121. La humildad se parece al oro en que todo el mundo la conoce y poquísimos la tienen.

122. Si la realidad supiera que soñamos despiertos, nos aconsejaría no salir a la calle.

123. Se ama verdaderamente cuando nos asomamos a un espejo y en vez de vernos a nosotros mismos, estamos viendo a la persona que amamos.

124. Vida, sembradora de afanes. Muerte, recolectora de nadas.

125. La libertad echa sus semillas sobre los surcos de nuestros deseos, pero su cosecha depende del arado de nuestra voluntad. 

126. Si la mentira oliese mal las reuniones serían irrespirables.

127. El dolor y la tristeza siempre son huéspedes inoportunos, mientras que la alegría y la fortuna son bienvenidas a cualquier hora, incluso en momentos de escrupulosa intimidad.

128. Nunca los herederos de unos bienes heredan también el desvelo con que se fue haciendo la herencia que han recibido.

129. Si, hijo mío, el mundo está lleno de sinvergüenzas y necios, pero demos gracias a que el planeta no es más grande de lo que es.

130. No aceptar la objetividad es como tirar al suelo la lámpara que nos puede alumbrar en el largo y tortuoso túnel del conocimiento.

131. Los amigos aparentes son como los días entre sol y sombra.

132. No hay hombre más afortunado que aquel que es su propia providencia.

133. Se suele mirar con indulgencia el pasado como si hubiera sido bueno, de la misma manera que el ejército vencedor mira con simpatía a los vencidos, ya desarmados y seguros de su inocuidad.

134. Lejos de las grandes palabras ya, el animal humano se entrega a su nada en el recoveco del último silencio, como se saca de su jolgorio a un enfermo repentino para morir a la espalda del indiferente estruendo de una feria.

135. Las pequeñas alegrías tienen derecho a lucir las perlas baratas de su sonrisa y la música juglaresca de sus carcajadas.

136. Nadie escapa al sufrimiento aunque grabe en la puerta de su casa la palabra felicidad con letras de oro.

137. No se sufre para bien, pero sí para ser mejor.

138. Dado el aire de los tiempos, hablar ahora en literatura de valores humanos es como repartir hojas parroquiales en la puerta de un burdel.

139. La violencia tiene que cohibirnos, la verdad tiene que convencernos, la belleza tiene que fascinarnos, pero el dinero no necesita preámbulos.

140. Empleando un lenguaje deportivo, quien no ama está fuera de juego.






 

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