A lo largo de este mes de diciembre, se cumplen 30 años de la actual Constitución, que fue votada en referéndum el 6 de diciembre de 1978 y sancionada por el rey Juan Carlos I el 27 de diciembre de 1978.

Pero el Constitucionalismo español ha cumplido a lo largo de 2008 sus primeros 200 años. La primera Constitución Española fue promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812 en plena Guerra de la Independencia. Fue conocida popularmente como La Pepa por ser promulgada el día de San José.

Las Cortes de Cádiz de 1812 (Obra de José Casado del Alisal)

Las Cortes de Cádiz de 1812 (Obra de José Casado del Alisal)


Sin embargo, en este recorrido por la historia del Constitucionalismo Español tomamos como punto de partida el Estatuto de Bayona, promulgado en esta ciudad francesa el 6 de julio de 1808, que, aunque fue obra de Napoleón Bonaparte, estaba destinado a ejercer como Constitución Española bajo el reinado de su hermano José Bonaparte.

Comenzaré hablando del Constitucionalismo, haciendo especial referencia al Constitucionalismo español, antes de hablar más detenidamente de las Constituciones y Códigos Políticos habidos desde 1808 hasta hoy, para terminar hablando de las perspectivas de futuro de la actual Constitución o futuras Constituciones y los principales cambios y retos que deberían afrontar.

Aunque no fuesen democráticas, dentro de este recorrido mencionaré también las Normas Fundamentales franquistas al ser las Leyes Supremas del entonces Estado fascista y sus diferencias y parentescos.
 
Desde el Estatuto de Bayona han sido diversas las ofertas de vertebración del Poder Político del Estado Español. Cada una de las distintas ofertas pretendía resolver problemas concretos.

Los Códigos Políticos son sistemas cerrados. Esta aplicación se la puede dar al Estatuto de Bayona y al Estatuto Real, así como a las siete Leyes Fundamentales del franquismo. A las Constituciones también las podemos considerar Códigos Políticos pero con diferencias como veremos a continuación.

El concepto de Constitución es más restringido que el de Código Político. Tiene su origen en los movimientos liberales norteamericano y francés de finales del siglo XVIII. La independencia de los Estados Unidos de América dio origen a la primera Constitución Democrática que se mantiene hasta nuestros días con las diversas enmiendas introducidas a lo largo de estos años.

Toda Constitución debe emanar de una Asamblea que represente la Soberanía Nacional. En España estas Asambleas han recibido diversos nombres. Otra característica de una Constitución es la división de poderes. El liberalismo español definió la Soberanía compartida entre la Corona y las Cámaras representativas. Las Constituciones de 1845 y 1876 son las que mejor reflejan esta doctrina.
 
Los Códigos Políticos de 1812, 1869, 1873, 1931 y 1978 son los que establecen con mayor nitidez la división de poderes.

La tercera condición de una Constitución es el reconocimiento de los derechos del individuo. En la Constitución de 1812 estos derechos se encuentran diseminados. El resto de las Constituciones dedican un papel específico a este capítulo. En la Constitución de 1931 se introducen derechos de carácter social.

Dos de los principales derechos que han marcado el Constitucionalismo español son la libertad de expresión y la libertad religiosa.

Una vez realizada esta introducción al Constitucionalismo, pasaré a comentar las diferentes características de las Constituciones y Estatutos Políticos habidos desde 1808 hasta hoy.

En primer tenemos el Estatuto de Bayona, aprobado en esta localidad francesa el 6 de julio de 1808. Consta de 146 artículos y 13 títulos, destacando el primero, que se refiere a que la religión católica será la religión del rey y de la nación y no se permitirá ninguna otra. Tiene tres títulos dedicados a la Corona y habla de una Cámara Parlamentaria y dedica uno de sus títulos a las posesiones españolas.

A continuación tenemos la Constitución de 1812, aprobada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. Es una de las más extensas en cuanto a artículos, ya que dispone de 384 en total. Considera españoles a los residentes en los dos hemisferios, en clara referencia a las posesiones americanas, trata de todos los territorios que posee España tanto en la Península como en América, pero sin reconocerlos como naciones. También considera la religión católica como la única y verdadera. Dedica más de un capítulo a las Cortes y a la Corona.

El Estatuto Real fue aprobado el 10 de abril de 1834. Dispone de 50 artículos que están dedicados en su inmensa mayoría a las Cortes.

La siguiente Constitución fue aprobada el 18 de junio de 1837. Consta de 77 artículos y se centra en los españoles, que considera a tales a los nacidos en los dominios españoles, en las Cortes y en la Corona. Sigue considerando al titular de la Corona el rey de las Españas a pesar de haber perdido buena parte de los dominios americanos. Cabe recordar en este apartado, que los Austrias juraban también como reyes de las Españas en referencia a todos los Estados Ibéricos, que se les quitó tal condición con la llegada de los Borbones y que 300 años después siguen sin recuperar su reconocimiento.

El 23 de mayo de 1845 fue promulgada una nueva Constitución. Contiene 80 artículos y es muy similar a la anterior pero en el apartado de las Cortes dispone de dos Cámaras similares a las actuales, Congreso de los Diputados y Senado.

En 1856 se elaboró una Constitución que no fue promulgada y que disponía de 92 artículos y que como principal novedad podemos destacar los títulos dedicados a las Diputaciones Provinciales y a los Ayuntamientos.

El 1 de junio de 1869 entró en vigor una nueva Constitución. Disponía de 112 artículos y dedica títulos a los derechos de los españoles y al funcionamiento de las cámaras parlamentarias y dedica un título a las provincias de Ultramar.

El 17 de julio de 1873, durante el corto período de la I República, fue presentado a Cortes el proyecto de una nueva Constitución, que pudo cambiar la historia, ya que en su título I habla de los diferentes Estados que integran España. No llegó a aprobarse al no durar esta I República ni un año, pero hubiese significado que los diferentes Estados españoles hubiesen recuperado su libertad, sus derechos y su reconocimiento. Constituye sin duda el paso más importante dado desde que en 1700 los Estados españoles perdieron su identidad.

El 30 de junio de 1876 se promulgó una nueva Constitución. Disponía de 89 artículos y no muestra excesivas variaciones con respecto a las últimas Constituciones vigentes.

El 9 de diciembre de 1931 entró en vigor la Constitución de la II República Española que introduce importantes cambios no solo por el cambio de Régimen Político, sino por su propia definición, ya que se define como una República de trabajadores, y si bien sigue sin reconocer los diferentes Estados españoles, si les da la posibilidad de obtener autonomía. Dedica un importante capítulo a las garantías individuales de las personas así como a los principales poderes políticos del Estado.

Aunque fuera de un régimen democrático, durante el franquismo tuvimos las siete leyes fundamentales, entre la que destacamos el Fuero de los Españoles, que habla de sus derechos y la Ley de Cortes que habla de la Organización del Estado.

Y llegamos, por fin, a la actual Constitución, aprobada por los españoles el 6 de diciembre de 1978. Recupera algunos preceptos de la Constitución Republicana, como las garantías individuales, la autonomía de los Estados (no su reconocimiento), así como a la organización territorial del Estado.

Una vez finalizado este artículo sobre las Constituciones Españolas a lo largo de la Historia, y aprovechando que la actual Constitución cumple 30 años, quiero realizar unas reflexiones personales de cara al futuro y de cara a su supervivencia.

30 años son muchos. Es el tiempo más largo de vida de una Constitución en España. Debemos sentirnos orgullosos de ello. Pero una Constitución, para que goce de buena salud, debe de adaptarse a los tiempos y cambiar. No permanecer inmóvil.

La Constitución de los Estados Unidos de América, la más antigua de todas las constituciones, todavía permanece en vigor en dicho país por este motivo, porque ha sabido adaptarse a los tiempos por medio de reformas o enmiendas como dicen ellos.

Hace 30 años, recién salidos de una dictadura, era la mejor Constitución que podíamos tener. Pero después de 30 años, los tiempos son diferentes y hay asuntos pendientes y por tanto tenemos que cambiar, no permanecer inmóviles.

El Estado de las Autonomías surgido de esta Constitución, nunca dejó satisfechos a los vascos, catalanes y gallegos, por no ver reconocidos sus derechos históricos.

Recién salidos de una dictadura unitaria, fue bueno escenificar la indivisibilidad y la unidad de España, como un solo conjunto, pero 30 años después debemos reflexionar, España no es solo una, es varias, es una Confederación de Estados, al igual que lo son los Estados Unidos, Alemania o Suiza por poner ejemplos.

No se planteó a la hora de redactar esta Constitución la Confederación de Estados por la promesa que hizo el rey Juan Carlos I a Francisco Franco de mantener la unidad de España en un solo Estado y por el desconocimiento de Suárez, fruto de la educación Nacional Católica que defendía la España una, grande y libre.

Reconociendo a España como una Confederación de Estados, no peligraría su unidad para nada. Es más, corre más peligro su unidad por la defensa que todavía mantienen algunos sectores conservadores por considerarla un solo Estado. En países como Estados Unidos, Brasil, México, Suiza, Alemania o Austria donde todos los Estados que lo conforman son reconocidos no existe peligro de independencia en ninguno de ellos y en países como Canadá donde Quebec ha celebrado diversos referéndums para la independencia el sentido común les ha llevado a permanecer en la Confederación de Estados Canadienses.

España es una realidad plurinacional y plurilingüe. El derecho a la autodeterminación está reconocido por las Naciones Unidas pero reconocer este derecho a los diversos Estados españoles, no significa que vayan a declarar la independencia, entre otras cosas porque la mayoría de catalanes, vascos y gallegos no son independentistas.

Cataluña nació como Estado alrededor del año 1000. Es por tanto un Estado más antiguo que España, que nació por la unión de los reinos de Aragón y Castilla con motivo de la boda de Fernando e Isabel, los reyes de Aragón y Castilla. 

Cataluña en su tiempo decidió formar parte, primero del reino de Aragón y después de la unión antes citada, del reino de España, y, nos guste o no, tiene derecho a poder decidir si lo creen conveniente, a decidir si quieren seguir formando parte de España o no, pero el sentido común les haría seguir queriendo formar parte de España, entre otras cosas, porque la inmensa mayoría de catalanes no quiere la independencia.

Todo esto si se lo quieren plantear, porque con sus derechos reconocidos, dudo mucho que se lo planteen, al igual que no se lo plantean California, Florida, Baviera, Sajonia o Renania, al tener sus derechos como estado reconocidos.

Esto es un problema que debemos de solucionar en una futura reforma, porque España no es un país homogéneo, es la unión de nacionalidades en un mismo estado.

El café para todos, que muchos tildaron de un fracaso a la hora de elaborar la Constitución, no tiene por qué serlo, respetando a las naciones y a los territorios.

Ramon Trías Fargas declaraba antes de comenzar a elaborar la Constitución que si encontraban comprensión serían solidarios, fraternos y constructivos y ayudarían a levantar la España de todos ya que no son separatistas ni independentistas.

Jordi Pujol en la primera parte de sus memorias también se declara no separatista y no independentista, pero sí se muestra partidario de reconocer la identidad catalana.

Los nacionalistas moderados catalanes han dado buenas muestras de querer avanzar a base de la negociación y el dialogo. No han sido comprendidos por los que todavía mantienen la creencia de que España es un Estado unitario.

Los nacionalistas vascos moderados tampoco son independentistas pero también exigen el derecho a la autodeterminación que no significa la independencia.

Según declaraciones de José Antonio Ardanza el entendimiento con los vascos llegará cuando se diga que España es un Estado plurinacional, que es lo que es, pero si se continua diciendo que es un estado uninacional nunca habrá entendimiento.

La unidad de España debe asentarse en un proyecto que respete la identidad de cada nación que la integra. Debemos recuperar el espíritu que nos llevó a elaborar esta Constitución para poder realizar una profunda reforma.

Nada es intocable y se necesita cambiar la Constitución para avanzar, no para retroceder. En pleno siglo XXI no se puede imponer ni estado unitario, ni bandera ni himno. Debemos llegar a esta Confederación de Estados, que ya fuimos antes de la llegada del primer rey Borbón.

Debemos también consensuar y acordar una bandera y un himno con los cuales todas las naciones de España se sientan identificadas. Hace 30 años mantener bandera e himno actual fue bueno. Pero llegan los tiempos en los cuales debemos buscar también unos símbolos que nos unan a todos.

Quiero finalizar estas reflexiones, con las palabras que escriben Pere Bonnin en el libro que junto con Chales Power analiza la figura de Adolfo Suárez, que son las siguientes, y con las cuales yo también me identifico:

"Voto porque nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos lleguen a superar, mediante un diálogo sosegado e inteligente, los flecos franquistas que dejó la Transición de Suárez. Tal vez algún día podamos congratularnos por haber logrado la España de todos, la España plurinacional y plurilingüe, diversa, rica y laica, en la que cada confesión religiosa goce de los mismos derechos y sirva tan solo para ganar el cielo y no para perseguir herejes o someter voluntades.

Sueño con una España fundada en el imperio de leyes justas, por encima de cualquier privilegio, y en la libre voluntad de participar en el proyecto común de país. De esa España me siento ferviente patriota."


 
PARA AMPLIAR
- Montero, Julio (Editor): “Constituciones y códigos políticos españoles, 1808-1978”, Ariel Practicum, Barcelona, 1998.
ANEXO:
Aunque no lo he consultado, añado aquí otras referencias útiles para profundizar sobre este tema:
- De Esteban, J; García Fernández, J; Espín, E: Esquemas del Constitucionalismo Español, Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, Madrid, 1976.
- Sánchez Agesta, L: Historia del Constitucionalismo Español (1808-1836), Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1984.
- Solé Tura, Jordi; Aja, E: Constituciones y períodos constituyentes en España (1808-1836), Siglo XXI, Madrid, 1977.
- Tomás Villarroya, J: Breve historia del Constitucionalismo Español, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1981.
- Arcenegui, J.J: Síntesis histórica del Constitucionalismo Español, Vermar, Madrid, 1989.
- Peña González, J: Historia política del Constitucionalismo Español, Prensa y Ediciones Iberoamericanas, Madrid, 1995.
- Jiménez Asensio, R: introducción a una historia del Constitucionalismo Español, Tirant lo Blanch, Valencia, 1993.
- Clavero, B: Evolución histórica del Constitucionalismo Español, Tecnos, Madrid, 1984.
- Attard, Emilio: El constitucionalismo español. 1808-1978: ensayo histórico-jurídico, Valencia, 1988.
- Cavero Lataillade, Iñigo: Constitucionalismo histórico en España, Universitas, Madrid, 1995.
- Torres del Moral, A: Constitucionalismo histórico español, Átomo, Madrid, 1986.
- Sevilla Andrés, D: Constituciones y otras leyes y proyectos políticos de España, Madrid, 1969.






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