Rincón de la Poesía

Rosa Juan Mena
San Fernando



  



 
 

AMANECER, SOBREVIVIR DE NUEVO
 


Pespunta hebras de luz el alba niña en el regazo de la madrugada sacudido tu sueño por la hora servil, en pie pones de nuevo tu impedimenta de hombre para ir a la guerra plural del día, en cueros aún el ánimo soñoliento del que lucha para poner puntales a la supervivencia, y en un desván lejano de penumbras la noche vuelca, rotas, las estrellas. Abre la madrugada el pestillo del alba y en su paz circular hacen estrías saurios de hierro de la carretera. Sin embargo, este día abre su boca de dragón de historias y te quiere engullir la esperanza menuda y balbuciente, mil veces recosida esa esperanza después de los desgarros que le hicieron tantos colmillos de la suerte esquiva. Sal y pasea, que el escaparate de esta multicolor mañana ofrece promesas de un joyel iridiscente para quien lo persiga, para quien se lo are en los surcos del esfuerzo, en renglones de amor. Bajará, como se empequeñece la marea, tu pesimismo, sanguijuela oscura que corre por tu sangre apaleada. Cuando subas a la torre espiral de tu homenaje, será tu corazón una alameda donde juegan los niños y se aman los jóvenes; en fin, otro comienzo del libro de la vida, y ahora, mira el artesonado azul del cielo y su sol, cíclope de ojo único, que te ignora, pero le da calor a tu esqueleto, andamiaje de lucha y de imaginación para buscar refugio en el ático verde de las olas. Amo de todos mis conocimientos a aquel que es isla hacia la que escapo huyendo del que soy cuando no he sido, huyendo al garfio de las convenciones. El mar que me ocultabas con tu no vuelve a hacer estallar risas de agua y centellea con sus ojos múltiples de cuarzo al mediodía la índiga vidriera de ese cielo, apedreada a veces por tormentas. Ven, ven, que el mar te llama desde lejos con sus ecos salobres, con su lengua de agua golpeando en el hueco de tu ausencia; ven, ven, que el mar no deja de susurrar tu nombre entre los pliegues de sus oleajes, oye cómo este mar solloza hundido en los cantiles y recorre, como un perro olfatea la sombra de su dueño, por estos litorales tu cuerpo, gozo ausente, tu cuerpo que era un ánfora donde echar los corales de su fondo y las lágrimas de salitre por los ahogados cuando los naufragios. Aquel mar que se fugó contigo hoy vuelve a sus oficios de fragor y marejada, de llevar en su vientre a millones de peces, madréporas y líquenes y gemir en las calas repitiendo tu nombre, rogándote que vuelvas a hacerle compañía con tu voz, pentagrama de vahajes. Ven, que yo también te espero echado en el regazo de la arena, a donde viene el mar también a llorar como un niño abandonado. Hoy, dolor, no te visto con palabras: vete desnudo y di que eres un huérfano de un albergue de ayes que te acoja. Nadie será anfitrión de tu gemido, mientras que la alegría, a cualquier hora, es huésped recibida en nuestra casa.


EL ARPA A LA INTEMPERIE (2007)












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