“La muerte, como el dentista -dijo
Bismarck-: se espera lo peor cuando
lo peor ya ha pasado.”



Odio hacer colas y antesalas, sobretodo esperando al dentista, saco cita a primera hora y por si las moscas llego minutos antes.

Así, un día, estando la puerta del consultorio abierta, sorprendí al dentista alistándose.

-Yo estoy en la antesala... -dije a lo tonto como disculpándome- Naturalmente, no pasaría a consulta sin previa antesala. Sería como morir sin antes haber vivido... –me miró significativamente- Yo, yo... igual que los demás pacientes, acepto el tiempo de antesala que me toque, no estoy entre los... -me corté-.

-¿Ah, sí? -exclamó ajustándose la bata-.

Y en mi cabeza súbitamente activada:

-Pero si la vida es antesala de la muerte y nos duele más la espera que la muerte misma... me asiste el derecho de abreviar la antesala... -Así pensé-.

-Ya estuvo, vámonos -sonrió el dentista, mostrándome una bala-, ...pero no, si es la muela que acaba de extraerme.





 

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