Algo que se preguntan todos los ciudadanos de este burdo teatro de farsantes al que llamamos "primer mundo", tras que la crisis global -eufemismo por tomadura de pelo y engaño generalizado- comenzara a golpear los lomos de todo bicho viviente y a engrosar sin piedad las listas del paro, es "¿A cuántos han metido en la cárcel?"

La pregunta se queda sin respuesta -con la iglesia hemos topado, amigo Sancho-, como cualquier otra incógnita perteneciente a las más profundas abstracciones de la metafísica. Vale recordar que estamos hablando de los más importantes Bancos y entidades financieras del Orbe.

Recordando la obra cervantina (I, cap. XX), justo lo mismo, exactamente igual que lo que quedara en el suelo tras la incontinencia de Sancho, es lo que nos han dejado estas formidables empresas de gestión financiera. Y, naturalmente, cuando nuestros perspicaces Quijotes (en nuestro caso, del puño y la rosa, pero cámbienlo por el emblema en activo en cada país) se dan cuenta de que lo que extiende sus olores por todas partes es el resultado de las cagaleras de sus Sanchos, tras profundas reflexiones y oír algún que otro "ojú" por parte de sus más fieles validos y asesores, pronuncian su célebre y requetepensada frase: "Mejor no meneallo." Y ahí quedó la cosa.

Es posible que la Reserva Federal de los Estados Unidos (que viene a ser como el Banco Central de los EE.UU.) estuviese de acuerdo con la puesta en marcha y concesión de las hipotecas de alto riesgo que conocemos como subprime -orientadas a la compra de vivienda para clientes con escasa solvencia y con un nivel de riesgo bastante superior a la media del resto de créditos-, pero, indudablemente, por sus especiales características, limitadas en su número para todos los Bancos y gestoras financieras. Sin embargo, ni en su número ni en sus límites de riesgo se cumplía el condicionamiento (?) impuesto por el Sistema de Reserva Federal. Estas hipotecas, en número descontrolado y fuera de toda lógica, se extendieron por todos los países y ámbitos financieros mediante venta, cambio o compra de bonos o titularizaciones de crédito y siendo transferidas a fondos de inversión o planes de pensiones.

Las consecuencias, sobrevenidas tras que, en 2004, esta misma entidad estatal comenzara a subir los tipos de interés para controlar la inflación -que pasó del 1% al 5,25% en 2006- fueron el incremento lógico de las cuotas, un altísimo número de impagados y los consecuentes embargos de las viviendas vendidas a los morosos. El número de ejecuciones hipotecarias crecieron de forma espectacular, lo que llevó a que numerosas entidades comenzaron a tener problemas de liquidez para devolver el dinero a los inversores o recibir financiación de otros Bancos. Según RealtyTrac, el total de ejecuciones hipotecarias en EE.UU. en el año 2006 ascendió a 1.200.000, lo que causó la quiebra a medio centenar de gestoras hipotecarias en ese año. Para entonces, la crisis inmobiliaria ya se había trasladado a la Bolsa, y sólo el índice bursátil de la construcción estadounidense -U.S. Home Construction Index- cayó un 40%.

No cabe la menor duda de que todos los datos de lo que ocurría en EE.UU. eran conocidos -en vivo y en directo- por los Gobiernos y organismos económicos de Europa y demás países. Sin embargo, nadie alzó una voz. ¿Negligencia?, ¿favoritismo?, ¿necesidad imperiosa que obligó a prostituir ética y principios por parte de unos y de otros? Otra cuestión que también quedará en los profundos arcanos de la metafísica.

Pero, volviendo a la pregunta del primer párrafo, "¿A cuántos han metido en la cárcel?", resulta cuando menos sorprendente que no haya responsables de ningún tipo para este cúmulo de acciones que origina la más grave crisis económica de toda la historia. En España hay un organismo oficial, dependiente del Ministerio de Hacienda, encargado del control y de la supervisión de los mercados de valores, así como de la protección de los inversores. Este organismo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, tiene que saber en todo momento lo que se cuece en cualquier entidad bancaria, gestoras financieras y todas las empresas que prestan servicios de inversión. Y, por supuesto, contar con su indispensable aprobación para la seguridad de sus transacciones y la solvencia del sistema.

Así, pues, tenemos a unos individuos, gestores y arquitectos de las altas finanzas, que nos crean un título o valor (las subprime) de unas características fuera de toda lógica, tan atípicas como quebradizas (pura basura financiera), que bordean la legalidad en el momento en que su número y nivel de riesgo traspasa los -aparentes- límites convenidos por la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Y tenemos a los responsables -Presidentes, ejecutivos y alto personal directivo- de varias de las más altas y reputadas entidades de gestión financiera que vende, endosa o transfiere la reseñada basura a Bancos y entidades financieras de más de medio mundo.

Y tenemos -aquí en España- unos Bancos y entidades financieras -que predican desde sus púlpitos en la tierra la máxima seriedad como norma- que han aceptado, propuesto, vendido y, posiblemente, porque muchos de los aceptantes de esos títulos no tendrían ni idea del riesgo, engañado a miles de inversores que, en su mayoría, de manera honesta y con todos los derechos a su favor, procuraban obtener alguna mejoría para su familia o una estabilidad para su jubilación.

Y tenemos -aquí en España- a unos responsables de asegurar que lo que se vende en Bancos y mercado financiero sea legal y de absoluta garantía que, justo en el momento de ocurrir los hechos (varios años), miraban para otro lado. Estos responsables son, naturalmente, los dirigentes de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el Ministerio de Economía y Hacienda y, en último extremo, el Gobierno y otras altas instancias de la nación (no cito directamente a la Justicia, a la Fiscalía General del Estado o al Sr. Juez de Delitos Monetarios porque desconozco si las acciones de sustraer o menoscabar el patrimonio ajeno por métodos tan sofisticados se conceptúan como delitos y son perseguibles de oficio o, por el contrario, al ser iniciadas y promovidas por tan altos estamentos y llevar el marchamo de "ingeniería financiera", no están sujetas a otras leyes que las divinas. Disculpen la ignorancia).

No han hecho nada. No hay responsables. Ni el Gobierno ni sus ministerios han dicho esta boca es mía.

Y, para más inri, muchísimos altos ejecutivos de estos Bancos y entidades financieras, con sus contratos blindados y sus altísimas bonificaciones por los "servicios prestados", se han retirado del ruedo ibérico (como en los demás países) llevándose una buena tajada de ese dinero con que les pagamos su basura. Ahí los tienen, riéndose y contando sus hazañas a sus buenos y fieles amiguetes de los paraísos fiscales.

¿Saben Vdes. lo que es el fruto del carajal? Pues, un hermoso fruto de este árbol es lo que merecían cada uno de los autores y protagonistas de esta bonita historia de piratas que les acabo de contar ...tras que se les embargaran sus cuentas allá donde las tuvieran. Pero, además de este merecido regalo, y añadiendo a la lista a los responsables de velar para que esto nunca hubiera ocurrido, pienso que sería justo otro merecido premio: el de formar el número que diera respuesta a la pregunta de los ciudadanos hecha en el primer párrafo.






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