Tras la hecatombe financiera mundial propiciada -como otras veces- por Estados Unidos, y percatados los dirigentes políticos de más de medio mundo, sobre todo, de la nueva gran potencia emergente, la Unión Europea (que -si nos aplicamos- será en su día primera potencia mundial), de la necesidad de renovar los actuales sistemas económicos y financieros a nivel global, tras unos primeros intercambios de ideas promovidos principalmente por el primer ministro británico Gordon Brown, la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy (a su vez, presidente de turno del Eurogrupo), convinieron con el presidente estadounidense George Bush la conveniencia de una cumbre extraordinaria de las primeras economías mundiales y países emergentes para una resolución definitiva a la situación y a la problemática derivada del actual sistema.

Todo lógico y perfecto, con una sola excepción: España no estará invitada a esa trascendente reunión. Pero... ¿por qué? Ciertamente, está fuera de toda lógica, pero, tratemos de encontrar una respuesta. Veamos primero algunos datos.

España, con un Producto Interior Bruto de algo más de 1,6 billones de dólares US, según datos del FMI (o 1,4, según el Banco Mundial), está situada como la octava economía mundial. Sin embargo, como todos sabemos, España no forma parte del Grupo de los 8 países más ricos del mundo (G-8) del que sí forma parte Canadá, país situado en el puesto número 9 del ranking mundial.

El G-8 es un grupo que integra a los países más ricos -o industrializados- del mundo y cuyo peso político, económico y militar es relevante a escala global. Está formado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. Pero hay que tener en cuenta que la pertenencia oficial a este grupo no se basa en un criterio fundamentado, ya que no son ni los ocho países más industrializados, ni los de mayor renta per cápita ni aquellos con un mayor Producto Interior Bruto. La pertenencia al Grupo no sigue criterios democráticos mundiales, sino que -obvio es decirlo-, sigue la línea impuesta por la que, hasta ahora, podemos considerar la primera potencia económica mundial, es decir EE.UU.

Pero, España, tampoco forma parte del otro gran grupo económico, el Grupo de los 20, o bien G-20, un bloque formado por los 8 países más industrializados (el G-8) y los países con las principales economías emergentes de todas las regiones del mundo (y entre ellas, como un país más, la Unión Europea). Sus componentes son, además de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia, (componentes del G-8), Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, República de Corea, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea.

Y aún hay otro Grupo, el G-5 que es el nombre que se da a las cinco principales potencias económicas emergentes: Brasil, China, India, México y Sudáfrica, y que, junto con el G-8, suele ser convocado a las reuniones internacionales de este último.

Los representantes de los países que forman el G-8 se reúnen anualmente en ciudades pertenecientes a alguno de los miembros en la llamada cumbre del G-8. La finalidad de las reuniones es analizar el estado de la política y las economías internacionales e intentar aunar posiciones respecto a las decisiones que se toman en torno al sistema económico y político mundial. Hay que decir, sin embargo, que el G-8 no tiene formalmente capacidad para implementar las soluciones que diseña. Para conseguir que sus iniciativas se apliquen, el G-8 cuenta con el poder de sus países miembros en las instituciones internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el FMI o la OMC. Naturalmente, tanto en su funcionamiento interno como en la toma de decisiones -como ya apuntábamos-, tiene una especial relevancia el enorme peso específico de los EE.UU., país fundador del mismo y primera potencia mundial en el plano económico, político y militar.

Los motivos de la no pertenencia de España a estos grupos son tan repetidos como ancestrales. Primero, desde que, con la muerte de Felipe II, el gran país que fuera España dejara de ser un imperio poderoso y respetado por la poca o nula trascendencia política como nación causada por la apatía e incompetencia de reyes y gobernantes; segundo: por las especiales y poco favorables circunstancias en que se vio envuelto el país tras el alzamiento del General Franco y sus cuarenta años de dictadura; tercero: porque, desde la instauración de la democracia, ninguno de sus dirigentes -excepción hecha del ex-presidente J. M. Aznar, que se resuelve en una única acción, poco reflexionada y totalmente contraria a los deseos de la mayoría del pueblo español- han prestado la debida atención a unas buenas y productivas relaciones exteriores.

A todo ello hay que sumar que las actuales relaciones con EE.UU. -que queramos o no, es el que marca la pauta en todo el mundo occidental- pasan por, quizás, el peor momento de la historia. La retirada de las tropas de Iraq por parte del actual presidente, Rodríguez Zapatero, y la consiguiente ruptura de las incipientes relaciones amistosas promovidas por Aznar, a lo que hay que sumar el inconcebible desprecio hecho por el presidente Zapatero a la bandera de EE.UU. en el desfile militar del 12 de octubre de 2003 con motivo de la Fiesta Nacional, al paso de cuya representación militar y bandera permaneció sentado en su tribuna, indiferente y sin el menor signo de respeto como marca el protocolo (y el sentido común).

Acciones como éstas, y la demostrada dejadez y falta de visión en las relaciones exteriores, conforman la situación de la España actual. Y no se trata de bajarse los pantalones ante nadie. No. Lo que hace falta para que España recupere una dignidad que nunca debió perder, que le corresponde por derecho propio como a la inmensa mayoría de las naciones punteras de la Tierra, es tener un Gobierno de responsables y un Presidente con la capacidad suficiente como para desempeñar el altísimo cargo de dirigir un país. Y entre estas necesarias virtudes para el líder patrio se encuentran la de un amplísimo conocimiento de las cuestiones del mundo, instrucción y experiencia suficientes para el desempeño del cargo e inteligencia y visión de futuro para llevar al país por el mejor camino.

Y, naturalmente, huevos. Dos pelotas para demostrarlas allí donde haga falta. De no ser así, mucho me temo que nos seguirán ignorando, seguirán ignorando a España, cuando, en cualquier lugar de la Tierra, se reúnan los "machos piaras" para hablar de "sus asuntos".

Se habrán percatado, ¿verdad? Pues termino diciéndoles que ojalá el título de estas letras fuesen razón textual cierta. Que fuese realmente la estética y no otra cosa la causa de nuestras vergüenzas. Que ese título tuviese realmente algo que ver con lo que aquí decimos...






volver  arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS | CULTURALIA | CITAS CÉLEBRES | plumas selectas

sep


Aviso legal | Política de privacidad | Condiciones del servicio | Home