LA RUTA DEL VINO… y del español.

Se me antoja cuanto menos curioso que un abstemio declarado eligiera la ruta del vino, en la Rioja, para hacer un periplo de tres días por estas tierras del Norte de España, pero debo declarar, “a anteriori”, que ser abstemio, en mi caso, nunca estuvo reñido con el conocimiento y el estudio de la cultura enológica, e incluso, de la valoración que el vino ha tenido y tiene en la literatura, la gastronomía y en la geopolítica socioeconómica del mundo.
 



la Rioja   la Rioja

Hospedería Señorío de Briñas y Bodegas Muga y monumento al vino



El punto de encuentro y residencia fue la Hospedería Señorío de Briñas -un palacete del siglo XVIII excelentemente acondicionado como hotel de la prestigiosa cadena “Rusticae”- en el pueblecito de Briñas de la Rioja alta logroñesa, equidistante de la Rioja alavesa, y no lejos, tampoco, de la baja Rioja donde el español (castellano), como idioma, conoció su cuna y nacimiento.

Briñas es un pueblo típico de la zona, venido a menos, sin duda por el influjo de Haro –a escasos 6 kilómetros- pero que mantiene sus casonas heráldicas besadas por el río Ebro que por las noches hace chiribitas onduladas y mágicas en sus fachadas.

La visita a Haro –patria y epicentro de los vinos de la Rioja logroñesa- supuso un paseo por el poderío de las grandes bodegas de la zona: la Dinastía Vivancos, los Paternina, los Tondonia, los Muga, rivalizan en esplendor y lujo ofreciendo al visitante una simbiosis realmente conseguida de modernismo y tradición del todo espectaculares.

Espectaculares, así mismo, los precios de sus reservas y crianzas del 98 al 2005, bastante prohibitivos para la cata y compra de no más de un par de botellas de sus lujosos caldos.

Buscábamos nosotros el vino joven de crianza del año, por lo que tuvimos que trasladarnos al pueblecito de S. Vicente de la Sonsierra en donde un cosechero particular, Luis, nos llevó a su pequeña bodega y después de degustar sus caldos –sin la alteración bucólica del roble y de los años- nos complacimos en comprar un par de cajas de los mismos, lo que constituyó el comienzo de todo un torbellino de catas y compras, pues, además de que en todos los pueblos de la zona la mayoría de sus habitantes son cosecheros-vendedores, a juicio de los catadores que nos acompañaban (mi mujer y mis cuñados) cada uno de los vinos ofrecidos y probados era mucho más rico que los anteriores.

La noche, como imaginareis, fue plácida y soñolienta para los catadores, y tranquila para el acompañante-conductor que esto escribe, y que terminó el día con una mayor y más rica cultura enológica.
 



la Rioja   la Rioja

Calles de Laguardia y Iglesia de S. Juan Bautista- Laguardia



Laguardia, en la Rioja alavesa, es una ciudad realmente preciosa: enclavada en un altozano (absolutamente agujereado en sus entrañas por miles de bodegas de los habitantes del pueblo) y fundada en el siglo XV como defensa del Reino de Navarra, constituye una verdadera fortaleza medieval con callejas de ensueño que se extienden desde la iglesia fortificada de San Juan Bautista hasta la de Santa María de los Reyes. Un verdadero placer recorrer sus angostas calles y dejarse trasportar a un medievo ya lejano pero presente en sus casa y en sus piedras, y un no menos voluptuoso placer degustar una comida exquisita en el Restaurante Migueloa, regada por los excelentes vinos de su famosa bodega.

La visita, en la misma villa, de la bodega El Fabulista (curioso nombre que deriva al fabulista Samaniego que nació y vivió en esta localidad), la más famosa del pueblo, supuso un broche de oro y experiencias en esta ciudad de encantos, alejada de las luchas dialécticas y políticas del país vasco.

Miles, realmente miles de espectaculares bodegas –que rivalizan en diseño y suntuosidad-, y cientos de miles de viñedos, salpican todo el trayecto por las dos Riojas (alavesa y logroñesa) donde villas como Labastida, Elciego, Páganos, Samaniego, Arnedo, sobresalen por sus monumentos, tanto religiosos como vinícolas y antiguos y modernos (alguno de las manos del arquitecto del Museo Guggenheim de Bilbao).

Una parada larga en la capital de la Rioja logroñesa, Logroño, en pre-fiestas de San Mateo, nos hace degustar una ciudad rica, lujosa, tranquila y bien acondicionada para sus habitantes, y donde se nos antoja que la vida debe ser especialmente placentera.
 



la Rioja   la Rioja

Claustro abierto del Monasterio de Yuso y Viñedos en los valles de la Rioja



Y estando en la zona, y por contrarrestar un poco el tinto con la cultura escrita, no podíamos dejar de hacer un periplo, pasando antes por la villa de Nájera (al pie del río Najerilla y resguardada por el pico de Nájera y los cerros Malpica, Cerro de la Horca, Mal vecino, la Atalaya y Castillo) punto crucial del Camino de Santiago, y donde nos aprovisionamos, además de nuevos caldos, con los no menos espectaculares espárragos, pimientos y alcachofas de la zona) y una parada importante en San Millán de la Cogolla, a pocos kilómetros de Berceo –cuna y patria de Gonzalo de Berceo, patriarca de las letras hispánicas- donde se encuentra el Monasterio de Suso y Yuso (arriba y abajo), y en donde nació por vez primera el germen del español actual de las manos de un monje anónimo que quiso explicar en lengua romance a sus conciudadanos los libros latinos, realizando las famosas GLOSAS EMILIANENSES (acotaciones escritas en las páginas del libro) lo que se considera el primer rastro escrito de la lengua española, y de la que en el año 2000 se cumplió el mil aniversario, algo que fue festejado por toda la comunidad cultural hispanohablante.

Al margen de este símbolo –curioso que el español-castellano naciera en la Rioja, y no en Castilla- el Monasterio es un monumental conjunto, actualmente regido por escasos dominicos, con dos claustros, uno abierto y otro cerrado, que recrean la vida y milagros de San Millán, y en donde, entre otros tesoros, se guarda la colección más importante y fidedigna de Libros Cantoriales de España, y la segunda más importante del mundo.
 



   la Rioja

Placa conmemorativa de las Glosas

 
 
De vuelta al redil, visita rápida a Santo Domingo de la Calzada, parada en Lerma (ya en la Castilla de Burgos) para degustar su famoso cordero al horno, y maletero del coche a rebosar de riojas de todas las añadas y variadas viandas riojanas de la huerta.

Un viaje, pues, recomendable en todos los sentidos, incluso para los abstemios…


Luis E. Prieto
Septiembre-08





 

volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep


Aviso legal | Política de privacidad | Condiciones del servicio | Home