijos de puta, como de efecto tardío y algo punzante, fino, irónico, hiriente, y a veces no lo captas y al minuto estás blasfemando su ocurrencia entre una medio sonrisa, y tienen la impresión de que están por encima del resto del mundo, aunque ahí no le hacen mala competencia los remilgados franceses. En el tema del alcohol, tienen buen aguante, pero cuando se emborrachan ganan mucho en pesadez y violencia, y a mi me recuerdan a Purple... Allí conocí a Allan Seymour, que era ingles de verdad y se llamó desde que lo parieron Allan Seymour, un escritor genial que mezclaba diferentes épocas y hechos en las novelas y lo iba ligando todo con una maestría inusual, que dotaba de complejidad aquello que parecía simple o banal... Seymour tenía un aspecto de cirrótico y de viejo prematuro, con sus arrugas feroces y vertiginosas, que daba miedo, y en el círculo de literatos del Soho de Londres le llamaban Gigante, daba su corpulencia... El muy cabrón hablaba poco, pero cuando lo hacía, aquello parecía un grito, con su voz grave y potente... Imagine a un oso hablando... Ese era Seymour... Una vez estaba con él en el Pub Rain & Moon y alternando pinta de cerveza con copa de ginebra, se empezó a poner muy rojo y logró que se fueran algunos clientes debido a sus voces, unos clientes japoneses y otros españoles... Yo le dije: tranquilo Allan, deja de beber... Y Allan dijo: me cago en la cara del almirante Nelson y en la obra del capullo soberbio de Conan Doyle, maldito hijo de puta no me digas que deje de beber, nadie decide sobre mi vida. Y tiró un taburete contra la cristalera, y entre un camarero y yo le sacamos a la calle, a ver si las brumas de la niebla le despejaban. Al día siguiente volvió al Rain & Moon. Le trataron con la misma reverencia que siempre. Tardó seis meses en morirse... Lea, lea mi relato Allan Seymour, y lo entenderá... Ya le conté algo de la historia de Marie, en París, pero París es algo más que Marie, la chica que quería ser mi amiga, y es algo más que alguna anécdota de Purple que ya le narré... París, como empezar por París... En Rue du Montergueil huele a mantequilla y a densas fragancias de mujer, y las pescaderías parecen galerías de arte, con los besugos entre corales y algas rojizas, las sardinas con sus ojos rojos, alineadas mirando al mismo punto desde la muerte, los atunes rodeados de un mar negro formado por los mejillones sosteniendo una manzana con sus dientes afilados... Atardeceres en el Sacre Cuir, desde el mirador de la grandeza, contemplación del Sena desde Notre-Dame... Sí, eso sería muy romántico para usted y su mujer... Lourdes le querría explorar en una de esas pequeñas habitaciones enmoquetadas de algunos hoteles de París... Procreen, Helio, procreen... Traigan criaturas al mundo... Eso les dará vida, y problemas... Yo no soy quién para decirle, pues no tuve descendencia, pero algunos amigos se ponen muy pesados y hablan maravillas de esa experiencia creadora, y me dicen que inspiran un amor sobrehumano, y yo les digo que están más acabados que el hígado de Seymour, el pobre Seymour, mi gran amigo, pero en el fondo pienso que son gente ejemplar para las nuevas generaciones y tienen unos genes de puta madre, y son unos padres del carajo, con la mente abierta, y los cojones bien puestos... En fin, me desvío de la ruta... De París vamos a volar a... Praga... La ciudad de Kafka, que se llevaba de pena con su padre y se tuvo que ir Berlín para concentrarse en su obra, pues su padre le dijo que le daba demasiado a la cabeza, al pensamiento y eso no era muy lógico, y además le comentó, así como con brusquedad, que se buscara un trabajo normal, que los escritores estaban avocados al fracaso y al hambre, y además llevaban muy mala vida, y Kafka le dijo en alemán, que era la lengua que menos le gustaba oír a su padre, que tanto le inculcó el checo, que se piraba a Berlín con Dora, una judía que había conocido durante el verano anterior y que le alegraba un poco la vida al triste Franz... Si va alguna vez a Praga, imagínese a Kafka caminando por Mala Strana, o ubíquelo en el puente de Carlos, y si se pone muy místico imagine que su espíritu navega por las aguas del río Moldava, y recuerde que todas esas promociones de su vida y obra se las debe Kafka a su amigo Max Brod que se pasó por el forro de los cojones las intenciones del escritor acerca de que nada suyo se publicara después de su muerte... Praga, buena cerveza, buenas mujeres, buen codillo de cerdo, preciosa ciudad... Ahora vamos a volar lejos de Europa... Nos vamos a La India, Helio... A La India... A otro mundo... Mire que yo no soy muy dado a los niños, pero en Delhi, en Jaipur, en Agra, aquellas sonrisas de los niños en mitad del charco, bebiendo del charco, correteando descalzos por el charco del mismísimo color de la mierda de las vacas eran pura poesía... Sí, allí escribí Mísera Belleza... Qué guapos esos pobres diablos medio escuálidos y saltimbanquis... Qué profundidad de mirada oscura en mitad de los colores... La India y las jodidas moscas y los insectos dándose un banquete entre los mangos y los plátanos de los tenderetes, y alguna que otra rata inmóvil e indecisa... No sé si sabrá que hay un templo donde adoran y ceban a estos animalejos tan detestables para mi... Son muy, muy raros estos hindúes... India y las despistadas vacas expuestas a la densidad del tráfico, comiendo con indiferencia cualquier cosa... Cualquier cosa, oye bien... Y los niños con esa felicidad tan contagiosa, que es a su vez, la única felicidad que yo he contemplado y a la par me ha producido tristeza... Merece la pena visitar La India para apreciar el contraste, y entonces se dará cuenta de que sobran las palabras... India y algún día... Algún día... Algún día, me decía Urmi en Calcuta, algún día desparecerán las redes de prostitución infantil y el barrio rojo de Sonagachi será un buen lugar para vivir, y yo le dije que algún día todos estaríamos muertos y no sabríamos nada del futuro, y que los gusanos no iban a tener ni puta idea ni nos lo iban a decir en caso de saber porque los gusanos seríamos nosotros mismos... Algún día, le dije ante las miradas indiferentes de las putas, es la frase más gastada de la humanidad, y yo me cago en algún día, me cago en algún día, Urmi, porque las frases de esperanza me hacen saber que todo está fatal y que nunca cambia nada... Y sabe, Helio, aquí como ve, también tengo mi sensibilidad... Tengo sensibilidad, algo de talento y mala leche, y lo llevo bien... Y me voy de La India a Los Ángeles porque se le está poniendo la cara muy trascendental, y no le quiero aguar su viaje a Madrid para una vez que sale de Monotonía... En fin Los Ángeles... Aquello es un escaparate, y allí fragüé las líneas de Sobre Actrices y Debilidades o Vidas Nebulosas... Le contaré algo del argumento y así sabrá algo de Los Angeles... El texto comienza así: dicen que Dios las elige y Satán las manipula... Llegan a la gloria y el éxito les va abrasando el hígado, el corazón y las neuronas... Yo he vivido eso en la cercanía, en la cercanía de los demás, reitero, no en la intimidad... Helio... Digerir el éxito es una de las cosas más difíciles que puede haber, tanto o más que alcanzarlo... Es el trabajo de digerir el éxito como añadido al trabajo de actriz... Yo creía que Cindy Helders era una chica inteligente, que había conseguido dejar el cine porno porque estaba harta de hacer mamadas y ya se la habían metido doscientas veces por el culo, y así fue, Cindy era una chica inteligente que logró dejar el porno porque se presentaba a todas las pruebas y los capos de la industria se fijaron en ella... Ellos llaman industria al cine, porque les gusta llamar la atención y crearse su propia y extraña jerga... Cindy logró el papel principal en una película de absurdos adolescentes que estaban todo el día bebiendo cerveza y medio drogados, y odiaban a sus padres, y de vez en cuando follaban y cuando acababan fumaban marihuana y hablaban del medio ambiente y del suicidio. American Young se llamaba la película, y como muchos éxitos de taquilla, era pura bazofia. La película había calado entre los americanos y tuvo cierto éxito en Europa y Cindy ocupaba las paredes de las habitaciones de los adolescentes... Después le dio por beber... Se bebía los gin-tonics como agua y cerraba los locales de Los Ángeles y acababa sin bragas y a cuatro patas... Y le ofrecieron una nueva película que curiosamente se llamaba Fango, el mismo fango en que se quedaron anclados sus tacones... Fango era una película de misteriosas apariciones en un pantano con los intentos de terror psicológico convertidos vilmente en miedo previsible, una mala película de Barnes que consiguió la mirada lacrimógena de Cindy, unos ojos que tenían mucho de ginebra y noche y de polvos indeseados... Y bueno, los resultados fueron un desastre y aparecieron titulares de prensa en estas direcciones... Cindy, te la vuelven a meter. Fango, carretera de regreso al porno. Fracaso de Miss Gin... En Los Ángeles el tema de los héroes y villanos tiene más significado que en cualquier otro lugar del mundo... La historia de Cindy es una de la historias más repetidas de Los Ángeles... Te alzan con la misma facilidad con la que te dejan caer... En este tema nos quitamos el sombrero con los británicos, sino ahí tiene usted la historia de Seymour... Y bueno, la desgraciada Cindy está ahora en una clínica psiquiátrica atiborrándose a pastillas, con una depresión de puta madre, y la cara hinchada y los ojos como sin orientación definida, apagados, fríos e inútiles para la industria... Y le hacen escuchar operetas, y leer las obras de Dickens, y dormir mucho para evitar sufrimientos... Recuerda, evitar sufrimientos... Vaya forma jodida de evitar sufrimientos... Sin darme cuenta he recaído en la trascendencia... Será que la vida tiene mucho de esto... Y bueno, caballero, esto llega a su fin... Otro día seguiremos con Ámsterdam, Buenos Aires, Lisboa, Florencia... Qué se le den bien esas tramitaciones tan importantes para que la gente llore contenta... 
- Bueno, para mi ha sido una experiencia diferente.
- Claro... Usted ha salido poco de Monotonía... Salga más, hombre, salga más... Le vendrá bien a usted y a su Lourdes Solís... Por cierto, eso de Solís me parece como tomate frito o lata de conservas... Propóngale Lourdes de Lis... Si ella logra sonreír con esta fantochada, usted vivirá un momento de intensa felicidad... Se lo aseguro...

De Vinarés se levantó y le dio un fuerte apretón de manos, y le dijo que en esa terraza siempre podía encontrarle. Pero antes de girar hacia la calle Huertas, espío la dirección que tomaba Helio Arista, y le vio seguro y decidido entrando en el Café de los Artistas. Y había olvidado por completo su nombre, Aurelio Tristán. Y Helio Arista tramitó como un máquina con las coordenadas exactas para que la gente llorará contenta, durante los días siguientes. Y al regresar a Monotonía, Lourdes le abrazó con demasiado maternalismo. Y el sintió una frialdad dañina que ella no apreció. Y ella nunca quiso salir de Monotonía. Y Helio se inventó algún viaje a Madrid bajo la excusa de las tramitaciones, y se volvió a reunir con Nicolás de Vinarés. Y pasó un año y pidió el traslado a Madrid, y ella no era la mujer de su vida, que tal vez estaría a la vuelta de la esquina, a la vuelta de la esquina de los países que empezó a visitar cuando se liberó de un amor equivocado. Y Lourdes nunca fue Lourdes de Lis.





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