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La voz de "Arena y Cal"
CHAPUCEROS
Y GRANUJAS
por
Alfonso Estudillo
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Un profesional es una persona que ejerce su trabajo u oficio, es
decir, su profesión, con relevante capacidad, perfecto conocimiento
de las materias que trata y más que suficiente diligencia y aplicación.
También se le supone voluntad y afán por un
continuado enriquecimiento de su profesión, un alto espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas.
Sin embargo -y creo que en esto podríamos contar todos más
de una experiencia- lo que encontramos a diestro y siniestro son
chapuceros, ineptos, manazas e irresponsables ocupando puestos de
profesionales, ejerciendo como tales y amargándonos la vida y el
bolsillo. Quién no tiene alguna bonita historia con el dentista que le
puso las fundas, los empaste y aquel puente fijo que se llevó tres años
cayéndose cada dos días hasta que terminó por arruinarle la boca por completo. O
la del fontanero que arregló los grifos, y que menos mal que el
seguro se hizo cargo de los daños por la inundación. O la del
mecánico que le cambió la junta de culata y que, después de la
enésima vez de llevarle el coche, acabó con el estupendo coche nuevo
que tuvo Vd. que comprar. O la del albañil, o la de los pintores...
Chapuzas
destacadas, teniendo en cuenta que estamos en España, podríamos
citar miles de ellas. Valga como ejemplo una que se juzga estos días:
la tristísima historia de
los militares muertos en el accidente del Yakovlev 42. Chapuza de las
autoridades españolas de alquilar un avión ex soviético en manos de
una compañía y tripulación ucraniana, en pésimo estado y del que
la mayoría de los militares que tenían que embarcar habían dado sus
quejas por considerarlo una absoluta tartana. Así acabó, con 62
militares muertos, estrellados en el monte Pilav cerca de Trabzon, en el noreste de Turquía.
¿Responsables? Nadie. Chapuza a la que hay que añadirle la de los
encargados de repatriar los cadáveres de los fallecidos. 30 cuerpos
aún por identificar, y como el tiempo acuciaba porque había
previsto un funeral de Estado por las víctimas, el o los responsables
decidieron asignarles una identificación a dedo. Incluso, parece ser
que sobraba un cadáver -o miembros despedazados- y como no quedaban
más nombres para asignar, se repartieron en los distintos ataúdes.
Naturalmente, cuando los familiares supieron del desaguisado, y que
los muertos que les dieron no eran sus seres queridos, recurrieron a los tribunales para, al menos, intentar ponerles un
nombre a los Pepe Gotera y Otilio de turno...
Se podría
seguir con las muchas chapuzas cometidas por políticos,
banqueros, arquitectos, jueces, médicos, cirujanos plásticos, etc., etc., pero como me
temo que no acabaríamos nunca, y por otra parte no quiero aguarles el
día contándoles las barrabasadas de nuestros "profesionales",
permítanme que lo cambie por algo más leve, una anécdota. Y que viene al
caso, porque el Páter Eudorico Rastrillo era uno más en esta
España nuestra de los chapuzas, gremio que suele caminar parejo o
formar unidad con truhanes, pícaros,
granujas, tunantes e irresponsables de todo tipo.
En tiempos
pasados era frecuente que algunos clérigos patearan pueblos y
villorrios pronunciando sus sermones en las
novenas o fiestas patronales a cambio de unas monedas. El Páter Rastrillo
era uno de ellos.
Vivaracho y con buena voz, aunque flojo de voluntad y no muy sobrado de recursos intelectuales,
el único problema que tenía es que sólo se sabía un único sermón, el
cual repetía por donde quiera que iba. Aquella tarde, después
de la prédica y tras pagarles lo acordado, las autoridades le invitaron a que pronunciara otro al
día siguiente. El Páter, amigo de la pela hasta el morir, y que de ninguna manera podía dejar escapar
los dos doblones de oro que le pagaban por el servicio, aceptó sin pensarlo dos veces.
Aquella noche apenas pudo dormir
pensando en cómo resolver el problema. Sin embargo, cuando llegó la
tarde, ya subido al púlpito, se dirigió a los fieles de la siguiente
manera:
- Mis muy
apreciados hermanos: hasta mí han llegado rumores de que algunas
personas malévolas, forasteros sin duda, han comentado públicamente
que en el sermón que pronuncié ayer vertí conceptos y afirmaciones
heréticas y contrarias al dogma de la Santa Madre Iglesia. Nada más
lejos de la realidad. Para
demostrarles la falsedad de tales rumores, y que soy cristiano fiel y
hombre de principios, os voy a repetir íntegro, punto
por punto y palabra por palabra el sermón que os dirigí ayer.
Y les
endilgó de nuevo el único sermón que sabía.
Ética,
vergüenza, pundonor, seriedad, decoro, dignidad, rectitud,
responsabilidad, hombría, conciencia, honestidad, decencia... ¿En
España? No lo busquen. Vean la tele y lean la prensa de estos días
sobre las declaraciones de los responsables de los casos citados más
arriba. Ministros, secretarios y mandos evadiendo toda
responsabilidad, escondidos o callados como las
meretrices. Ningún responsable de tan criminal chapuza. Ninguno con
pelotas
para afrontar su culpa y decir con la cabeza alta: "Yo, yo soy el
culpable, Señoría..."
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