Rincón de la Poesía

Rosa Omar Mireles Penilla
México



  



 
 

Nuevamente insomnio




Y uno a veces se despierta
ahogándose a las dos de la mañana
sintiéndose estatua de sal,
piedrecillas en las manos de los niños
que juegan a hacer patitos en el agua.
Puedo hablar, gritarle a mamá:
¡Estoy muriendo!
Y un ángel que me mira sólo asiente.
Hay fantasmas que me piden callar
y mi abuelo muerto sonríe y me consuela.
Un infante araña
mi garganta.
Llora y grita resistiendo 
un trago amargo.
Me suplica hoy lo invoque
y susurra el nombre de papá.
Habla de los juegos de domingo
cuando lo ignoro,
de Birdman y del Pájaro loco
cuando protesto,
de los bosques y el árbol de higos
cuando duermo.
Y hay que recordar:
casitas blancas y parques, 
a la señorita Cometa, Remy y Candy,
a mis vuelos desde árboles y bardas.
“¡Papi! ¡Mami!, vamos a jugar”,
grita feliz el niño que llevo en la boca 
y lo devoro.
Ahora no deja de llorar 
desde mi entraña y es de noche.
Los vecinos golpean las paredes,
una vez más a sollozar frente al espejo.
¡Ya, ya! ¡Está bien! Que el niño salga
y pasee.
Es extraño el insomnio en el invierno;
juego a los soldaditos 
como un guerrillero enloquecido
que pierde sus ideales,
hago la tarea de los lunes,
me hinco para orar y sólo lloro; 
recordé que soy un hombre sin zapatos 
y a las siete entro a trabajar.
Amanece y es casi imposible levantarse
en un estado catatónico del alma.
Crisálida seca, oruga indecisa que no 
llegó a dormir a su árbol.
¡No tengo piernas! ¡No tengo manos!
¿Soy un tronco o una tortuga?
Mi ángel autoriza un quimérico epitafio:
“Fue feliz”.












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